Presentamos hoy un interesantísimo análisis de nuestro colaborador Pablo García Sanchez de un documento español que preveía las disposiciones más urgentes ante una guerra inminente con Estados Unidos.

Onís

Introducción histórica

El documento de dicho nombre que vamos a tratar a continuación es un claro ejemplo de la grave situación de crisis y descontrol en que se veía inmersa la corona española en relación a sus posesiones en América. Eran tiempos difíciles a nivel general para la nación, pero es cierto que esta crisis se hizo mucho más patente en las posesiones en ultramar de España. Nuestro documento, perteneciente al Archivo General de Indias y fechado en 1817 refleja fielmente los problemas a los que se enfrentaba España, puesto que a las tensiones internas independentistas se unían las ansias expansivas de un ambicioso vecino como los Estados Unidos.

El documento se trata de una carta de José Pizarro, Secretario de Estado, a Juan Esteban Lozano de Torres, Secretario de Gracia y Justicia. Lozano de Torres, siendo consejero de Estado honorario, fue nombrado por el mismísimo rey Fernando VII Secretario del Despacho de Gracia y Justicia el día 29 de enero de 1817.[1] La carta que le es enviada a Lozano de Torres, le fue enviada por orden real a todos los ministerios con la intención de tratar de solucionar lo antes posible la grave crisis que se estaba dando en la Florida.

Florida había permanecido bajo el gobierno español desde 1565, sin embargo en el año 1763 tuvimos que renunciar a ella, entregándosela a los británicos a cambio de que nos devolviesen La Habana, que habían tomado en agosto de 1762 durante la Guerra de los Siete Años. La Florida permaneció bajo el poder británico hasta 1783, en que los Estados Unidos consiguieron independizarse de la corona británica tras una larga guerra (1775-1783). En la independencia de los Estados Unidos había colaborado España a través del apoyo económico y militar, con figuras muy destacadas como la de Bernardo de Gálvez.

En compensación a la ayuda prestada a los Estados Unidos, Inglaterra se vio obligada a devolver la Florida a sus legítimos dueños tras las firma en 1783 del Tratado de París. España conservó la división que habían realizado los ingleses entre las dos Floridas: la del este con capital en la ciudad de San Agustín y la del oeste con capital en Pensacola, siendo esta última la de mayor tamaño y población.[2]

Adams

Una vez que la Florida volvió a estar bajo el poder español, su nuevo gobernador Manuel de Zéspedes se encontró con una provincia muy despoblada debido a que la mayoría de los colonos británicos que se habían instalado en ella anteriormente se negaron a vivir bajo el gobierno español y se marcharon. Consciente de que en una situación así la Florida era un objetivo muy atractivo para el expansionismo americano Zéspedes intentó atraer nuevos residentes, sin embargo a estas alturas La Florida no atraía demasiado a los españoles pues tenía fama de ser territorio fronterizo de poca estabilidad, ocupado por indios, negros fugados, blancos proscritos y encima con unos codiciosos vecinos al lado. Se consiguió que viniesen algunas personas de la Península, pero finalmente se permitió la llegada de muchos colonos norteamericanos, llegando a ofrecerse a estos nuevos colonos una generosa cantidad de tierras para atraerlos.

Sin embargo la presión sobre la Florida occidental por parte de los americanos era bastante intensa, puesto que el entorno del río Mississippi estaba poblado en gran medida por colonos y comerciantes americanos y cuando España cerró el tránsito libre por el río, se dieron unas serias tensiones con los Estados Unidos que obligaron a reabrirlo. Esto dio lugar a la firma en 1795 al Tratado de San Lorenzo del Escorial, por el cual se otorgaba a los americanos el libre acceso al río, se les permitía el uso del puerto de Nueva Orleans para el depósito de mercancías y se retrasó la frontera hasta el paralelo 31º.[3] De este modo quedaba en manos de los Estados Unidos este territorio, creándose el nuevo territorio de Mississippi, que en 1817 se convertiría en estado.

Mayores complicaciones para España supuso la Luisiana. Por el Tratado de San Ildefonso en 1800 España le entregó la Luisiana a Napoleón, sin embargo este se la vendió en 1803 a los Estados Unidos. El problema era que en el Tratado de San Ildefonso no se establecieron claramente cuáles eran los límites del territorio, esto dio pie a que los americanos reclamasen que la cesión incluía los territorios de la Florida occidental.

El interés de los americanos en la Florida occidental se basaba en la defensa de Nueva Orleans peros sobre todo en la navegación del río Mobile. Este río nacía en territorio americano y entraba después en los territorios de la Florida, desembocando en la Bahía de Mobile. Los americanos deseaban tener la libre navegación del río para poder sacar sus mercancías al mar e introducir productos desde el exterior.

En 1804 un grupo de insurgentes de la frontera trataron de sublevarse en la población de Baton Rouge bajo el liderazgo de los hermanos Kemper. Sin embargo de consiguió detener a los insurgentes, quienes huyeron. Estos insurgentes mantenían que querían liberar la Florida para entregársela a un gobierno acostumbrado a la libertad, en resumen aunque no tenía un apoyo oficial del gobierno americano este tipo de acciones mostraban los intereses de los Estados Unidos.[4]

A pesar de no secundar la iniciativa Estados Unidos reclamó el territorio de Florida desde el Río Perdido al Mississipi. Se produjeron nuevos movimientos de insurrección en Baton Rouge en 1806 y 1810, provocados de nuevo por los intereses norteamericanos. Debemos resaltar que desde comienzos del siglo XIX la autoridad española sobre sus colonias era muy débil debido a que tras la derrota naval de Trafalgar en 1805 la flota se había visto muy mermada, lo que dificultaba el mantenimiento del control de los territorios ultramarinos. A esto debemos sumar la invasión francesa de 1808 que absorbió todos los esfuerzos y recursos de España. Está claro que en estas circunstancias los Estados Unidos podían actuar libremente a su antojo.

Podemos señalar el comienzo del final de la presencia española en Florida en 1810, cuando tras la insurrección de Baton Rouge de ese año el presidente americano James Madison realizó la Proclama del 27 de octubre, autorizando a tomar posesión de la Florida occidental hasta Río Perdido. Estos dos hechos tienen una relación muy interesante: los Estados Unidos buscaban tomar posesión de la Florida siempre que la autoridad española estuviese de acuerdo, o en caso de que el territorio estuviese en peligro de ser ocupado por una potencia extranjera.[5] Amparándose en estas premisas los Estados Unidos decidieron que debido a la situación de descontrol que se estaba viviendo en sus fronteras a causa de las continuas insurrecciones, podían intervenir para evitar que actuase otra nación extranjera o para que el caos no se expandiese a los territorios americanos vecinos. De este modo los americanos tenían justificación para actuar y se ordenó al gobernador William Clairbone que ocupase todo el territorio hasta el Río Perdido, evitando a ser posible la lucha con las fuerzas españolas. La falta de recursos españoles permitió que para el 10 de diciembre los americanos se hubiesen hecho con Baton Rouge y todo el espacio hasta Río Perdido, a excepción de la plaza de Mobile.[6]

El origen de la intervención americana en la Florida occidental se remonta al 2 de diciembre de 1810, fecha en la que el gobernador español Vicente Folch (alarmado por los graves sucesos de Baton Rouge y temiendo por la las vidas y propiedades de la gente bajo su mando) ofreció al Secretario de Estado americano entregarles la Florida en depósito, debido a la falta de ayuda que había pedido a México y Cuba, ya que los Estados Unidos serían capaces de restaurar el control. Se establecieron las debidas comisiones para llevar a cabo esta decisión, sin embargo el 27 de febrero de 1811 tras recibir ayuda desde el Virreinato de Nueva España Folch se echó atrás y se negó a negociar con los representantes americanos la entrega de los territorios de la Florida occidental aún bajo su control.

Mapa de América del Norte en 1819.

A pesar de esta decisión los americanos siguieron insistiendo en el traspaso a través de su enviado, el general Mathews. Sin embargo Folch les aclaró que si había hecho tal propuesta se debía a que en la grave situación en la que se encontraba prefería rendirse a los Estados Unidos que a una partida de rebeldes. Sin embargo la decisión de Folch tendría una grave repercusión, puesto que cuando esta llegó a los Estados Unidos, el presidente Madison obtuvo del Congreso autorización para ocupar la Florida occidental debido a la situación de crisis que afectaba a la seguridad americana.

Mientras esto ocurría en la Florida occidental, en la oriental se designaba como nuevo gobernador tras la muerte de Enrique White a Sebastián Kindelán.[7] Este se encontró en una situación muy grave, con los Estados Unidos deseando hacerse con su territorio. Dado que los americanos habían negociado con Folch, era muy probable que llegasen agentes americanos con la intención de evitar resistencias a la invasión planeada. Sin embargo cuando Kindelán tomo posesión de su cargo el 11 de junio de 1812, se encontró con que los americanos ya estaban dentro su provincia.

Esto se debía a que una vez obtenida la Florida occidental los ojos americanos se dirigieron a la oriental, puesto que había muchos factores a su favor. La población de Tennessee y Georgia ambicionaban las tierras de la península, muchos de sus pobladores se habían asentado allí por concesiones de la autoridad española, se establecería una frontera marítima natural más segura que una en Georgia y se acabaría con el control español de la navegación entre el Golfo de México y el Atlántico.[8]

De este modo el general Mathews recibió poderes para tratar de hacerse con la Florida oriental, siguiendo el ejemplo de lo que había ocurrido en Baton Rouge Mathews alistó aventureros y voluntarios y lanzó esta partida de insurgentes al territorio español. Estos insurgentes, apoyados con barcos americanos, decidieron atacar el puerto comercial de Fernandina, en la isla Amalia, haciéndose con el tras rendir a la guarnición española allí presente constituida por 10 hombres.[9] Este es el panorama que se encontró Kindelán, quien escribió al gobernador de Georgia (de donde habían partido los insurgentes) exigiéndole la retirada de las fuerzas americanas.

Esta situación dio lugar a que James Monroe, Secretario de Estado, se viese obligado a condenar la actitud de Mathews y a comprometerse a abandonar la Florida oriental, asegurando que se devolvería Fernandina inmediatamente. Esto se debía a que en aquellos momentos los Estados Unidos sostenían un enfrentamiento con el Gobernador británico del Canadá, a quien acusaban de intrigar con ciudadanos americanos en contra de la seguridad, a pesar de no haber un estado de guerra. De esta forma el presidente Madison se veía acusado por España de su propia imputación contra el gobernador canadiense. Antes que verse relacionado con un procedimiento artero y en una guerra, Madison decidió frenar la expansión por la Florida oriental. De este modo su secretario Monroe ordenó formalmente que se retiraran las tropas, sin embargo con la intención de mantener sus posesiones se ordenó que la retirada se hiciese de la forma más lenta posible y siempre que las autoridades españolas concediesen la amnistía a todos aquellos que habían acompañado a Mathews, así tenían un pretexto para no realizar la evacuación. El 9 de diciembre de 1812 las Cortes españolas decidieron conceder el indulto y en marzo de 1813 Monroe acordó retirar definitivamente las tropas americanas de la Florida oriental.[10]

Contiuará en la próxima entrada.

[1]Martín de Balmaseda, Fermín. Decretos del rey don Fernando VII: año cuarto de su restitución al trono de las Españas. Se refieren todas las reales resoluciones generales que se han expedido por los diferentes ministerios y consejos en todo el año de 1817, Volumen 4. Madrid: Imprenta Real, 1818, pág. 23.

[2] Cardelús, Borja. La Florida española. Madrid: Centro de Cultura Iberoamericana: Polifemo, 2013, pág. 247.

[3] Cebrián González, Carmen. Cambio y permanencia: La Florida española, 1783-1821. Cádiz: Diputación Provincial de Cádiz, Servicio de Publicaciones, 1999, pág. 101.

[4] Sánchez-Fabres Mirat, Elena. Situación histórica de las Floridas en la segunda mitad del siglo XVIII (1783-1819): los problemas de una región de frontera.
Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores, Dirección General de Relaciones Culturales, 1977, págs. 256-257.

[5] Guerra, Ramiro. La expansión territorial de los Estados Unidos a expensas de España y de los países Hispanoamericanos. La Habana: Edit. de Ciencias Sociales, 1975, pág. 108.

[6] Onis, Luis de. Memoria sobre las negociaciones entre España y los Estados Unidos de América. Madrid: José Porrúa Turanzas, 1969, pág. XII.

[7] Cebrián González, Carmen. Ob. cit. Pág. 110.

[8] Ruiz Rodríguez, José Ignacio. La formación de las fronteras estadounidenses en la América española. Madrid: Dykinson, 2013, pág. 87.

[9] Guerra, Ramiro. Ob. cit. Págs. 110-112.

[10] Sánchez-Fabres Mirat, Elena. Ob. cit. Págs.283-284.

  1. dani says:

    Si es que de donde no hay no se puede sacar. Sin población «española» y sin guarnición difícilmente se podía mantener Florida en la corona.

    • José Manuel says:

      Repasando el estado del armamento de las distintas unidades, lo realmente meritorio es que se llegase a esta situación ya que todo era desastroso.

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