Aquel día, un teniente coronel delgado, más bien alto, ataviado con un simpático bigotito y una amable sonrisa, se presentó en la puerta del Cuartel General del Primer Ejército Norteamericano, comandado por el general Hodges, en Spa. Al amanecer del 16 de diciembre de 1944, unas horas antes, los alemanes habían desencadenado una “desagradable” ofensiva en las Ardenas, la zona más desprotegida del frente aliado, y estaba cundiendo cierto pánico.

Soldados de esta unidad en 1940.

Junto a él viajaba un jovencito de unos 23 años, su asistente, que tenía el por entonces incómodo nombre de Peter Alexander Freiherr von Ustinov, aunque había nacido en Londres y no podía ser más británico. Más adelante, con el simple nombre de Peter Ustinov, sería Nerón, en la película Quo Vadis, o Batiato el lanista, en Espartaco, y protagonista, guionista o productor entre muchas otras cosas, de gran cantidad de películas. Pero por entonces era un perfecto desconocido, el famoso era el oficial al que seguía.

Ambos formaban parte, en todo caso, del Regimiento “Phantom”, nombre en clave de una de las unidades mimadas de Montgomery por el grandísimo rendimiento que obtuvo de ella durante la guerra. El antecedente de esta fuerza podemos encontrarlo en la Allied Air Mission N.º 3, enviada a Francia en 1939 para, una vez empezada la Segunda Guerra Mundial ir a personarse en el estado mayor belga (por supuesto si dicho país acababa siendo invadido por Alemania y entrando en la contienda) para informar a los británicos de las posiciones exactas del ejército de dicha nación aliado y de las del enemigo, para evitar un encontronazo de cualquiera de ellas con las unidades de la British Expeditionnary Force en su avance hacia la línea del Dyle. En una sola frase, su misión era: “transmitir información vital desde el frente, ignorando los canales habituales, hasta los mandos capaces de disponer de las tropas de reserva necesarias”.

Un jovencísimo Peter Ustinov, en 1942.

Esta unidad basó su actuación en dos factores fundamentales: una extrema movilidad para, literalmente, “estar en todas partes”, y el empleo de las comunicaciones radiofónicas. Fue durante estos primeros compases de la guerra cuando, aprovechando que eran también una fuerza semi-secreta, se dieron a si mismo el nombre, extraoficial por un tiempo, de “Phantom”, los fantasmas.

Tras la evacuación de Dunkerque, fueron reformados como unidad de reconocimiento, y cuando el Ejército británico creó oficialmente el Cuerpo de Reconocimiento, entonces se les dio un nuevo nombre: GHQ Liaison Regiment (Regimiento de enlace del Gran Cuartel General).  Combatientes de esta fuerza actuarían durante toda la guerra tanto en el frente Africano como en el de Italia y en el europeo, organizados en patrullas formadas por un oficial, un suboficial y 9 hombres de tropa; y montados en todo tipo de vehículos de motor, como motocicletas, Jeeps, camiones Morris y coches blindados de reconocimiento. Incluso fueron enviados en paracaídas, para colaborar, por ejemplo, con el SAS, o durante la Operación Market Garden, donde se encargaron de proveer el único enlace radiofónico eficaz entre los paracaidistas rodeados más allá del Rhin y las fuerzas que venían a socorrerlos.

Pasando revista a una patrulla, en 1942.

Ya desde África, uno de los oficiales de alto rango que más se sirvió de esta fuerza tan especial fue el general, luego mariscal de campo, Bernard Montgomery, que convirtió a los que servían para su Cuartel General del 12.º Grupo de Ejércitos en un motivadísimo grupo de gente joven, dispuesta a meterse en cualquier lío para cumplir con su misión: ser los ojos y oídos de su comandante en jefe.

Fue uno de los oficiales enviados por “Monty” quien entró aquel día en el Cuartel General de Hodges y, como prueba de su motivación y de sus ganas de meterse en líos, quien viajaría por todas las Ardenas, en plena crisis de los comandos de Skorzeny, sin conocer el santo y seña de las unidades a las que se acercaba. Como el mismo contaría más adelante, eran tantas que era imposible conocerlos todos, de modo que siempre que era detenido y cuestionado sacaba a relucir su encanto británico y contestaba: “Simplemente, no tengo ni la más vaga idea… pero recuerdo que hice una película con Ginger Rogers en 1939 titulada Bachelor Mother (Mamá a la fuerza)”. Por supuesto, su filmografía de entonces era mucho más amplia, con títulos como El prisionero de Zenda o Cumbres borrascosas. “Siga su camino, Dave, y buena suerte”, parece que acababan diciendo los soldados al despedirse de, quien si no, el teniente coronel David Niven.

No debemos olvidar que, antes de ser actor, David Niven se había licenciado en Sandhurst.

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