Las tácticas de caballería en el siglo de oro oscilaron básicamente en dos modalidades bien diferenciadas, a saber, la Caracola, que buscaba optimizar la potencia de fuego, y la Carga, que maximizaba el impacto moral.

La Caracola fue más del gusto de las tropas católicas, y la carga, con la aparición en escena de Gustavo Adolfo, de las tropas protestantes. En ambos casos, las agrupaciones de caballería fueron integrándose en Regimientos, formaciones compactas formadas por unas 10 compañías de media formadas por unos 100 hombres cada una. España continuó con el sistema de compañías independientes que se agrupaban para combatir, lo que hizo que las críticas formaciones en las alas fuesen menos compactas y estuviesen menos cohesionadas, y que a la postre tendría su importancia en batallas tardías como Rocroy.

La táctica de combate de la caballería canónica se denominaba Caracola, un ataque con pistolas. William P. Guthrie, autor de Batallas de la Guerra de los Treinta Años, expone de forma muy clara las distintas modalidades. Había hasta cuatro variedades principales que reciben el nombre de caracola simple, caracola auténtica, limaçon, y caracola protestante. Todas consistían en un ataque montado en el que se disparaba sin establecer contacto directo.

En la Caracola Simple, la formación se acercaba a distancia de disparo y se detenía. Abría fuego la primera fila, que luego iba a retaguardia a recargar, mientras la segunda fila disparaba, exactamente como una contramarcha de infantería. En general se solía romper el contacto tras una o dos descargas completas, es decir, no se agotaba la capacidad de fuego de la profundidad de la formación.

La Caracola Auténtica se ejecutaba de igual modo, pero la unidad se detenía a unos 50 metros del objetivo y cada fila de forma independiente se acercaba al blanco para disparar de forma sucesiva. Así, en todo momento, el grueso permanecía detrás como una fuerza de cobertura.

   

Batallas de la Guerra de los Treinta Años, William P. Guthrie (en 2 volúmenes)

La Limaçon o Caracol era parecida a la Caracola Auténtica, pero los disparos se hacían por columna en lugar de por fila. Cada columna en sucesión, empezando por la izquierda, se aproximaba al blanco, giraba a la izquierda, se posicionaba paralela al frente enemigo, realizaba la descarga, y luego cabalgaba por detrás del cuerpo hasta ocupar su posición original y recargar. Esta maniobra era particularmente popular entre los arcabuceros a caballo.

La Caracola Protestante era un tanto aparatosa, aunque fácil de llevar a cabo. Toda la unidad se acercaba a distancia de fuego y la primera hilera disparaba sus pistolas, luego la unidad, toda, giraba bruscamente a la izquierda de manera que la columna de la mano derecha pudiera disparar. Algunas veces la unidad continuaría girando, dándose la vuelta completamente, de manera que la columna situada más a la izquierda también pudiera disparar. La Caracola Protestante se consideraba idónea para unidades que no habían recibido entrenamiento para ejecutar maniobras más complicadas, o si el comandante pretendía cargar después de la descarga inicial.

Pintura de una batalla de la época donde se aprecia una Caracola sui géneris.

La Caracola, también llamada Guerra Barroca, ha sido muy denostada en los últimos tres siglos por la historiografía protestante que, en contraposición, ha alabado la carga de Gustavo Adolfo . Cosa que resulta curiosa cuando la Caracola busca precisamente la maximización de la potencia de fuego, exactamente la misma obsesión mostrada por Guillermo de Nassau, de Gustavo Adolfo y de otros reformadores a la hora de diseñar los batallones de infantería con poca profundidad para emplear la salva y maximizar la potencia de sus bocas de fuego.

Obviamente, las cosas no se hicieron porque sí durante más de un siglo, ni los generales católicos fueron unos incapaces, al contrario, solían ganar las batallas, aunque no se deduzca eso de  cierta historiografía. Como han puesto de manifiesto el propio Guthrie,  la verdadera fuerza de una carga de caballería es moral, no física.

La espada y la lanza son instrumentos de muerte ineficientes; incluso el intercambio de disparos más trivial produciría más daños que un encuentro a caballo, así que puestos a hacer daño, o a provocar un derrumbe moral, es mejor la Caracola que la Carga. La Carga puede romper o dispersar una unidad; pero no producirá muchas bajas: esa puede ser su miseria o su grandeza, y lo veremos en la próxima entrada, donde entraremos de lleno con ella.

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    • Hugo A Cañete says:

      Hola Dani, no paraban. Cuando llegaban frente a la línea enemiga giraban, generalmente a la izquierda, y con el caballo en paralelo al enemigo extendían la mano en ángulo recto respecto del caballo y disparaban, así podían quitarse rápido de la línea de fuego y evitaban quemar la cabeza del caballo con el disparo. También se daba, más tardiamente la modalidad de disparo y carga, en ese caso se acercaban al trote, disparaban y a pocos metros arremetían al galope. Saludos

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