La entrada de hoy narrará el bautismo de fuego que tuvo esta curtida unidad alemana en los campos de batalla de Normandía.

Formado en Neuruppin en Abril de 1942, a pesar de ser denominado “pesado” el “abteilung” fue equipado con Panzer III N. Al final del año, ya debidamente dotado, parte para la zona sur del frente del este, donde se distinguirá en el sector de Kursk. Pasarán diecisiete meses de batallas casi continuas antes de que la unidad, con un palmarés impresionante y convertida en uno de los “abteilung” más veteranos de la panzerwaffe, pueda volver a Alemania para descansar y re equiparse. Allí lo sorprenderá el desembarco de Normandía. Esta circunstancia acortará el descanso, pero no limitará la llegada del material. El 30 de Junio, cuando parte hacia Francia, lo hace con doce Tigre II y dos Tigre I en su 1ª Compañía, y 33 Tigre I más repartidos entre las otras dos y la compañía de mando. Un lujo.

El traslado, por el torturado sistema ferroviario franco-alemán (merced a los bombardeos y a algunas acciones de la resistencia francesa), fue largo, llegando a Dreux el 5 de julio. Desde allí, circulando exclusivamente de noche, tardaron cuatro días más en llegar al Castillo de Canteloup, a unos 16 Km al E de Caen. El día 11 entra en acción la 3ª Compañía, atacando hacia Colombelles junto con granaderos de la 21 División Panzer, destruyendo 11 Sherman del 148th RAC Regiment y capturando varias piezas antitanque 17 pounder del 61st Anti Tank Regiment (ambas unidades formaban parte de la 51st Highland Infantry Division Británica) sin sufrir una sola baja. Tras esta acción toda la unidad se reagrupará en el “Acaballadero de Manneville”, donde disfrutarán de unos cuantos días de descanso mientras el frente permanece estático.

Cráteres de aviación

Hasta que a las 05:35 del 18 de julio se desató el infierno. La impresionante ofensiva aérea previa a la Operación Goodwood, que desplegó unos 2.000 bombarderos pesados y 2.500 bombarderos medios dejó el terreno en tal estado que tales acciones fueron conocidas desde entonces como “cratering” (por cráter). En concreto el sector en que se agazapaban nuestros carros, identificado como el subsector de Manneville en la Zona H, recibió la atención exclusiva de 230 bombarderos. La 3ª Compañía fue la más dañada. A modo de ejemplo: el carro del Unterofizier Westerhausen recibió un impacto directo y se incendió, muriendo toda su tripulación; el del Feldwebel Sachs fue puesto cadenas arriba (a pesar de sus 58 toneladas de peso) por la violencia de otra explosión, muriendo dos miembros de la tripulación y quedando los demás sin sentido durante un tiempo; y el del Leutnant von Rosen resultó averiado y a él el golpe le hizo perder el conocimiento durante horas.

El carro del Feldwebel Sachs vuelto del revés.

Las otras dos secciones sufrieron menos, pero aún así la labor para reparar los carros averiados y poner en marcha los que habían quedado, literalmente, cubiertos de tierra levantada por las explosiones (aspecto este especialmente importante sobre todo en las rejillas de ventilación de los motores), hizo que la unidad quedara fuera de combate durante un tiempo. Tras largos esfuerzos la 3ª Compañía pudo desplegar 8 carros, con los que lanzó un contraataque en torno a las 12:00, contra la 5th Guards Tank Brigade, que acabó en desastre. Sólo un carro conseguirá volver a sus líneas, siendo todos los demás destruidos por las piezas flak de 88mm amigas situadas al norte de Cagny.

Las secciones 1ª y 2ª, en cambio, fueron enviadas diez kilómetros a retaguardia y no volvieron a intervenir hasta las 15:00, apoyando al II Batallón del 125 Regimiento de Panzergrenadier, en el sector de Cagny contra los Coldstream Guards. Para entonces Godwood ya había perdido impulso y se empezaba a ver que iba a fracasar.

Para concluir debemos indicar que las acciones narradas fueron un ejemplo clásico del empleo de carros pesados. Muy blindados y muy lentos, sobre todo el Tigre II, fueron empleados a menudo como carros de acompañamiento de infantería, para abrirle paso y reventar puntos de resistencia a corta distancia en vez de aprovechar su largo alcance y su absoluta invulnerabilidad a grandes distancias para batir las posiciones enemigas una a una. A menudo la mejor forma de anularlos no fue destruirlos, como aprendieron muy bien los soviéticos, sino averiarlos descargando sobre ellos todo el armamento posible, obligando a su tripulación a abandonarlos y dificultando todo lo posible su recuperación. Para destruirlos muy a menudo hacía falta un impacto con suerte, aviones, o los propios cañones de 88mm alemanes.

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