Frente a una amenaza común, Atenas y Tebas se aliaron y, a pesar de las propuestas de Filipo y de sus aliados, la alianza se mantuvo firme, En agosto del año 338 se produjo el desenlace. El ejército de Filipo, una parte de la totalidad de sus fuerzas, se enfrentó a una coalición integrada por un número similar de hombres: los soldados reclutados por los tebanos y los atenienses más unos pocos contingentes aliados, la mayor parte de los cuales procedían de Aquea. No era una formación impresionante. Los dos grupos principales tenían muy poco apoyo de los demás estados griegos, los cuales se conformaban con esperar el resultado (y aprovecharse de él). Este fue catastrófico. En la llanura de Queronea, la falange macedónica demostró su superioridad sobre las fuerzas de hoplitas tradicionales. Sólo los atenienses tuvieron mil muertos y dos mil prisioneros, y los beocios o tebanos sufrieron grandes bajas, incluido la totalidad de su batallón sagrado.

El precio que se tuvo que pagar fue el de una alianza formal con Macedonia. Los espartanos se quedaron solos. Rechazaron cualquier tipo de sumisión, fueron invadidos y perdieron territorios a manos de sus rencorosos vecinos y antiguos ilotas (los mesenios). Las guarniciones macedonias ocuparon ciudadelas estratégicas por doquier. En el año 337, se convocó una reunión de aliados en Corinto y una paz común confirmó el sistema político que Filipo había creado. Sus pilares eran la libertad y la autonomía de todas las partes (bajo la hegemonía macedonia) y la prohibición del cambio político y la revolución social. La dirigía un synedrion de delegados de todos los estados aliados bajo el mando del propio Filipo.

El foro de aliados de Corinto también declaró la guerra a Persia. Éste fue el acto culminante del reinado y fue cuidadosamente preparado. El Imperio Persa había estado maduro para el ataque desde los primeros años del siglo. Atormentado por disputas sucesorias en la casa real y por revueltas endémicas en las satrapías, su propia estructura había llegado a estar amenazada de disolución.

La declaración se hace con la franca intención de vengar el sacrilegio de Jerjes y liberar las ciudades griegas de Asia Menor. Se trataba de una renovación explícita de los objetivos de la Liga Delia, y el rey macedonio asumía el manto de Arístides. Expandiría su reino desquitándose por ofensas pasadas contra los helenos y, lejos de promover sus intereses privados, actuaría para todo el mundo griego. El comandante supremo de las fuerzas conjuntas era Filipo, simultáneamente Hegemon de la paz común y general en la guerra de venganza. La campaña se inició en serio en la primavera del año 336, cuando una fuerza expedicionaria macedonia de diez mil hombres cruzó el Helesponto e inició la liberación (y dominación) de la costa de Asia Menor. Filipo no llegó a tomar el mando. Fue asesinado en otoño de ese mismo año y el mando recayó en su sucesor el Gran Alejandro.

Filipo morirá asesinado por el joven Pausanias en la entrada del teatro a unos pasos de su hijo Alejandro en circunstancias oscuras. Las hipótesis más admitidas por la doctrina hablan, por una parte de la mano vengadora de Olimpia, y por otra, de la humillación a que había sido sometido Pausanias por orden de Átalo, suegro de Filipo, y por ende, indirectamente del propio rey.

Viene de  FILIPO de Macedonia (III) – El Reinado

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