Mientras, como hemos visto en las tres entradas anteriores de esta serie, se rellenaban los depósitos de combustible de los aviones, se armaban y luego estos eran alzados hasta las pistas de cubierta, la flota en si maniobraba, separándose los cuatro portaaviones para que sus aparatos pudieran despegar  aterrizar sin interferir unos con otros. Mientras tenía lugar esta maniobra, las grandes antenas que flanqueaban las cubiertas, de algo más de doce metros de altura, giraban para ponerse en horizontal, a fin de no entorpecer las operaciones de vuelo. Se trataba de una maniobra que ponía de relieve una de las flaquezas de estos inmensos barcos, ya que en la nueva posición eran menos eficaces a la hora de emitir y recibir comunicaciones por radio.

El Kaga, con su peculiar chimenea lateral

Ya hemos indicado que los bombarderos en picado eran armados sobre cubierta, es lo que estaba sucediendo en el Akagi y el Kaga mientras se efectuaba la maniobra. Al igual que había sucedido en los hangares del Hiryu y del Soryu, los carros que trasladaban las bombas, esta vez del tipo 98, n.º25 –de 242 kg, cargadas con alto explosivo y destinadas para atacar blancos en tierra– se afanaban en llegar hasta los aparatos.

En esta cuestión concreta, ambos buques no eran gemelos, pues si bien el Kaga tenía un ascensor específico para las armas (cercano al de los aviones que se encontraba en el centro del buque) que llegaba hasta la cubierta de vuelo, no así el Akagi, en el que los carros eran cargados dentro del hangar para luego seguir el mismo camino que los aviones, por el ascensor de proa, hasta arriba del todo. Esto se hacía en bloques de seis carros, lo que suponía esperar a que estuvieran todos, y nuevos ciclos de espera mientras el ascensor se desplazaba.

EL Soryu. Puede apreciarse la pequeñez de su torre, que dará no pocos problemas.

Una tarea más que acometer antes de que los aviones estuvieran listos para el despegue, era calentar motores. En los buques nipones, esto se hacía siempre en cubierta, aunque en el caso delos bombarderos en picado (que como hemos visto eran armados sobre ella), el proceso podía empezar antes de haber colocado las bombas bajo el fuselaje, o llevarse a cabo a la vez. Para llevar a cabo la maniobra, uno de los mecánicos se metía dentro de la cabina mientras el otro se colocaba a la derecha del motor. Un poco más lejos, pero plenamente alerta al menor indicio de problemas, se colocaba un equipo de control de incendios. Cuando se le daba la señal, el mecánico de fuera accionaba la manivela de arranque (¡un clásico!) y el motor  empezaba a girar. Mae Hanare! Gritaba el hombre del puesto de pilotaje para que su compañero se quitara de delante de la hélice. Kontactu! Decía entonces mientras una mezcla de combustible enriquecido (para la época) de 91 octanos alimentaba la máquina, que arrancaba por fin envuelta en humo blanco.

Una vez arrancado, había que mantener el motor entre 1000 y 1500 rpm durante un rato, para que los indicadores de aceite, temperatura y otros alcanzaran el punto correcto. También se efectuaban otras pruebas cambiando la mezcla de combustible, aumentando las revoluciones y probando los mecanismos de vuelo, entre otras muchas cosas. Lo fundamental en aquellos motores tan frágiles, era detectar los problemas antes de que el avión abandonara el portaaviones, a fin de no arriesgarse a perder el aparato o los pilotos.

Listos para el despegue

Estos eran los últimos en llegar. Tras levantarse habían tenido que cumplir, por supuesto, con sus propias tareas, y cuando por fin embarcaban en sus aviones eran ellos los que tenían que hacer el último chequeo. Entonces, si todo salía bien, levantaban el puño para indicar que el aparato estaba listo. En el caso de este primer ataque de la batalla de Midway, habían pasado dos horas desde que se iniciara todo el proceso.

Lanzar la escuadrilla aérea de un portaaviones no era una tarea fácil, ni rápida.

  1. Dani says:

    Dos horas para lanzar la oleada o dos horas para preparar la oleada. Porque dado que no despegaban todos al mismo tiempo eso también consumiría su tiempo. Aunque quizás no mucho ¿?

  2. Marco says:

    Impresionante, imaginaba que era bastante trabajo y tiempo el tema, pero las cuestiones operativas se escapan un poco en la lectura de las batallas. Esto explica mucho más las limitaciones japonesas. ¿podría hacerse una comparación final con los americanos, si no tan extensa como esta, al menos como una forma de partida para diferenciar las dos premisas tacticas de ambos?

    • Dani says:

      Me sumo a la petición. Pero hay que tener en cuenta que los yankees en lo que mejoraron mucho a lo largo de la guerra fue en los procedimientos operativos. Por ejemplo los equipos de control de daños a lo largo de la guerra fueron mejorando enormemente, no se si tambien la capacidad de operar los aviones embarcados, pero suporque que también.

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