A primeras horas del 25 de octubre de 1944, el segundo día de la gran batalla aeronaval del golfo de Leyte, las unidades kamikaze llevaron a cabo sus primeros ataques a gran escala.

En el mismo momento en el que los portaaviones de escolta y destructores norteamericanos de la Taffy 3 del contraalmirante Sprague libraban un combate desesperado contra el escuadrón naval del almirante Kurita, cinco Zeros kamikaze con escolta de cuatro cazas despegaban de Mabalacat. Los pilotos tuvieron una ceremonia de despedida a la que asistió el propio Onishi. El teniente Seki, líder del grupo, en un gesto de despedida que habría de ser muy recordado como típico del patriotismo kamikaze, entregó en mano a un oficial de estado mayor la suma de dos mil yenes con la petición de que fuesen enviados a Japón y dedicados a la construcción de nuevos aviones.

Sin embargo, no era la primera misión del día. A las 07:40 horas, cuando cuatro de los portaaviones de escolta del contraalmirante Sprague (Taffy 1) lanzaban una oleada de ataque en ayuda de la Taffy 3, a unos 50 kilómetros al norte, seis Zeros de una unidad kamikaze sin identificar (casi seguro pertenecientes al 601.º Grupo Aéreo de Cebú) salieron de la cobertura de nubes justo en su vertical.  

Entre un diluvio de proyectiles antiaéreos, un Zero cargado con una bomba picó casi en vertical contra el USS Santee y se estrelló contra la cubierta, donde abrió un agujero de 42 metros cuadrados que llegaba al hangar inferior. Murieron 17 marineros norteamericanos y otros 47 resultaron heridos. Segundos más tarde, otro Zero que picaba sobre el USS Sangamon estalló en el aire a apenas 400 metros de distancia víctima del fuego antiaéreo de 127 milímetros del USS Suwannee, mientras que el USS Petrof Bay abatía a otro Zero.

A las 08:00 horas, los artilleros del USS Suwannee enfilaron a otro Zero que descubrieron a 2500 metros de altura. El avión japonés picó y logró estrellarse contra la cubierta. Segundos más tarde llegó la explosión de la bomba, que mató a 71 marineros e hirió a otros 82. De forma casi simultánea, el USS Santee resultó también alcanzado por un torpedo del submarino I-56 del teniente Morinaga. Aunque resulta sorprendente, lo más probable es que no hubiese ningún tipo de coordinación entre la marina y la fuerza aérea en este ataque. De hecho, los ataques conjuntos se dieron rara vez, pese a su potencial letalidad.

Pese a la gravedad de las explosiones, tanto el USS Sangamon como el USS Santee habían extinguido sus incendios y parcheado sus cubiertas apenas dos horas más tarde, reanudando las operaciones activas con la fuerza aérea embarcada. A las 10:50 horas llegó al campo de batalla el grupo del teniente Seki y atacó a la Taffy 3, que ya estaba maltrecha por el enfrentamiento que había mantenido con el escuadrón de Kurita, que había logrado hundir al USS Gambier Bay.

Los Zeros fueron descubiertos en su aproximación a baja cota, para evitar la detección por radar, cuando salieron de la Bruma. Una vez fijados sus objetivos, los aviones de Seki iniciaron un pronunciado y veloz ascenso hasta los 1.800 metros para picar a continuación contra los navíos norteamericanos. Uno de los Zeros rozó la cubierta del USS Kitkun Bay por la parte de popa y rebotó cayendo al mar. La explosión de la bomba produjo daños por debajo de la línea de flotación del portaaviones de escolta.

Los artilleros del USS Fanshaw Bay derribaron dos aparatos y el USS White Plains reclamó otro, que se estrelló a muy corta distancia de su superestructura y que hirió a 11 miembros de la tripulación. Otro Zero, dañado por la antiaérea del USS White Plains picó contra el USS St Lo y se estrelló contra su cubierta en la sección central. Los restos llegaron al hangar inferior y la bomba cayó cerca de los depósitos operativos de combustible de aviación. Tras la detonación se produjo una inmensa explosión a las 10:58 que elevó una columna de fuego, humo y fragmentos a 230 metros de altura y, tras arder durante treinta minutos, se hundió con 100 de miembros de su tripulación.

Tres de los cuatro cazas de la escolta de Seki regresaron a su base y comunicaron en hundimiento de un portaaviones y el hundimiento probable de un crucero. Pero la pesadilla no había acabado todavía para la Taffy 3. A las 11:00 horas, una fuerza de unos 15 bombarderos en picado Yokosuka D4Y2 “Judy”, con escolta de Zeros, atacaron a los maltrechos portaaviones. Por fortuna para los norteamericanos, habían logrado poner en el aire una fuerza de aviones Wildcat que dieron buena cuenta de los nuevos incursores, pero que no pudieron evitar que otros tres aparatos japoneses picasen sobre las unidades estadounidenses, que produjeron pequeños daños en el USS Kalinin Bay y el USS Kitkun Bay.

Así acabó el primer día del empleo a gran escala de unidades de “ataque especial” en las Filipinas.

Viene de Viento Divino – El fenómeno Kamikaze japonés (VII). Las primeras salidas en Filipinas

Sigue en Viento Divino – El fenómeno Kamikaze japonés (IX). ¿Voluntarios para la muerte?

  1. Dani says:

    Para esta época la profesionalidad de la Navy era tal, que sus equipos de control de daños literalmente hacían maravillas y por tanto el daño tenía que ser tremendo para destruir realmente.

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