Dentro de la historia militar, hay algunas batallas, no muchas, que por alguna razón han acabado, a lo largo de los años, acaparando la atención tanto de los más serios historiadores como del gran público, pero es difícil determinar cuáles son los motivos de que esto sea así. ¿Por qué se habla más de Kursk (1943) que de Gembloux (1940)? ¿Por qué nos resulta más interesante Las Navas de Tolosa (1212) que Muret (1213)? Y, finalmente, ¿por qué tan pocos hablan de Chickamauga y todo el mundo se acuerda de Gettysburg?

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Esta última batalla se ha convertido, precisamente, tanto en uno de los iconos de la historia como en un paradigma de las batallas que pasan a la memoria colectiva. Algunos de los motivos son evidentes: ha pasado a la fama como el momento álgido de los ejércitos confederados; fue la batalla que pudo dar la independencia al Sur; supuso la derrota de Robert E. Lee, considerado como el general más capaz de aquella contienda; duró tres días, 1, 2 y 3 de julio de 1863, y hubo combates que pudieron decantar la victoria a favor de cualquiera de los dos contendientes; y tuvo momentos de increíble heroísmo, como el de aquellos 12 500 confederados que cruzaron el llano para lanzar el último asalto de aquella increíble jornada. Motivos evidentes, decíamos, ¿pero son realmente tan importantes?

Hay historiadores que han argumentado, con bastante fundamento, la imposibilidad de que una victoria confederada en aquel campo de batalla de Pensilvania hubiera llegado a cambiar las cosas. ¿Qué hubieran hecho los confederados tras esta victoria? Desde luego no conquistar Washington, demasiado bien protegida, ni Baltimore, donde en seguida se hubieran visto aislados. Como ya escribió Archer Jones, la gran opción confederada era que la población del Norte se hartara de guerra, y cabe preguntarse hasta qué punto era posible lograr este objetivo mediante una invasión.

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 También se ha puesto en jaque a la figura de Lee. ¿El mejor general? Esta batalla fue sin duda uno de sus momentos más bajos, y lo derroto un hombre que acababa había tomado el mando de su ejército apenas unos pocos días antes. Llegados a este punto, casi podríamos decir que en Gettysburg hubo dos batallas seguidas. Una el 1 de julio, cuando tropas de ambos ejércitos se encontraron sin que sus comandantes en jefe llegaran a tomar decisión alguna; y otra el 2 y el 3, cuando estos planificaron por fin lo que querían intentar, y tuvo lugar una batalla en regla.

Pero ya que hablamos de los tres días, también es importante puntualizar que no fueron tres jornadas de lucha constante, sino que hubo muchas pausas y, por ejemplo, no se combatió ni durante la mañana del segundo día ni durante buena parte del tercero.

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Por otro lado, Gettysburg fue una batalla de percepciones en lo que a la victoria se refiere. El primer lo ganaron, qué duda cabe, los confederados, pero el general Richard Ewell no llegó a apuntillar a los federales, que aunque comprendieron que se habían llevado una buena paliza, decidieron que aún tenían posibilidades en aquel campo de batalla. Los puntos de vista sobre el segundo son aún más dispares. Lee consideró que había ganado la jornada, Meade, el general federal, también; y ambos decidieron quedarse para seguir al día siguiente. Fue el 3 de julio cuando, tras dos días de victorias, el sur tuvo que asumir la derrota; y cuando tras dos días de resistencia, el norte fue incapaz de darse cuenta de que habían ganado.

Finalmente y en lo que al heroísmo se refiere, es imposible no referirse a aquella carga final, ejecutada por las divisiones confederadas de Pickett, Pettigrew y Trimble (e injustamente llamada “carga de Pickett”), y repelida por los regimientos de la Unión situados en cemetery Ridge. No solo fueron valientes los que cargaron, sino también los que, firmes y sin temor, esperaron su llegada.

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Sin embargo, y tras desgranar todos estos motivos por los que Gettysburg es una batalla famosa, me atrevería a decir que en realidad pocos la conocen en profundidad, ya que es una batalla que aún está siendo reinterpretada por la historiografía. Los conflictos entre generales, el mito de la oportunidad perdida, el conocimiento real que tenemos de lo que sucedió, las invenciones y discusiones que posteriormente protagonizaron los participantes a la hora de repartir medallas y derrotas… además de McPherson’s Ridge, Cemetery Hill, Peach Orchard, Little Round Top, Culp’s Hill y muchos, muchos otros lugares; todos ellos son temas apasionantes, y la mayoría los presenta, precisamente, esta nueva entrega de la revista Desperta Ferro Historia Moderna: Gettysburg 1863.

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