Durante la Operación Barbarroja, una de las tácticas favoritas de los brandeburgueses, que se convertiría en uno de sus sellos distitntivos, consistía en capturar camiones soviéticos y pegarse a la cola de las columnas rusas en retirada.

Brandeburgueses en un camión soviético

En otras ocasiones, las patrullas de brandegurgueses penetraban cientos de kilómetros detrás de las líneas soviéticas para llevar a cabo operaciones de reconocimiento, espionaje y sabotaje. Para reunir información sobre los movimientos de las tropas enemigas, esas patrullas no solo no eludían a las unidades soviéticas, sino que buscaban entrar en contacto con ellas.

Necesariamente, los disfraces de los brandeburgueses eran tan infalibles como lo permitiera el ingenio de sus miembros. Sus uniformes soviéticos eran auténticos hasta el último detalle; incluso las cartas falsas de los seres queridos tenían direcciones correctas. Sin embargo, el idioma planteaba un problema peligroso para las unidades de brandegurgueses que pululaban entre las unidades soviéticas. Los comandos que no hablaban ruso con la suficiente fluidez, a menudo trataban de protegerse haciéndose pasar por heridos, se vendaban y fingían estar inconscientes o gemían fuertemente para evitar que los rusos les hicieran preguntas. Otros comandos fingían ser miembros de grupos étnicos que no hablaban ruso, un truco que algunas veces los puso en apuros.

Brandeburgueses mimetizados

En una ocasión, en el eje de avance de los ejércitos alemanes en el Cáucaso en el verano de 1942, una unidad de brandeburgueses se vio en dificultades en un puesto de control. Los brandeburgueses iban, como de costumbre, en un camión del Ejército Rojo y se hicieron pasar por rezagados que venían del frente. Se les ordenó bajarse del vehículo para registrarlo. Mientras permanecían a un lado del camino, un suspicaz comisario político se acercó para interrogarlos. Dio la casualidad que se dirigtió a un joven suboficial de Hamburgo que no hablaba una palabra de ruso.

Rápidamente intervino el comandante de los brandeburgueses. «No conseguirá sacar nada de él, es armenio». Pero para desgracia de los alemanes, el comisario era armenio, y se dirigió en su lengua nativa al oficial germano. Tras un silencio tenso, el comisario hizo el ademán de desenfundar su pistola. El comandante alemán fue más rápido. Sacó la pistola en el mismo instante y mató al comisario, dando órdenes de evasión general. Los comandos habían practicado muchas veces qué hacer en esas situaciones. Disparando a discreción  para protegerse, volvieron a subir al camión y se alejaron a toda velocidad antes de que los rusos del puesto de control pudieran asomar la cabeza.

En otra ocasión, en el eje de avance del Grupo de Ejércitos Norte, disfrazados de soldados rusos heridos, un destacamento de los brandegurgueses se unió a los elementos de retaguardia del ejército soviético durante el avance alemán sobre Letonia. Cuando los últimos vehículos rusos cruzaron el puente sobre el río Dvina, los comandos «heridos» se deshicieron de los vendajes, mataron a los ingenieros rusos que se disponían a volar el puente, y lo conservaron hasta que llegaron las primeras tropas alemanas. El golpe de mano de los brandeburgueses permitió al Grupo de Ejércitos Norte continuar su avance sin problemas hacia Riga, el principal puerto báltico de Letonia.

Viene de Historias de Brandeburgueses (I) – El Grupo Ruiseñor

Sigue en Historias de Brandeburgueses (III) – Mosty, la primera acción de la Segunda Guerra Mundial (5 días antes de su comienzo)

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