Continuamos con el análisis del documento de 1817 que preveía las disposiciones para una guerra inminente con Estados Unidos y la transcripción del documento mismo.

El 18 de junio de 1812 estalló la guerra entre los Estados Unidos e Inglaterra , tras la declaración de guerra Madison pensó que los puertos de Mobile, Panzacola y San Agustín podrían caer en manos de los ingleses, en esos momentos aliados de España en la lucha contra Francia, y pidió permiso al Congreso para ocuparlos. La propuesta fue aceptada en enero de 1813 y se procedió a ocupar toda la parte de Florida al oeste del Rio Perdido. De este modo en marzo de 1813 el general Wilkinson por orden del Secretario de Guerra John Armstrong ocupó finalmente Mobile.

A raíz de estas acciones de los americanos en España se reunió el Consejo de Estado para decidir si declararle la guerra a los Estados Unidos, el 5 de diciembre de 1813 se decidió que se continuasen las negociaciones, aunque para ello fuera necesario hostilizar a los americanos. Se ordenó al Virrey de México y al Capitán General de Cuba que tratasen de crear una escuadra capaz de frenar a los americanos, sin embargo el 2 de junio de 1814 el Capitán General de Cuba contestaba que no existía la posibilidad de reunir no sostener dicha escuadra, siendo por tanto imposible acometer lo ordenado. En mayo de 1814 el general Andrew Jackson llegaría a ocupar por tres días la plaza de Pensacola aunque después sus fuerzas la abandonaron.

La guerra anglo-estadounidense de 1812 finalizó con la firma del Tratado de Gante el 24 de diciembre de 1814. Por este tratado ambas partes acordaron evacuar las plazas que habían ocupado en las Floridas, sin embargo para entonces toda la Florida al Oeste del Rio Perdido formaba ya parte de los Estados Unidos.[1] Al menos estos para cumplir con el tratado y evitar nuevos conflictos rompieron con todos los vínculos que les unían a los insurgentes americanos que pululaban por la Florida, acabando así con las rebeliones. A estas alturas los americanos ya tenían bajo su control la Florida occidental y ahora el siguiente paso era la oriental.

En marzo de 1817 Madison la pasó la presidencia de los Estados Unidos a Monroe sin que la anexión de la Florida se hubiese realizado aún. Sin embargo en ese mismo año se produciría un nuevo incidente en la Florida oriental.

Este incidente se produjo con la llegada a Washington en 1817 de Gregor McGregor, un escocés, al servicio revolucionario de Venezuela, quien llegó allí para alistar gente con la idea de tomar la isla Amalia. McGregor era un aventurero, veterano de las revoluciones antiespañolas de América del Sur. Al llegar a Washington propuso al embajador británico que le ayudase en la independencia de las Américas y la Florida, sin embargo este lo rechazó debido a que Inglaterra era aliada de España. Al no encontrar ningún tipo de ayuda en Washington, en junio se marchó a las Carolinas y a Georgia buscando gente que le acompañase en su empresa, logrando el apoyo de muchos ciudadanos americanos en su proyecto contra la Florida oriental.[2]

El 30 de junio McGregor tomó la isla Amalia, con el consentimiento de los americanos a sus planes. El Comandante de la isla se rindió a McGregor sin disparar un tiro, creyendo que las fuerzas de este eran superiores a lo que realmente eran. McGregor puso su bandera en Fernandina e hizo una proclama llena de promesas de libertad, aseguró que las Floridas serían pronto liberadas de la tiranía y posteriormente toda América del Sur. McGregor estableció de este modo un centro para sus actividades corsarias. El puerto de Fernandina era de gran importancia para los piratas y contrabandistas debido a su cercanía a los Estados Unidos, lo que les permitía navegar impunemente bajo las banderas de las repúblicas nacientes como México, Venezuela o Buenos Aires. McGregor se embarcó para ir a Virginia con la intención de reclutar más gente para lanzar un ataque contra el resto de posesiones españolas en la Florida. Sin embargo sería los mismos Estados Unidos los que pondrían fin a las correrías del escocés.

Esto se produjo debido a que McGregor llamó a su lado a muchos rebeldes y corsarios, siendo uno de ellos el francés Aury (un corsario del gobierno revolucionario de México), cuando McGregor marchó para reclutar gente quedó Aury al frente de estos piratas y el día 21 de septiembre de 1817 se proclamó jefe de Fernandina y anexionó Isla Amalia a la República de México. Esta situación ya no podía ser permitida por los Estados Unidos, que veían con buenos ojos todas aquellas expediciones dispuestas a arrebatar territorios a España, sin embargo no estaban en absoluto dispuestos a permitir ningún cambio en la soberanía de la región, por mucho que fuese a favor de una de las nuevas repúblicas. A esto se sumaba que Aury no pretendía conquistar la Florida para los Estados Unidos si no para su propio engrandecimiento, es por esto que el presidente Monroe ordenó que la isla fuese tomado, lo que se llevó a cabo el día 24 de diciembre de 1817 pasando a ser definitivamente territorio estadounidense.[3]

Como hemos visto esta era la complicada situación de constantes amenazas y tensiones que se vivía en la Florida cuando nuestro documento fue escrito en 1817. Sin embargo hemos de destacar también la figura de Don Luis de Onís, mencionada en el documento. Luis de Onís nació en Cantalapiedra (Salamanca) en 1762, estudió leyes en Salamanca y en 1780 acompañó a su tío, José de Onís, por entonces embajador en Sajonia. A los cuatro años regresó su tío a España, dejándole allí como Encargado de Negocios, donde permaneció ocupando ese cargo diez años. En 1798 regresó a España, al ser nombrado oficial del Ministerio de Estado en Madrid, donde se especializó en los asuntos diplomáticos relacionados con Francia. Su figura es importante puesto que en 1809 Onís fue nombrado ministro plenipotenciario de España en los Estados Unidos. Allí su misión era tratar todas las disputas que surgiesen entre ambos países y tratar de conservar las posesiones españolas resistiendo a las presiones de los Estados Unidos. Sin embargo al llegar allí no fue reconocido por el gobierno americano alegando que su nación se encontraba en un estado de guerra, de este modo permaneció en los Estados Unidos hasta que finalmente le fue reconocido en 1815 su estatus. Su labor como representante de España en los Estados Unidos fue de gran importancia puesto que siempre trató de frenar los intereses americanos (presentando constantes quejas y reclamaciones), favoreció el comercio con los americanos para poder sostener las posesiones españolas debido a la incomunicación con la metrópoli, reorganizó el sistema diplomático, informó constantemente a los gobernadores y capitanes generales de las Floridas y La Habana de las decisiones y planes de los americanos,…

La labor de Onís fue de gran importancia para tratar de evitar lo inevitable. Solamente era cuestión de tiempo que el débil poder español, sumido en el desorden y la impotencia, fuese sustituido por otro poder más fuerte. En este caso el relevo fue tomado por los Estados Unidos cuyas ansias expansivas le llevarían a hacerse finalmente con los territorios de la Florida en 1819, año en que España cedió definitivamente la Florida a los Estados Unidos tras la firma el 22 de febrero de 1819 del famoso Tratado Adams-Onís, entre nuestro hombre y John Quincy Adams, secretario de Estado norteamericano. Sin embargo Onís trató de sacar siempre beneficios para España hasta el final y si bien es cierto que con el tratado se cedían definitivamente las Floridas, a cambio ambos países acordaron que Texas le pertenecía exclusivamente a España, protegiéndose así las fronteras de la Nueva España. Posteriormente Onís continuaría su labor como embajador en Nápoles y en Londres, falleciendo en 1827.[4]

Mapa en el que se muestra la distribución de los territorios tras la firma en 1819 del Tratado Adams-Onís.

Documento

Muy reservado.

Exmo Señor.

En consecuencia de lo acordado por el Consejo de Estado relativamente a las instrucciones que devian despacharse a D. Luis de Onis para que le sirviesen de norma en el tratado que está negociando con los Estados Unidos, se extendieron aquellas al tenor y con las restricciones convenidas en dicho Consejo.

No tardaron mucho tiempo en confirmarse los recelos que con fundadas razones tenia yo de lo poco que la España devia esperar de la cooperación de la Inglaterra y de la Francia a su favor en las discusiones pendientes con los Estados Unidos. Las respuestas de ambas potencias a las comunicaciones que se las hicieron por nuestra parte para interesarlas en el asunto no dejan duda de la tibieza con que lo miran y quitan toda esperanza de que encontremos en ellas el apoyo que necesitamos en esta negociación, de cuyo éxito pende acaso la conservación de nuestras Americas.

Apenas se habían remitido a D. Luis de Onis las citadas instrucciones quando cada día se fue descubriendo con mas claridad la insuficiencia de las facultades que se le habían dado para contener el inminente peligro de una guerra desoladora con los Angloamericanos. En semejantes y tan imperiosas circunstancias he creido de mi dever llamar toda la atención del Rey nuestro Señor sobre el estado critico del asunto, y S. M. penetrado de su urgencia y conmovido con la idea de un funesto y transcendental rompimiento, me ha mandado comunicar a todos los Ministerios con la mayor reserva y premura:

  1. La posibilidad de una próxima guerra con los Estados Unidos, si las nuevas medidas politicas que S.M. ha tomado por el Ministerio de mi cargo no surten el efecto deseado.
  2. Que esta guerra tendrá por primeros efectos el reconocimiento por los Estados Unidos de los Gobiernos insurgentes de America, expediciones de toda especie de otros Estados contra las Provincias internas de Nueva España; la total ocupación de las floridas; un ataque temible y vigoroso sobre la Isla preciosa de Cuba.
  3. Que para hacer frente a estas hostilidades conviene que se avise con tiempo a los jefes de las Provincias del Rey en America para que tomen aquellas medidas que crean mas oportunas para la defensa abierta en caso hostil, y para preservar los mismos de las asechanzas de seduccion y usurpacion simuladas, vigilando sobre las fronteras, y con particularidad las de Nueva España. Mas esto deverán hacerlo con discreción y sin alarmas indiscretas e impolíticas que anticipan y emperan el mal, en lugar de prevenirlo y resistirlo.
  4. Que siendo la Isla de Cuba una posesión de primer orden por su utilidad e importancia política y militar en America, quiere S.M. que por todos los Ministerios se tomen las providencias posibles para ponerla a cubierto de un ataque, deviendose tener presente para esto que ademas de los medios directos son de necesidad los de atraerse y fijar cada vez mas los animos de aquellos naturales con medidas saludables que les hagan conocer las ventajas de vivir bajo la administración ilustrada del Rey Nuestro Señor.
  5. Que la expedición de M´. Gregor amenaza toda la Florida Oriental habiendo ocupado la Isla Amalia, pues solo queda allí al Rey como punto defendible San Agustín que probablemente seria uno de los primeros objetos de ataque de los angloamericanos, y que puede acaso no estar provisto y en términos de sostener un sitio.
  6. Que en el caso de dicha guerra uno de los peligros que amenazarían a la Isla de Cuba, además de los ataques directos, seria el de privarla de poder recibir armas y otros objetos de primera necesidad, sobre lo qual deben tenerse abiertos los ojos, para proporcionar anticipadamente aquellas provisiones que pide una sabia previsión, sea por acopios, por banderas neutrales u otros medios.
  7. Que los mares no solo de America sino de Europa se poblarían en otro caso de corsarios que extinguirian el poco comercio que hoy subsiste en medio de la plaga asoladora de piratas.
  8. Que como los conatos principales del Rey se dirigen a alejar y precaver si es posible tantos males, se halla penetrado de la gran conveniencia y urgente necesidad de que el Ministro de S.M. en los Estados Unidos en tan críticos momentos este provisto de caudales. Con ellos podrá adquirir la razón un ascendiente útil en las defensiones, que desnuda no lograría seguramente: Con ellos se salvarán en los tribunales de aquel Pais muchas presas de la rapacidad de los Piratas: Con ellos se darán y tendrán avisos seguros y oportunos de quanto ocurra para anticipar las providencias.
  9. M.

El Rey Nuestro Señor me ha mandado recomendar tan urgente como eficazmente todos estos puntos a la prudencia de Ud. para que con anticipación les dé la aplicación, extensión y uso que reclaman las circunstancias, y el contacto intimo que tiene un suceso como el de que se trata con todas nuestras relaciones políticas en las Americas insurreccionadas, y en las pacificas, cuyos peligros se aumentan y multiplican, asi como en las limítrofes a las nuestras.

Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años.

Madrid 3 de Noviembre de 1817.

José Pizarro

Sr. Secº del Despacho de Gracia y Justicia.

Bibliografía

Cardelús, Borja. La Florida española. Madrid: Centro de Cultura Iberoamericana: Polifemo, 2013.

Cebrián González, Carmen. Cambio y permanencia: La Florida española, 1783-1821. Cádiz: Diputación Provincial de Cádiz, Servicio de Publicaciones, 1999.

Galeana de Valadés, Patricia. Historia comparada de las Américas: sus procesos independentistas. México: Siglo XXI, 2010.

Guerra, Ramiro. La expansión territorial de los Estados Unidos a expensas de España y de los países Hispanoamericanos. La Habana: Edit. de Ciencias Sociales, 1975.

Martín de Balmaseda, Fermín. Decretos del rey don Fernando VII: año cuarto de su restitución al trono de las Españas. Se refieren todas las reales resoluciones generales que se han expedido por los diferentes ministerios y consejos en todo el año de 1817, Volumen 4. Madrid: Imprenta Real, 1818.

Onis, Luis de. Memoria sobre las negociaciones entre España y los Estados Unidos de América. Madrid: José Porrúa Turanzas, 1969.

Rivera, Agustín. Principios críticos sobre el Virreinato de la Nueva España y sobre la Revolución de Independencia. México: Comisión Nacional para las Conmemoraciones Cívicas de 1963, 1963.

Ruiz Rodríguez, José Ignacio. La formación de las fronteras estadounidenses en la américa española. Madrid: Dykinson, 2013.

Sánchez Andrés, Agustín. La independencia de México, 1810-1821. Madrid: Arco/Libros, 2011.

Sánchez-Fabres Mirat, Elena. Situación histórica de las Floridas en la segunda mitad del siglo XVIII (1783-1819): los problemas de una región de frontera.
Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores, Dirección General de Relaciones Culturales, 1977.

Tornero Tinajero, Pablo. Relaciones de dependencia entre Florida y Estados Unidos: (1783-1820). Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores. Dirección General de Relaciones Culturales, 1979.

[1] Tornero Tinajero, Pablo. Relaciones de dependencia entre Florida y Estados Unidos: (1783-1820). Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores. Dirección General de Relaciones Culturales, 1979, pág. 123.

[2] Cardelús, Borja. Ob. cit. Pág. 254.

[3] Sánchez-Fabres Mirat, Elena. Ob. cit. Págs.291-293.

[4] Onis, Luis de. Ob. cit. Págs. XVI- XIX.

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