Aquel 8 de diciembre de 1941, en Manila, Mientras Mac Arthur se desesperaba y cedía a la depresión, protegido por los buenos oficios de su jefe de Estado Mayor el general Sutherland,  y el también general Brereton, jefe de las fuerzas aéreas del Ejército en filipinas trataba de conseguir la autorización necesaria para lanzar sus bombarderos contra las bases japonesas en Formosa, estos no habían permanecido ociosos.

Un grupo de G4M Betty volando en formación

Un grupo de G4M Betty volando en formación

A las 8.00 horas, el radar de Iba había detectado una escuadrilla de una treintena de aparatos nipones sobre la isla de Luzón, provocando el despegue precipitado de todos los aviones de la base de Clark, los bombarderos para evitar que fueran sorprendidos en tierra, y los cazas para tratar de interceptar a los incursores. La operación fue un batiburrillo de despegues caóticos y de aviones enviados en todas direcciones mientras los japoneses bombardeaban la base del Ejército estadounidense en Camp John Hay y el pequeño aeródromo de Tugueguarao, ambos en el norte de Luzón.

A las 11.30 todo había vuelto a la normalidad. Los cazas de los escuadrones de persecución 17.º y 20.º habían aterrizado de nuevo en Clark tras haber gastado su combustible, y sus pilotos habían ido a almorzar mientras el personal de tierra los reabastecía, y los del 3.º, en Iba, 21.º en Nichols y 34.º en del Carmen seguían en sus bases a la espera de órdenes; todos ellos ajenos a dos nuevos contactos: uno sobre el golfo de Lingayen dirigiéndose al sureste y otro sobre el centro de Luzón, volando hacia el sur. Nada más conocer la noticia, el comandante Grover ordenó al 3.º Escuadrón de persecución que protegiera el aeródromo de Iba e interceptara a los japoneses que venían del golfo, mientras que el 21.º protegía Clark y se encargaba del otro grupo de aviones japoneses. Eran órdenes bien pensadas, cuya vigencia fue de apenas unos minutos.

El as Saburo Sakai

El as Saburo Sakai

A las 11.45 horas Grover decidió que el objetivo de los nipones era Manila, y ordenó a ambas escuadrillas que se posicionaran sobre la capital filipina para defenderla; añadiendo la 17.º al conjunto. Poco después los estadounidenses tenían una potente fuerza aérea perfectamente desplegada, para proteger Manila, dejando sin defensa tanto Ibo, el lugar en el que se hallaba el radar, como Clark Field, la base aérea aliada más importante de oriente. Parece que el primero en darse cuenta de este error fue el coronel Harold George, jefe del V mando de interceptores, quien de inmediato envió la palabra clave KICKAPOO, que significaba “id a por el enemigo” al comandante Grover. Poco después, el Warhawk del teniente Andrew Krieger escuchó un terrible aviso por radio: “Tally Ho, Clark Field! Tally Ho, Clark Field! All pursuit to Clark, Messerschmitts over Clark!”.

Pero aún era pronto, y cuando los interceptores llegaron a Clark, allí no había japoneses, por lo que siguieron volando hacia Iba dejando de nuevo la base desprotegida. El infierno se desató en torno a las 12.30, dos “V” perfectas, según relataría el sargento Bill King, compuestas por 53 bombarderos bimotores. Disparó tres tiros al aire de inmediato, dando la alarma, pues solo podían ser japoneses. “No tenemos tantos aviones”, razonó. En tierra, los interceptores del 20.º Escuadrón de persecución empezaron a recorrer la pista para despegar… tarde.

OtroMac 5

Un G3M Nell, sobre la pista.

27 Mitsubishi G4M Betty del Grupo aéreo Takao y 26 G3M Nell del 1.er Grupo aéreo de la marina, se abalanzaron sobre Clark protegidos por 34 Mitsubishi A6M Zero del 3.er Grupo aéreo dirigidos por el teniente Sakai Saburo, quien se convertiría en uno de los ases de la caza japonesa de la guerra. Tras el bombardeo, los ataques rasantes y los combates aéreos, los estadounidenses habían perdido la mitad de su fuerza de bombardeo, y 35 cazas. Un resultado devastador, pero las cosas aún iban a empeorar.

Entretanto, 26 Betty del Grupo aéreo Kanoya y 27 Nell del Grupo aéreo Takao, escoltados por 51 Zero, el segundo de los grupos detectados, estaban atacando el aeródromo de Iba. Para entonces los aviones del 3.er Grupo de persecución estaban volviendo a su base casi sin combustible, y tuvieron que apañárselas para enfrentarse a la amenaza como pudieran. No lo hicieron mal pues consiguieron derribar varios aparatos nipones e impedir que ametrallaran las pistas, pero al final cinco P-40 fueron derribados y tres se estrellaron al tratar de aterrizar, solo dos se salvaron; y lo que es peor, los nipones habían destruido el radar.

Clark Field, después del ataque.

Clark Field, después del ataque.

El resultado final de aquel único golpe doble fue la destrucción del potencial de ataque aéreo norteamericano en el pacífico, al que solo le quedaban 18 B-17, y una merma importante de su poder defensivo, sin radar y con tan solo 45 P-40 en condiciones de combatir. Compárese esta cifra con los 400 aviones de que disponían los nipones, y la distancia que separaba a unos y otros de sus bases, y no cabe duda de que las filipinas estaban perdidas.

  1. Dani says:

    Interesante, yo pensaba que los habían pillado a todos en tierra al no tomar el general la orden de atacar Taiwan. Pero en realidad dar esa orden tampoco creo que hubiera mejorado mucho la situación, ya que los planes para atacar los aeropuertos japoneses en esa isla era solo elementales, y hubiera sido un ataque a ciegas y sin muchas posibilidades de éxito.
    Quizás lo que debieron hacer es redesplegarse en pequeños grupos (dispersión) y así haber alargado la resistencia.

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