Leyendo el libro de memorias del capitán de la 9ª Compañía del III/262 de la División Azul, Serafín Pardo Martínez, me encuentro con un par de narraciones que arrojan bastante claridad al desprecio total que tenía el Ejército Soviético por sus heridos, o incluso por sus propios soldados.

Cuenta el capitán Pardo que su compañía, por entonces al mando del Capitán Jaime Milans del Bosch, había sido destinada junto con el batallón y otras unidades más de la DEV, a formar parte de la Agrupación Hoppe (Kampfgruppe Hoppe), que era la fuerza destinada a cerrar desde el sur la bolsa en la que había quedado copado el 2ª Ejército de Choque soviético del general Vlasov, tras su intento de ruptura de la línea alemana justo al norte de la división española, en el tramo de frente de la 126 DI alemana.

Las intenciones de Vlasov eran romper el frente 30 km al norte de Novgorod y envolver a todas las tropas alemanas empeñadas en el sitio de Leningrado. Tras la ruptura inicial a finales de enero de 1942, el 2ª Ejército (7 divisiones, varias brigadas y varios batallones con más de 200.000 hombres) penetró unos 80 km y fue frenado y copado en una extensa zona boscosa con el río Voljov a sus espaldas. La bolsa resistiría hasta principios del mes de julio, en que fue completamente aniquilada.

Cuenta el capitán (enconces teniente) Pardo que en una de las patrullas llegamos hasta lo que en sus tiempos fue la boca de la bolsa; por allí habían intentado inútilmente romper el cerco y el final del interminable camino que lleva al Volchow ofrece un aspecto dantesco: cadáveres de hombres y caballos, material destrozado, volcado, estrellado contra los árboles para destruirlo, al no poder retirarse.

Al llegar nosotros, aún vemos en un claro del bosque un par de ambulancias, con alguien que se mueve a su alrededor; al aproximarnos no lo dudan; sus conductores vuelcan las ambulancias y les prenden fuego ¡con sus propios compañeros dentro! Cuando llegamos las dos ambulancias son dos hogueras inenxtinguibles y entonces vemos que los heridos están dentro ardiendo. Rematar a sus propios heridos es normal en el ejército rojo, per hacerlo quemándoles vivos, no lo había visto, ni lo había oído decir. Llegamos a sacarles, pero están ya moribundos y no podemos hacer nada por ellos. Los conductores de las ambulancias se han internado en el bosque.

Unos párrafos antes de esta narración, comenta Pardo: A lo largo del río encontramos grupos de heridos rusos desperdigados; no podemos evacuarlos, los concentramos en un claro del bosque, con unos médicos y unas chicas, y les dejamos la mitad de nuestro botiquín; no podemos hacer más por ellos y allí supongo que morirían en gran proporción. También el Capitán Palacios en “Embajador en el Infierno” cuenta en el primer capítulo como las tropas rusas que habían llegado a su posición tras rendirse durante la jornada de Krasny Bor, ejecutaron a todo herido que no pudiera andar, ya fuese ruso o español.

Respecto al trato dado al soldado que se lanza al ataque, cuenta el capitán Pardo que ya en el frente de Krasny Bor el día 12 de octubre de 1942 hubo un fuerte ataque soviético, principalmente contra la línea de la 10ª compañía del capitán Portolés:

Han levantado el campo de minas de Portolés casi completamente; las minas están en montones perfectamente colocadas y bien visibles; en una noche, los zapadores rusos han levantado casi tres mil minas; cuando voy a intentar la entreda en el “El Trincherón” con mis pelotones, veo que viene la sección de asalto del batallón sobre él, así es que desisto de meterme yo también, para no complicar la situación.

Los rusos retroceden y entonces veo por primera vez una escena que ya conocía por nuestra guerra y por ésta, pero que nunca había podido contemplar como ahora; al acercarse a sus propias posiciones, se ponen en pie en el parapeto unos individuos con subfusiles y los ametrallan; no tienen más remedio que volver a atacar; nosotros aprovechamos para batirles de flanco y les hacemos muchas bajas.

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  1. Abilio Lastra García-Barón says:

    El Capitan Portoles es mi segundo abuelo, Abilio Lastra García-Barón Portoles. Que en Paz descanse .

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