Gonzalo Fernández de Córdova, su nombre resuena a lo largo de toda nuestra historia, desde sus primeras campañas en Andalucía, contra los nazaríes de Granada, pasando por Italia, donde se ganó el sobrenombre de “Gran Capitán”, hasta diferentes períodos de nuestra historia posterior a su muerte, donde se le ensalzó como héroe nacional y promotor de una de las grandes revoluciones de la historia militar, la que llevó a los ejércitos hispánicos desde la edad media a la moderna.

Sin embargo, la historia es una gema con muchas facetas, y como toda figura recordada, popularizada y mitificada, el “Gran Capitán” fue mucho más, y a la vez mucho menos que lo que habitualmente tendemos a contar. Participó en los importantes cambios militares que tuvieron lugar en los albores de la edad moderna, es cierto, pero más como protagonista, e incluso tal vez como “usuario”, que como amo y señor, promotor y Deus ex machina de dicha “revolución”.

Hijo segundón de una familia noble, consiguió abrirse camino, no al primer intento, alegando su parentesco con Fernando de Aragón, que lo acogió en su corte, le dio formación y los escuchó. Fueron años cruciales, en los que el “caballero medieval” se fundió con el “general renacentista”. Gozando de la protección del rey, quien recompensó sus servicios con un ventajoso matrimonio, participó en la Guerra de Granada, donde su esposa le consiguió el favor de la reina cuando, tras incendiarse la tienda de Isabel, le proporcionó su propio ajuar.

El Gran Capitán frente al cadáver de su enemigo, el duque de Nemours, tras la batalla de Ceriñola.

Tras Granada y tal vez el primer contacto con el cinismo político de Fernando, partió a Italia para luchar por la casa real de Nápoles, una familia compleja, amenazada por la invasión francesa de Italia. En estos años nace la leyenda, a través de dos campañas que verán largos asedios, victorias fulminantes y hechos de armas prácticamente inéditos, como Ceriñola y el Garellano, en los que la caballería francesa inició su declive definitivo frente a los “simples” infantes armados con mosquetes. Y también a través de un curioso intermedio entre ambas, cuando pone su habilidad y sus armas al servicio del papa Alejandro Borgia, otro de los actores fundamentales del drama italiano de la época, conquistando Ostia y celebrando uno de los últimos triunfos de la urbe romana.

El puente del Garellano, el caballero Bayard conteniendo a los españoles.

Todo gran éxito supone la aparición de envidiosos y maledicentes, tanto más en distancias tan largas, temporal y físicamente, como las de aquella época, pero el declive del “Gran Capitán” tuvo mucho que ver tanto con él mismo y la extraordinaria posición de poder a la que se vio aupado tras sus exitosas campañas italianas como con la política castellana. Tras la muerte de la reina Isabel de Castilla, su yerno Felipe el hermoso pugnó por ejercer el poder real en aquella mitad de la península, de la que el rey Fernando solo era regente. Si Felipe tenía éxito, entonces Gonzalo Fernández de Córdova, como buen vasallo castellano, debía obedecerlo y poner bajo su control los territorios italianos que había conquistado para Fernando, algo que, después de tantos esfuerzos, el de Aragón no estaba dispuesto a permitir. La oportuna muerte del pretendiente y la locura de la reina Juana eliminaron esta posibilidad, pero hicieron que el vencedor se diera cuenta de cuan precaria sería su situación mientras el “Gran Capitán” gobernara en Italia.

La revista Desperta Ferro Historia Moderna que sale hoy a la venta nos cuenta todo esto y mucho más, empezando por la situación de Italia antes de las campañas, y luego la educación del Gran Capitán, sus campañas, repartidas en tres artículos, y otras muchas cosas, todo ello sin olvidar las famosas “cuentas”. Esperamos que os resulte de interés.

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