En la última entrada hablamos del <<impulso>> operacional soviético como combinación sinérgica de tres elementos: velocidad, masa y sorpresa. En esta entrada nos vamos a centrar –dentro del marco de la batalla profunda- en los dos primeros: ¿Cómo introducir una masa a toda velocidad hacia el interior de la retaguardia enemiga?

La cuestión clave se articula en torno a dos preguntas: cuando, y como.

Infantes soviéticos a bordo de un T-34, así se suplía la falta de motorización.

La primera cuestión: <<cuando>> tenía que ver con la elección del momento en que los carros de combate debían entrar en combate. La experiencia acumulada a lo largo de la guerra había llevado al Ejército Rojo a abrir sus batallas con la que tal vez fuera su arma más importante: la artillería. Todo ataque venía precedido por concentraciones masivas a cargo de unidades de <<artillería de ruptura>> cuya dos funciones básicas eran machacar las primeras líneas enemigas y crear una barrera de fuego que precediera el ataque a las líneas siguientes. Tras el bombardeo artillero venía la infantería, encargada de romper la defensa contraria y abrir paso a los blindados.

La introducción de los ejércitos de carros de combate era una cuestión sumamente delicada: demasiado pronto, se corría el riesgo de atascarlos en las líneas defensivas enemigas, retrasando su avance y provocando pérdidas innecesarias; demasiado tarde, se corría el riesgo de entrar cuando el contrario ya había desplegado sus reservas, que entonces tendrían que ser derrotadas. En ambos casos se perdía velocidad, y, en consecuencia, impulso.

Una vez elegido el momento, los ejércitos de carros de combate debían cruzar las líneas de los ejércitos mixtos (el término es pertinente ya que los ejércitos soviéticos de infantería solían contar también con un cuerpo de ejército, o al menos una brigada, blindado o mecanizado; además de otros muchos servicios), lo cual siempre era una maniobra delicada. Para ello, estos debían abrir unos pasillos dentro de su dispositivo, sin dejar de combatir. Lo mismo tenía que hacer también la artillería, dejando una brecha entre una barrera de fuego y otra, de modo que viniendo desde atrás los carros pudieran lanzarse hacia delante a la carrera sin pasar bajo sus propios obuses y sin que se interrumpiera el bombardeo.

Otro de los grandes cazacarros fabricados por los soviéticos, el SU-100, cuyo excelente cañón equipará posteriores generaciones de carros de combate soviéticos.

Una vez en campo abierto, hemos de pasar al <<como>> se desplegaba el ejército de carros para poder avanzar lo más deprisa posible sin diseminarse en diversas acciones menores. Lo hacía de la siguiente manera:

–          En primer lugar se desplegaban elementos de reconocimiento, vehículos ligeros, del tipo clásico, formando un abanico por delante de la formación de vanguardia.

–          Esta era un batallón inter-armas, formado por alrededor de 20 carros de combate, 300 fusileros (subidos a los carros o en camiones), una batería de JSU 152 y entre 8 y 10 camiones cargados de gasolina y munición. Este batallón –que era sustituido cada dos días- solía avanzar en con un frente de unos 10 kilómetros, seguido a veinte kilómetros por el resto de la brigada a la que pertenecía.

El JSU-152, cazacarros derivado del carro de combate JS-2, era capaz de acabar con todos los blindados de que disponían los alemanes.

–          Esta brigada era la verdadera vanguardia del ejército. Se componía de unos 65 carros de combate, 1.000 fusileros (también sobre los carros o en camiones), una unidad de ingenieros (si era necesario con material de pontoneros), cañones anticarro remolcados, una unidad de cañones anticarro autopropulsados SU-100, 12 lanzacohetes Katyusha y una compañía de morteros de 120mm. Esta unidad debía avanzar de día y de noche, evitando las localidades y las concentraciones de fuerzas enemigas para ir tomando los cruces, donde dejaba destacamentos de protección. Si había que cruzar un río, se esperaba que tomara por sorpresa los puentes y vados, y si había que liquidar un pequeño grupo de defensores, era capaz de hacerlo. No obstante su objetivo principal era avanzar, buscando el punto de menor resistencia, para cruzar las líneas defensivas preparadas por el enemigo antes de que este pudiera establecerse en ellas, provocándole la necesidad de retirarse más allá de estas para poder restablecer su frente. Uno de los elementos más importantes de esta unidad eran los equipos de radio, muy escasos en el Ejército Rojo durante la primera parte de la guerra y mucho más abundantes al final. Su función era doble: comunicar en todo momento con el mando del cuerpo de ejército, por un lado, y permitir que el oficial aviador que acompañaba a la brigada pudiera pedir apoyo aéreo en todo momento, por otro.

Tras esta brigada de vanguardia seguían las otras tres del cuerpo de ejército, desplegadas de frente o en escalón, y tras él seguían, en columna, los demás cuerpos de ejército del ejército de carros. Tras ellos avanzaban las unidades de servicios, incluyendo sobre todo las de suministros y reparaciones. La formación estaba diseñada para tener una longitud de alrededor de 120 km.

No podíamos dejarnos fuera al lanzacohetes Katyusha, los <<Órganos de Stalin>> capaces de efectuar bombardeos devastadores.

En un avance a larga distancia, como el que se dio durante las Operaciones Bagration o Vístula-Oder, tras los ejércitos de carros seguían los destacamentos (blindados o mecanizados) precursores de los ejércitos mixtos, seguidos por el grueso de estos.

Este despliegue permitía llevar una fuerza poderosa hasta el punto elegido dentro de la retaguardia enemiga. Si no había sido necesario destacar un cuerpo de ejército con anterioridad, era allí donde los ejércitos de carros se desplegaban para ocupar un nuevo frente, a la espera de que los alcanzaran los ejércitos mixtos, cuya función era, además, ocupar los lugares estratégicamente importantes: ciudades, zonas fabriles, depósitos, campos de prisioneros… Las tropas enemigas eran una cuestión secundaria. Cortadas de su retaguardia, aisladas del mando y sin cadena logística, se veían abocadas a una larga marcha de retirada, perdiendo su material y su espíritu combativo por el camino, antes de acabar enfrentándose a los ejércitos de carros, ya desplegados, que les cerraban el acceso hacia sus propias líneas. Los soldados que lo conseguían solían ser hombres destrozados, que necesitaban un largo periodo de recuperación antes de volver, si era posible, a ser combatientes eficaces.

Viene de El Arte Operacional del Ejército Rojo

  1. Carlos López says:

    Me parece curioso lo que comentas al final del artículo de que las tropas enemigas eran cuestión secundaria, porque es el concepto opuesto al alemán de la operación Barbaroja, en la que buscaban grande batallas de envolvimiento con el fin de acabar con el mayor número de soldados enemigos posible.

    No sé si esto obedecía a una diferente concepción del arte militar o más bien al fin último de la guerra (conquista de “lebesnraum” por parte alemana, o de liberación de la patria propia y aniquilación de la del enemigo en el caso soviético).

    ¿Alguna opinión al respecto?

  2. Javier Veramendi B says:

    Jejeje. En la cuarta entrega de la serie haremos una comparación con la idea de “guerra móvil operacional” (más conocida como blitzkrieg) desarrollada por los alemanes.
    Así que… no se me adelanten.

  3. norberto says:

    excelernte articulo – es la teoria mejor explicada de ataques de profundidad – es exactamente lo que sucedio en la guerra de Yom Kipur, cuando el General Sharon cruzo el canal de Suez entre las Armadas 2 y 3 del ejercito Egipcio, y a continuidad envolvio a los mismos en bolsas, que como resultado final los egipcios pidieron el alto del fuego/\.

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