La historia básica es sencilla: el 12 de junio de 1916, en plena batalla de Verdún, en medio del caos y de la destrucción causada por el fuego de artillería, que labra los campos, dos medias secciones, una de la 3ª y otra de la 4ª compañía del 137 regimiento francés de infantería, aguantan a pie firme en la sección sur del “Ravin de la Dame”, entre la granja de Thiaumont y el bosque de Nawé. Estoicos, sumergidos bajo una lluvia de bombas, los hombres, incapaces de servirse de sus fusiles, dañados por el polvo y el humo, que reducen la visibilidad a menos de un metro, calan bayonetas y esperan. La tierra les llega hasta el pecho, hasta los hombros, la boca, los ojos… “Poco a poco, erigen un monumento” (termina la narración Jean Norton Cru, que no cree que esto sucediera en realidad). El origen de la historia fue una hilera de bocas de fusil, algunos con la bayoneta calada, encontrados surgiendo de la tierra dos años después del final de la guerra, que de inmediato atizaron la imaginación del público.

La Trinchera de las Bayonetas en 1920.

El acontecimiento causó una viva polémica tras la guerra, ya que los testimonios se cruzan y entrecruzan para desfigurar la verdad sobre estos hechos. Uno de los primeros en contar la historia pudo ser Henri Bouvard (Comandante y miembro del Estado Mayor del 2ème Armée), en la primera edición de su libro: “La Gloria de Verdún”, en base a una historia contada por el comandante Dreux, que combatió a escasos metros de aquel lugar a lo largo de aquella jornada.

Sin embargo Jean Norton Cru, el mismo excombatiente, no tardó en desmentir toda la historia. Según él los obuses de artillería revientan las trincheras, las destrozan esparciendo restos de tierra y de seres humanos en todas direcciones, y no enterrándolos. En su obra “Testigos”, exhorta a sus ex camaradas de armas a “no apartarse nunca de las lecciones, tan claras, que son sus experiencias, y a desmentir todo lo que las contradice, particularmente las leyendas heroicas.

En la segunda edición de su obra, Bouvard se retractará un poco, indicando que solo citaba el testimonio de segunda mano, de Dreux, quien no resulta ser tan categórico sobre estos hechos: “El 12, a las 04:00 de la mañana, el bombardeo redobla en intensidad; la artillería alemana dispara sobre nosotros con toda su potencia, empleando fuegos convergentes y de enfilada; los cráteres se recubren, la tierra misma es transformada; es entonces, cuando las explosiones hacen caer un polvo tan denso, que se forma una capa de un metro, sobre la cual apenas se puede uno sostener en pie o caminar; el humo nos asfixia. Fue entonces cuando los hombres [de la trinchera, no lejos de su posición] pudieron quedar enterrados, con la bayoneta calada”. Peor aún, Dreux afirma más adelante que quienes pudieron enterrar la trinchera no fueron los cañones alemanes, que no querían abrir fuego tan cerca de sus propias tropas, entonces en pleno ataque, sino los cañones franceses de 155mm.

El terreno destrozado por las bombas.

Sin embargo hay otra versión de los hechos, la del teniente Polimann, quien cree que se trata de cadáveres enterrados por los alemanes después de la batalla, cuyas armas sirvieron simplemente para señalar la fosa, y no de hombres enterrados por el fuego de artillería. La práctica era bastante habitual, y se hizo lo mismo en otros lugares para señalar la presencia de fosas comunes.

El principal defensor de la teoría del enterramiento por fuego alemán, sin embargo, reaccionó con viveza ante las críticas de Cru. Jacques Pericart sí consideró que aquellos hombres habían sido enterrados vivos, y llegará a enfrentarse a las afirmaciones de Cru en su obra: “Verdún”, donde dirá que: “El culto a los soldados que reposan en la trinchera de las bayonetas no ha conseguido muchos devotos”, y tras citar a Cru añade: “esta es una de las tesis sostenidas por supuestos historiadores franceses que, sin duda entristecidos por la derrota alemana, tratan de despojar a nuestra de victoria de todo ideal, de toda nobleza, de toda virtud… ¿Qué pretendía demostrar la leyenda? Si la hay. La tenacidad indomable de los defensores de la trinchera. De lo que ya hemos dicho de las valientes acciones de estos hombres [citadas anteriormente en su obra] ¿Acaso no ha quedado establecida con la suficiente solidez?” Posteriormente cita el testimonio del Teniente Polimann, que reservaremos para otra entrada, como prueba de valentía hasta el sacrificio, en el se habla de enterramientos, si, pero a un nivel mucho más puntual.

Mimetizados en las trincheras.

Hay muchos más testimonios, a favor y en contra, que convierten esta historia en una controversia que aún dura a fecha de hoy, otra “polémica de guerra” mas, pues no todas las historias fueron como se cuentan en los cafés.

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