Seguimos recuperando la crónica de Vasili Subbotin en el frente del Óder durante el primer día de la batalla hacia Berlín. El tono no puede ser más distendido, es como si no estuviera sucediendo nada realmente importante.

El general Perevertkin. Fueron sus tropas las que asaltaron el Reichstag

“Buscando información, y a mis amigos, pasé por posiciones de combate y puestos de observación, me encontré con artilleros e infantes y también fue a los servicios de retaguardia. Inesperadamente, me encontré, en un tramo de trinchera, con un general. Estaba allí de pie, mirando por los prismáticos. Me miró brevemente. Tenía un pelo negro y denso bajo la gorra. Era joven. No lo reconocí, tal vez porque llevaba camuflaje sobre la gorra y porque llevaba una chaqueta de uniforme más oscura. Era el comandante del cuerpo [se trataba de S. N. Perevertkin, comandante en jefe del LXXIX Cuerpo de Ejército]. No le di novedades, pues no quería presentarme. El general tampoco parecía esperarlo y, silenciosamente, volvió a levantar los prismáticos para seguir mirando por ellos. Continué”

“Seguí perdiéndome por entre las trincheras inundadas. De verdad que eran demasiado poco profundas como para dar refugio. Entonces me topé con un refugio. La entrada estaba malamente cubierta con una media tienda de campaña cubierta de barro. Curioso, miré en el interior. Dentro estaba sentado un comandante regimental, un teniente coronel alto y delgado. Estaba agachado para evitar chocar contra el techo con la cabeza. Además, había dos soldados en el refugio: un operador de radio y una chica proveniente del puesto médico o de la cocina de campaña [probablemente fuera una esposa de campaña]”.

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Estos soldados están sacando una pieza de artillería del agua, en la orilla del Óder

“Sin duda, no había llegado en buen momento. El teniente coronel, sujetando la pipa con el puño, gritaba: ‘espera, ¡espera un minuto!’ De repente, alzó la voz ‘¿Cuántos? ¡contesta con calma! ¿Dónde? ¿Izquierda? ¿Derecha?… ¿treinta y dos?’ Allí fuera, los tanques estaban atacando. El teniente coronel se obligó a calmarse antes de contestar: ‘Treinta y dos tanques, eso no es un asunto cualquiera’. Entonces se produjo una pausa, y después escuchamos una voz proveniente del receptor de radio que decía: ‘Treinta y dos no, cuatro’. ‘¡Gracias a Dios!’ dijo el comandante, ‘¡ocho veces menos!’ y se rio.

“Le pregunté por el camino al batallón. Se suponía que su sargento mayor iba a ir para allá, pero no estaba disponible en ese momento. Tenía que encontrar el camino hasta el organizador del Komsomol, que conocía el camino. Lo encontré en una trinchera cerca del refugio del comandante regimental. Estaba durmiendo. Cuando lo desperté, me miró de manera poco amistosa y empezó a empaquetar sus cosas. ‘¿Qué estás haciendo aquí?’ le pregunté, dándome cuenta inmediatamente de que no tenía derecho a hacerle esa pregunta. ‘Tuve que retirar a los muertos’ me contestó. Y luego siguió diciendo que no había dormido en toda la noche. Partimos. ‘Está muy cerca’ dijo”.

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Puente soviético sobre el Óder

“Seguimos por una trinchera. Cuando terminó, tuvimos que cruzar campo abierto. Había unas alturas a nuestra izquierda [probablemente se refiere a los altos de Seelow, donde estaba la posición principal alemana]. Las balas silbaban muy fuerte. No podíamos avanzar derechos. Mi escolta no sabía por dónde ir, había perdido el sentido de la orientación. Para mí, era obvio que habíamos vuelto a la orilla del río. Se lo dije. Me contradijo justificándose, y hablando tanto que al final no sabía si de verdad conocía el camino o no. Llegamos a una zanja inundada, una especie de canal. No teníamos ningún deseo de meternos en el agua fría de primavera, sobre todo porque no sabíamos lo profundo que era. Tal vez el agua nos llegaría hasta el cuello, tal vez no haríamos pie. Así pues, caminamos por la orilla siguiendo un estrecho sendero bajo la vegetación, con cuidado de no resbalar. Nos deteníamos a menudo para coger aliento. Era difícil no caerse al agua y no levantar demasiado la cabeza. En cuanto estas se hacían visibles por encima de los setos, crepitaba una ametralladora”.

  1. Dani says:

    En fin, los periodistas de cualquier país siempre dando por c….o jajajjajja
    Pero a los sovieticos siempre se les dio bien la propaganda.

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