El 15 de febrero de 1944 el infierno decidió derrumbarse repentinamente sobre uno de los lugares más venerables, hermosos y santos de Europa. Una impresionante armada aérea fue enviada sobre la vertical del Monasterio de Monte Cassino, fundado en el año 529 por San Benito.

Tras el brutal ataque sólo quedó del monasterio un montón de ruinas. Uno de los lugares más hermosos de la cristiandad y de la cultura europea y mundial había dejado de existir. ¿Cuáles fueron las circunstancias que llevaron a que esto sucediera? ¿Quiénes fueron los responsables? ¿Estuvo justificado?

La Abadía de Monte Cassino, en la actualidad.

En febrero de 1944 se estaba librando en Europa la guerra más terrible que el mundo había conocido. Un solo país, la Alemania dirigida por los nazis, se batía contra medio mundo, y a pesar de que estaba siendo derrotada, disputaba cada metro de terreno con terrible determinación. En el frente oriental los rusos habían derrotado a las fuerzas armadas alemanas en Kursk el verano anterior, y avanzaban decididamente hacia el oeste preparando lo que sería, probablemente, la más importante operación terrestre hasta la fecha: el plan Bagration. En occidente los aliados estadounidenses, británicos y en menor medida la Francia libre, así como muchos otros, habían conseguido liberar el norte de África, tomar Sicilia y desembarcar en Italia continental, avanzando hasta la línea “Gustav”, la última barrera alemana antes de Roma. Mientras, estaban preparando el asalto definitivo contra la “Festung Europa”, el desembarco de Normandía.

En Italia, que era considerado un frente secundario, se desplegaban dos ejércitos. A la derecha el 8º Ejército, veterano del norte de África, y a la izquierda el 5º Ejército del General Mark Clark.

A finales de enero se había lanzado el primer asalto contra la línea “Gustav”. El resultado había sido un costoso fracaso. La línea  seguía intacta. Para romperla se pensó entonces en preparar un nuevo asalto, que correría a cargo de dos divisiones veteranas del 8º Ejército, desplazadas para la tarea al área de operaciones del 5º de Mark Clark. Se trataba de la 2ª División Neocelandesa y de la 4ª División India.

El General Freyberg, a quien a menudo se ha achacado haber pedido el bombardeo.

El primero al que no hizo ninguna gracia este asunto fue al propio Mark Clark, que opinaba de ellos, en especial de los neocelandeses que “Reclutadas en los dominios, son tropas muy celosas de sus prerrogativas y comandarlas es muy delicado incluso para los británicos. Siempre han sido objeto de atenciones particulares, desconocidas por nuestras propias tropas” **. ¿Cómo era esto? Durante la segunda guerra mundial el ejército británico desplegó, junto a tropas provenientes del Reino Unido, tropas originarias de los dominios: Canadá, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. Estos dominios, si bien supeditados en parte al gobierno británico, tenían sus propios gobiernos. A lo largo de la campaña de África había surgido, en más de una ocasión, la cuestión de si los ingleses no habían arriesgado en mayor medida las tropas de los dominios que las propias. Estas acusaciones habían causada airadas protestas de algunos de los gobiernos de los dominios, entre otros el de Nueva Zelanda, que durante la anterior guerra mundial había sido el que había sufrido la mayor proporción de bajas con respecto a la población masculina en edad militar de todos los aliados occidentales, lo que hacía que fueran muy sensibles a las bajas.

Por ello las tropas neocelandesas iban a resultar difíciles de manejar, y su comandante en jefe, el General Sir Bernard Freyberg, lo pondría aún peor.

Freyberg era un héroe nacional en su país. Había combatido en la guerra civil mexicana y después en las trincheras durante la primera guerra mundial, donde había sido herido nada menos que nueve veces y ganado la Cruz Victoria. Como podemos ver era pues un hombre experimentado en la guerra, a lo que había que unir su combatividad, su fuerte voluntad y un gran sentido patriótico, todo ello contrapesado por, al decir de algunos de sus contemporáneos, una escasa inteligencia. Como militar, en opinión del Mariscal Alanbrooke, era demasiado sensible a las bajas, herencia de su paso por las trincheras. Su mando tenía también un matiz político porque era el representante oficioso de su gobierno en el frente europeo, ya que la suya era la única fuerza neocelandesa en esta zona del mundo, lo que le permitía hablar de tu a tu incluso con sus superiores, siempre esgrimiendo la amenaza de que su gobierno le ordenara retirar sus tropas de la línea de combate.

Tropas neocelandesas en Italia. Eran conocidos con el sobrenombre de «Kiwis».

Mark Clark opinó de él que “Freyberg era una Prima Donna, que debía ser manipulada con guantes, con habilidad y delicadeza” **. Acertadas palabras en parte, sobre todo si tenemos en cuenta que Clark no tenía ni la experiencia, ni la veteranía, ni el carácter necesarios para callar a Freyberg. A esto hay que añadir que uno de los grandes defectos de carácter de Clark es que era un general con una intensa preocupación por lo mediático. Allá a donde se desplazaba solía ir acompañado por toda una cohorte de fotógrafos y reporteros, siempre dispuestos a narrar lo que sucedía en su frente. Incluso había dado instrucciones de que al referirse al ejército que mandaba había que hablar siempre del 5º Ejército del General Mark Clark, asegurándose que su nombre estuviera constantemente en boca de todos.

Así pues se enfrentaban edad, experiencia e influencia en un héroe nacional contra juventud, inexperiencia y escasa prominencia en un hombre que quería convertirse en un héroe nacional siendo el primero en conquistar una capital enemiga durante la guerra: Roma.

El General Tuker fue el hombre que realmente lo solicitó.

En febrero el Cuerpo de Ejército Neocelandés, formado por la 2ª División Neocelandesa y la 4ª División India, con la 78ª Británica en reserva, recibió la misión de romper la línea “Gustav” por Monte Cassino; y el general Freyberg, quien fue puesto al mando del mismo, decidió hacerlo ejecutando un asalto directo. Un plana al que iba a oponerse el General Tuker, comandante en jefe de la 4ª Div. India.

Sigue en El Bombardeo de la Abadía de Cassino (2) – No dañar la abadía pero sí los monumentos

  1. dani says:

    Los franceses siempre alegan que con un poco más de apoyo la primera vez que estuvieron cerca, habrían roto la línea. Los franceses acusaban a británicos y yankees de no tener ni idea de guerra de montaña, guerra en la que ellos se consideraban expertos.

  2. Javier Veramendi B says:

    Efectivamente, el General Juin fue bastante crítico con sus aliados, no tanto porque no lo apoyaran; la primera ofensiva francesa se llevó a cabo con dos divisiones y ambas acabaron muy agotadas, sino porque la mayoría de sus ataques fueron asaltos frontales a los que él no veía sentido.

    Los franceses desplegaron en Italia cuatro divisiones: la 2ª Marroquí, la 3ª Argelina, la 1ª Francesa libre y la 4ª Marroquí de Montaña. Los componentes de las dos primeras y la última fueron, al 60%, soldados nativos del norte de África, muchos de ellos provenientes de las zonas montañosas del Atlas, lo que facilitaba que supieran moverse con habilidad por este tipo de terreno. Además, las divisiones francesas dependieron para su equipamiento del material comprado a los estadounidenses en virtud de los acuerdos de Anfa; y estos, lógicamente, no los pusieron en el primer lugar de su lista de prioridades. En consecuencia fueron unidades menos motorizadas (salvo la 1ª división) y suplieron su falta de camiones con compañías de muleros, ideales, por otro lado, para las operaciones en montaña.

    Finalmente, fueron los franceses quienes rompieron la linea Gustav, en Mayo del 44, cruzando a través del Macizo de los Aurunci a toda velocidad y desbaratando el sistema defensivo alemán.

    Un saludo.

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