Posibles respuestas de un país y sus aliados.

En estas opciones hemos tomado como ejemplo el ataque nuclear a cualquier nación, si bien, se puede dar el caso que esta tenga entre sus posible respuesta el uso de armas nucleares. Para las que no lo tengan, las respuestas posibles estarían englobadas dentro de los puntos 1 a 3; entre los países que poseen armas nucleares de diferentes poder, incluimos el apartado 4. En todas ella mencionamos las ventajas y desventajas que las diferentes opciones presentan, desde una perspectiva moral y política (Auerswald, 2006).

1. No tomar represalias militares, en la idea de que el horror percibido haga al resto de países actuar y desarmar a los grupos terroristas e incluso deshacerse de su arsenal nuclear. Se trataría de actuar con un perfil bajo en lo militar, y mayor en lo político y económico, en una búsqueda de que el resto de estados que tengan armas nucleares se comprometan a deshacerse de ellas. Si bien como teoría es bastante atrayente, está claro que es poco probable que tras un atentado un país no muestre una reacción militar, pues podría ser visto por los terroristas como una victoria ante la que sus enemigos no saben cómo responder (Müller, 2014).

2. Cazar a los culpables, como se ha hecho con los líderes de Al-Qaeda en todo el mundo. En este caso, como en el anterior, no se plantea una respuesta nuclear, (que ya veremos en el apartado 4) Podríamos hablar de diferentes actuaciones, desde la ideal que sería capturar a sus líderes y llevarlos ante el Tribunal Penal Internacional, pasando por acciones de eliminación selectiva. De un tiempo a esta parte ha alcanzado cierta “legitimidad” entre los actores internacionales (acabando con las restricciones morales que hubiera) el asesinato selectivo de los dirigentes terroristas, así como todos aquellos que les hayan ayudado (Hecker & Milanis, 2015). Pero como se ha visto hasta el momento (en conflictos como el palestino-israelí, o los grupos terroristas en Yemen, Siria o Chechenia) acabar con los líderes terroristas no suele desanimar a sus fieles, con lo que se podría volver a usar más armas nucleares. Sería una posible respuesta que contaría con la conformidad del derecho internacional (aceptado hasta el momento en algunas situaciones) y que no sería muy discutible en lo moral.

El uso de vehículos aéreos no tripulados para asesinatos selectivos ha dejado de ser “mal visto” al plantearse desde un enfoque de “ataque defensivo o preventivo” (Europa Press)

3. Respuesta convencional (fuerzas especiales, ejército regular, etc.) Esta respuesta dependerá de las circunstancias (enemigo a atacar, si tiene su sede en un estado santuario, apoyos internacionales) Hay gradaciones, desde el uso de Fuerzas especiales que apoyen al gobierno donde se encuentran los terroristas, hasta el envío de tropas convencionales, al estilo de las invasiones de Afganistán o Irak durante el gobierno del presidente G.W. Bush. Las ventajas, al igual que las anteriores es que mantiene la respuesta dentro de la convencionalidad, si tal término se puede usar, y no rompe el tabú de del uso de armamento nuclear. Moralmente sigue siendo una respuesta preferible, si bien puede recibir críticas, al igual que las intervenciones mencionadas, por cuanto el uso de tropas en cualquier conflicto implica siempre daños colaterales y muertes. Además, seguiría siendo percibido, dentro de la visión de los terroristas, como una respuesta de perfil bajo y entre actores internacionales como una muestra de debilidad (Oren, 2011).

Sin llegar a la respuesta nuclear, los EE.UU (y posteriormente otras naciones) están desarrollando desde finales de los 90, la estrategia del denominado Ataque Global Inmediato (PGS por sus siglas en inglés) la transformación de las viejas tácticas de respuesta con misiles intercontinentales (ICBM o SLBM) pero careciendo estas amas del componente nuclear (Pérez Gil, 2016).

El ataque global inmediato lleva años anunciándose, este gráfico se podía ver en una información de 2010 (https://blackop.wordpress.com)

No pensemos que esto es la panacea, (como no lo fueron las llamadas bombas inteligentes) tiene la ventaja de una respuesta rápida, directa y contundente, pero con la problemática de la duración (estas armas tardan de media una hora en llegar a su blanco) y evidentemente, el inconveniente de las cuantiosas muertes que producirían, cifradas según el grado de población y localización de los terroristas (zonas urbanas, densamente pobladas, zonas desérticas, etc.)

4. Respuesta nuclear; en este apartado vamos a centrarnos más profundamente, puesto que los otros han sido más desarrollados a lo largo de la historia reciente, sobre todo tras el 11-S, y en amplias zonas del planeta. Primeramente debemos advertir que no solo entrarían aquellas potencias que tienen en su arsenal armas nucleares, sino sus socios que se sienten protegidos por estas. Así, los EE.UU. han declarado “(…) los EE.UU. desean subrayar que sólo considerarían el uso de armas nucleares en circunstancias extremas para defender los intereses vitales de EE.UU. o de sus aliados y socios” Este párrafo pertenece al Departamento de Defensa de los EE.UU. de 2010 (ya citado) y evidentemente, según la política de estado del país, puede modificarse pero deja claro que existe una posibilidad (por remota que nos parezca) a que se pueda realizar una respuesta nuclear desde los Estados Unidos, y en defensa de sus intereses (Acheson, 2012) Como ventaja, que siempre hay que señalarlas, no habría ninguna respuesta más contundente y disuasoria para un futuro.

En cuanto a la proporcionalidad, se podría llegar a plantear que ante la mayor arma que conoce el hombre, la respuesta debe ser en el mismo nivel. Pero no nos engañemos, a menos que podamos asegurar que los objetivos están debidamente localizados, y aislados, nos encontramos con los mismos problemas que las PGS en cuanto a los problemas de discriminación y daños colaterales. Está claro que esta última opción plantearía la respuesta definitiva, y su efecto no dejaría dudas sobre el futuro que le espera a aquellos que hagan uso de un arma nuclear (sería quizás la “menos mala”, podría argumentarse) Moralmente, no podemos entender que la muerte de cientos de miles de inocentes pueda justificar el restablecimiento de la paz para siempre (aquí entramos en la dicotomía que supuso el uso de armas nucleares en el Japón de 1945)

Seguiremos el próximo día con la última entrada analizando el aspecto legal y la opinión de la Corte Internacional de Justicia.

Viene de Ataque Terrorista Nuclear – Realidad o Mito (III)

 

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