El poderoso navío alemán Tirpitz, a pesar de su temida reputación, solo disparó una vez sus grandes cañones de quince pulgadas, y fue contra la estación meteorológica noruega de la isla de Spitzbergen, en aguas del Ártico.

El acorazado había sido botado en Wilhelmshaven en 1939. No solo llevaba sus ocho cañones de quince pulgadas (380mm), capaces de atravesar blindajes de 32,5cm de grosor desde 35 kilómetros de distancia, también tenía toda una colección de artillería de calibres más pequeños y tubos lanzatorpedos, pudiendo lanzarlos como si fuera un destructor.

Además era más dos nudos más rápido que cualquier navío británico (31,1 nudos), y tenía una defensa antiaérea compuesta por 112 cañones AA. Al igual que su hermano gemelo, su papel debía ser el de incursor contra el tráfico mercante, pero al ser éste hundido por la Royal Navy en los primeros estadios de la guerra, Hitler lo retiró a lugar seguro en la costa noruega.

En otra ocasión el Tirpitz solo necesitó su temida reputación para ser la causa de la dispersión de un gran convoy aliado que se dirigía al puerto soviético de Arcangel. Se trataba de un convoy norteamericano en su mayor parte que había zarpado de Islandia el 27 de junio de 1942. Estaba compuesto por treinta y cuatro cargueros y petroleros, escoltados por un grupo variopinto de viejos destructores, corbetas, barreminas, y barcos antiaéreos. Dos escuadrones integrados por navíos de guerra de mayor porte bajo mando británico se mantenían a cierta distancia, para el caso de que el convoy PQ-17  tuviera problemas.

Los alemanes, ya alertados, habían enviado diez submarinos y se disponían a lanzar a sus aviones -bombarderos, bombarderos en picado y torpederos, para un ataque total contra el convoy aliado en el mar de Barents.

Los alemanes decidieron poner también en juego al Tirpitz y a un par de cruceros, que navegarían hacia el norte por la costa noruega hasta el fiordo de Alten, cerca del cabo Norte; un lugar perfecto desde el que lanzar un ataque sobre el convoy que se aproximaba.

Saltaron todas las alarmas en los pasillos y estancias del almirantazgo en Londres. Comenzaron a enviarse cables. El Tirpitz había zarpado. El escuadrón de cruceros de escolta más cercano y el propio convoy recibieron órdenes de dispersarse en un sálvese quien pueda.

Hasta ese momento los grupos de escolta habían dado buena cuenta de sí mismos. Los submarinos habían sido mantenidos a raya, y solo se habían perdido tres barcos debido a los incesantes ataques aéreos alemanes. Pero entones, frisando l a medianoche del 4 de julio, el cohesionado convoy se desintegró.

A la tarde del día siguiente el majestuoso Tirpitz, su escolta de cruceros y seis destructores zarparon del fiordo de Alten poniendo rumbo de interceptación. Sin embargo, esa misma noche los navíos alemanes se dieron la vuelta y regresaron al punto de partida.

Ya no eran necearios. Los submarinos y los aviones podían atacar ahora a los buques dispersos uno a uno. En el transcurso de cinco días hundieron 21 barcos. El Tirpitz, poderoso gemelo del Bismarck, volvía de nuevo a aguas seguras sin haber disparado una salva. Su inactividad llegó a ser tal que los noruegos comenzaron a llamarlo «la reina solitaria».

Submarino X-craft

Eso sí, constituía una pieza vital. Churchill le había dicho a su jefe de estado mayor en enero de 1942 que «no había otro objetivo que fuera comparable». A raíz de ello, 16 bombarderos de la RAF habían buscado al acorazado alemán para atacarlo. Lo encontraron y soltaron su carga de bombas, pero ninguna dio en el blanco.

En total llegaron a lanzarse unos 2o ataques contra el Tirpitz, que se escondía una y otra vez en el intrincado laberinto de fiordos noruegos. El primer ataque exitoso tuvo lugar en septiembre de 1943 y lo llevaron a cabo los submarinos X-craft, altamente secretos. Lograron sortear las redes antisubmarinas de su atracaderos para ponerle cargas explosivas.

Tocado, aunque no de forma mortal, el acorazado comenzó de inmediato las reparaciones. El siguiente ataque llegó en abril de 1944, cuando casi 50 bombarderos en picado Barracuda de la Royal Navy lograron colocar 14 impactos en su superestructura, causando daños y matando a un elevado número de marineros.

Una bomba blockbuster y el bombardero Lancaster de fondo

El Tirpitz fue trasladado al fiordo de Kaa en septiembre de ese mismo año para iniciar nuevas reparaciones. Entonces 28 bombarderos Lancaster lo encontraron y lo bombardearon. Esta vez con una sola bomba de 6 toneladas cada uno. Produjeron un boquete de 15 metros en el acorazado.

Desde entonces el Tirpitz solo podría actuar a modo de batería flotante en caso de una invasión aliada de Noruega. Algo parecido al papel desempeñado por el acorazado francés Richelieu en la batalla de Dakar. Con este propósito fue trasladado al fiordo de Tromsö.

El Tirpitz captado tras el ataque definitivo

El 12 de noviembre de 1944 volvió de nuevo al ataque la RAF con bombarderos Lancaster. Los impactos de las bombas «blockbuster» provocaron rápidamente la escora del acorazado alemán, atrapando a cientos de marineros en su interior. La reina solitaria había dejado de ser una amenaza para las flotas aliadas.

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