BELGRADO. En la jornada de hoy el Primer Ministro Serbio Nikola Pasic envía una circular a todas las legaciones serbias en el extranjero informando de los esfuerzos que se están llevando a cabo para combatir “las manipulaciones de la prensa vienesa”. En realidad, sin embargo, parecen ser los periódicos Serbios los que llevan la iniciativa en esta guerra periodística, diligentemente azuzados por el mismo Pasic.

Es en esta línea en la que actúa el Embajador Ruso Hartwig, ferviente defensor del paneslavismo y de una gran Serbia amiga de Rusia, quien reafirma ante su propio gobierno la falsedad de las reclamaciones de las autoridades austrohúngaras: no hay redes en Belgrado que hayan colaborado con los asesinos, y las armas utilizadas no provienen de la armería de Kragujevac, miente, consciente o inconscientemente.

El Cauto embajador alemán Heinrich von Tschirschky, cuya actuación disgustó inicialmente al Kaiser.

En algún momento de esta jornada verá la luz por primera vez un argumento crucial: Alemania está aprovechando la crisis para atacar a Rusia y hacer que disminuya el creciente poder de su alianza con Francia.

Pero ¿Qué está haciendo Alemania? En realidad no está claro.

VIENA. Mientras canales extraoficiales empiezan a hablar de apoyo alemán, el embajador Barón Heinrich von Tschirschky, animaba ayer mismo a los austríacos a actuar con cautela. “¿Quién le ha autorizado a hacer eso? –escribe el Kaiser, en BERLIN, durante el día de hoy al margen del informe de su embajador en Viena- Esto es totalmente estúpido. No es asunto suyo sino que es una cuestión totalmente austríaca [determinar] lo que pretenden hacer. Más adelante, si las cosas salen mal, se dirá: ¡Alemania no estaba dispuesta! ¿Querría Tschirschky ser tan amable de cesar en este sinsentido? Ya era hora hace tiempo de que se hiciera una limpieza de serbios”.

¿Quiere guerra el Kaiser? No es seguro, tal vez solo sean bravatas. En todo caso, ante el temor a nuevos atentados decide no viajar a Viena para el funeral, de modo que queda cancelada una eventual reunión de ambos emperadores para tratar el tema. En consecuencia, el Emperador decide escribir una carta al Kaiser: “También usted estará convencido, tras los terribles hechos recientemente acontecidos en Bosnia, de que no puede hablarse más de acercar mediante conciliación las diferencias que separan a Serbia de nosotros, y de que la política que persiguen todos los monarcas europeos con el fin de preservar la paz estará en peligro mientras este nido de agitación criminal sito en Belgrado siga sin recibir castigo”.

¿Quieres comentar esta noticia? Debate: El Desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial

Viene de: Un Emperador entristecido y un Conde ambicioso

Sigue en: 3 de Julio: Diplomacia entre Viena y Berlín

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