En la entrada anterior de esta serie nos dejamos uno de los tres elementos fundamentales del <<impulso>> operacional: la sorpresa. En esta nos referiremos brevemente a dos conceptos clave de las operaciones del Ejército Rojo: Maskirovka y Razvedka.

La primera es el arte de la disimulación y de la intoxicación, la que más tiene que ver, en consecuencia, con la consecución de la sorpresa operacional. A lo largo de la guerra el Ejército Soviético desarrolló complejas técnicas para lograr este objetivo, que podemos desglosar, entre otros, en los siguientes objetivos parciales: evitar que el enemigo pueda localizar las concentraciones de fuerza propias; disimular los objetivos que se pretenden, y la profundidad a la que se hallan dentro del dispositivo enemigo; engañar al enemigo con respecto al centro de gravedad del ataque por venir, incluso sobre la existencia futura misma de dicho ataque.

La paja podía ser un medio tan bueno como cualquiera de esconder un carro de combate.

Cada uno de estos aspectos se lograba de maneras determinadas. Así, por ejemplo, los desplazamientos de las tropas se hacían solo de noche, y con todos los faros apagados, o cuando había una niebla lo suficientemente espesa como para evitar que las columnas fueran detectadas por la observación enemiga. Además, durante el día, las tropas debían quedar camufladas en bosques, barrancos, edificios o bajo redes de camuflaje, de modo que no pudieran ser localizados por la observación aérea alemana.

Por otro lado, una unidad, y menos una del tamaño de un ejército o un cuerpo de ejército, no desaparecía repentinamente, y si esto sucedía, era seguro que el enemigo iba a empezar a buscarla, o a temerse un ataque. Por ello se montaban, en la región donde había estado la unidad o en el sector del frente hacia el que se quería atraer al grueso de las defensas enemigas, un tráfico radiofónico falso, con los indicativos de llamada de dicha unidad, como si esta estuviera en ese lugar, aunque solo estaban las estaciones radiofónicas.

Otro de los sistemas empleados por el Ejército Rojo fue la comunicación de las órdenes de modo verbal, y solo con el detalle necesario, a quienes fuera necesario y en el momento más cercano a la ofensiva posible. Medidas draconianas, sin duda, pero los soviéticos ya habían tenido malas experiencias con la transmisión prematura o inexperta de las órdenes –sin olvidar la paranoia propia del régimen, que veía traidores en todas partes- y habían decidido acabar con el problema mediante la simple fórmula de que quien nada sabe, nada puede decir.

Una fotografía aérea como esta podía dar mucha información a un experto, sobre todo si se repetía periódicamente, de modo que pudieran ser descubiertos los cambios en el paisaje.

Otros trucos clásicos, empleados, esto sí, asiduamente, por casi todos los beligerantes, fueron la construcción de aeródromos y posiciones de artillería de mentira, así como concentraciones de tropas y tráfico rodado falsos.

La  Razvedka, por otro lado, tuvo dos funciones principales. La primera, al contrario que la Maskirovka, fue la obtención de información sobre el dispositivo militar enemigo y sus intenciones. Para esta función había cuatro medios principales: la observación aérea, las escuchas radiofónicas, la información obtenida directamente tras las líneas enemigas y el interrogatorio de los prisioneros.

A lo largo de la primera parte de la guerra el Ejército Rojo fue excelente en esta última actividad, gracias a que, al luchar en su propio suelo, hubo mucha gente en la zona ocupada por los alemanes dispuesta a pasar información. Y con esto no nos referimos tan solo a los partisanos, sino también –y su tarea fue importantísima- a la policía auxiliar y a los empleados de ferrocarril, ya que estos eran los primeros en saber por dónde iban a pasar los convoyes: rodados o ferroviarios.

El Su-2R fue uno de los aviones de reconocimiento empleados con éxito por los soviéticos.

Con el cruce de la frontera polaca primero, y con el de la alemana después, este medio tan importante de obtener información irá declinando (aunque se seguirán montando interesantísimas operaciones a través de las líneas enemigas), pero el Ejército Rojo, entretanto, ha conseguido convertirse en un auténtico maestro a la hora de gestionar los otros dos, hasta el punto, por ejemplo, que sus aviones de observación no se van a limitar a sacar fotografías, sino que también rodarán películas de las posiciones enemigas; y sus medios de escucha radiofónicos serán capaces, mediante radiogoniometría, de localizar la ubicación exacta de los cuarteles generales alemanes, lo que facilitará su anulación mediante bombardeo en el momento de lanzar los ataques.

También el interrogatorio de los prisioneros fue una función primordial, para la que el Ejército Soviético destacó una cantidad de personal sin parangón en la época. Así, en una división de infantería (unos 7.000 efectivos) podía haber hasta 200 personas encargadas de esta tarea.

EL NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) fue uno de los cuerpos más crueles de la guerra. Su presencia fue casi siempre sinónimo de brutalidad.

La segunda parte de la Razvedka fue la contrainteligencia. Es decir, el descubrimiento y la eliminación de los medios de obtención de información del enemigo. En este campo fue donde organizaciones como SMERSH o el NKVD se hicieron terriblemente famosas, pero esta es una cuestión que ya se escapa del tema de estas entradas; hablaremos de ello en otra ocasión.

Para saber más Teorías Operacionales Soviéticas

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