Día del Ultimátum, pasadas las 18:30. Desazón en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

BELGRADO. El barón Giesl acaba de marcharse y Pacu tiene que actuar.

Para empezar reúne a todos los ministros que están en la capital para analizar el texto entre todos. Según las crónicas, se hizo “un silencio mortal, porque ninguno quería ser el primero en expresar sus pensamientos”. Parece que a pesar de todo y aunque esperaban la llegada del ultimátum, hay cierta sensación de sorpresa entre los presentes, pues habían esperado que los alemanes contendrían a Viena en el último minuto. “No nos queda más opción que oponernos”, dice entonces Ljuba Jovanovic, el Ministro de Educación, que es  el primero en hablar.

Sin embargo, a efectos prácticos nada puede hacerse sin Pasic, y este no parece dispuesto a volver.

Alexander Karadgeorgevic, Príncipe Regente de Serbia y Futuro Alexander I de Yugoslavia.

NIS, tras su discurso electoral y, para entendernos, antes de recibir la llamada de Lazar Pacu pidiéndole que vuelva y de saber oficialmente que hoy es el día del ultimátum, el Primer Ministro Pasic, ya sea por intuición o porque tiene información privilegiada, ha propuesto a Sajinovic, Director Político del Ministerio de Asuntos Exteriores, marcharse los dos a pasar tres días de incógnito en Salónica.

Poco después ha llegado la llamada de Primer Ministro en funciones, pero a pesar de que este ha insistido en que no será una nota cualquiera, Pasic se ha negado a volver y toma el tren a Salónica. Sin embargo, a la altura de Lescovac el convoy es detenido por un funcionario que tiene en la mano un telegrama del mismísimo Príncipe Regente Alexander, pidiéndole que vuelva, y el Primer Ministro accede.

BELGRADO. Parece que finalmente el Ministro de Finanzas ha resultado ser un hombre de recursos y ha conseguido hacer que su jefe vuelva. Y además, mientras tanto, sigue actuando. Primero envía una nota a las legaciones serbias indicando que las demandas austríacas son de tal calibre que el gobierno serbio no puede aceptarlas en su totalidad. Luego se Reúne con Strandmann, representante Ruso en Belgrado tras la muerte de Hartwig, para hacerle la misma declaración. Y finalmente se reúne con el Príncipe Alexander en persona, quien pone su fe en la magnanimidad del Zar “cuya poderosa palabra es lo único que puede salvar a Serbia”.

 

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Viene de: El Día del Ultimátum, 18:15. La Nota Aclaratoria.

Sigue en: El Día del Ultimátum, final del día. El Valor de un Detalle.

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