Veremos hoy de la mano de las memorias de Hans Rudel un ejemplo típico del concepto operacional soviético de la Batalla en Profundidad.

Una de estas penetraciones blindadas en profundidad llegó por sorpresa, durante una glacial noche de invierno ucraniana, en un aeródromo de caza de la Luftwaffe distante unas millas del aeródromo donde estaban basados los Stukas de Rudel. De repente, aparece el oficial de guardia agitadísimo, despierta a Rudel y le comunica que varios pilotos de un aescuadrilla de caza del aeródromo vecino acaban de llegar para pedirle que despegue inmediatamente: varios carros rusos, al parecer, han hecho irrupción súbita en su aeródromo, Malaya-Wisky; y se han puesto a destruir los aviones, entrando finalmente en el pueblo para disparar a bocajarro contra las ventanas de los alojamientos de las dotaciones y personal de campo.

Contaba un piloto: «Nos despertamos por los cañonazos. Por al calle pasaban los carros rusos, sobre los que iban montados soldados de infantería. Nos escapamos a toda velocidad». En efecto, los pilotos llevaban bajo su capote tan sólo un pijama. Rudel reflexiona, un ataque inmediato no serviría de nada, ya que con la ocuridad de la noche no se podría atacar a los carros. Por otra parte, un ataque con bombas para dispersar a los soldados de infantería no es eficaz, y menos entre material propio o entre casas donde hay tropas alemanas.

Finalmente parten al amanecer,  a través de una espesa niebla. A ras de tierra se acercan al aeródromo vecino. Las baterías antiaéreas pesadas se han reorganizado y ahora disparan contra los atacantes rusos con alzas a cero. En la pista central, hay algunos carros soviéticos incendiados. El personal del campo de ha refugiado como ha podido por todo el perímetro del aeródromo.

Tan pronto como aparece Rudel, salen de las trincheras y manifiestan su alegría. En el borde del aeródromo, un T-34 se ha lanzado contra el barracón del servcio técnico, derribando la pared y quedándose encajado entre los escombros. La tarea de Rudel es delicada, pues debe picar entre las altas chimeneas que dificultan la aproximación.

Tras darse cuenta de lo que pasa, los carros rusos comienzan la retirada, pero son acosados por los cañones contracarro que se han ido emplazando en las calles del poblado, dejándolos poco a poco fuera de combate. La escuadrilla de Rudel se dispone a acabar con el resto de la columna. La mayoría de los soldados de infantería intentan esconderse en los profundos barrancos (balkas) que rodean el aeródromo. Allí habían dejado los camiones con los suministros de municiones y gasolina de la columna [Vease la aquí la composición de este tipo de columnas]. Disponen de algunas piezas ligeras antiaéreas que hacen fuego sobre los Stukas pero sin causar daños.

La escuadrilla de Rudel silencia estas piezas y luego acaba tranquilamente con el tren de suministros de los incursores soviéticos. Siete salidas realizan al aeródromo vecino de Malaya-Wisky. Por la noche, el aeródromo y el poblado están limpios de rusos, y 17 carros arden en sus cercanías.

Para saber más de la Batalla en profundidad soviética Teorías Operacionales Soviéticas

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  1. Julio says:

    Hans Ulrich Rudel luego de la guerra vino a Argentina, y fue instructor de su Fuerza Aerea, en la provincia de Cordoba. Ahi escribio su libro «Piloto de Stukas» que son sus memorias desde antes de la IIGM.De esa primera edicion yo tengo un ejemplar. El Coronel Rudel tenia una pierna ortopedica y con ella siguio combatiendo y dando desde 1946 sus enseñansas en Argentina, hasta que en 1955 regreso a Alemania.

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