Con motivo del centenario del Desastre de Annual, Ediciones Salamina ha publicado su tercer Cuadernos de Salamina rescatando del olvido un documento célebre de su tiempo. La defensa que hace Luis Rodríguez de Viguri del general Navarro por su actuación en el desastre y los sucesos de Monte Arruit, del que sigue un extracto:

El telegrama en que el General Silvestre daba cuenta de que comenzaba la evacuación de Annual determina al General Navarro a volver al frente, donde juzgó estaba su puesto de honor, y si bien desconociendo la muerte del Comandante general, sospechaba fundadamente que éste insistiría en la orden que le había dado el día anterior, y tendría, por tanto, que regresar en la misma noche a Melilla, previene al Coronel más antiguo de que debía encargarse del mando accidental de la Plaza y emprende la marcha con el Jefe de la sección de campaña, Comandante Simeoni, y el Capitán de Estado Mayor Sánchez Monje, a quienes acompañaba uno de los Ayudantes del General Silvestre, que, preocupado por su suerte, quería incorporarse a su Cuartel general.

Conocidas son las circunstancias en las que llega al General Navarro la primera noticia del drama desarrollado en Annual, al en contrar entre Zeluán y Monte Arruit el automóvil en el que, con el Comandante de Ingenieros Alzugaray, venía a la Plaza el hijo de Fernández Silvestre; al mismo tiempo que las noticias sobre la suer te de éste, bien poco precisas, le previenen de la grave responsabilidad que la sucesión en el Mando le impone, conoce también los principales episodios de la retirada, tal como Alzugaray la había presenciado, y comprendiendo que no hay tiempo que perder, autoriza a dicho Comandante para seguir a Melilla, encargándole que dé cuenta de lo ocurrido a los coroneles que allí quedaban; acertadísima resolución, que merece también la censura del Fiscal, que entiende que en este caso lo que debió hacer Navarro fué enterarse por sí mismo, y en cumplimiento del artículo 764 del Reglamento de Campaña, tomar las oportunas disposiciones, puesto que por ordenanza asumía el mando de la Comandancia general.

Sin duda debe haber error enn la cita del artículo, y mucho mayor al suponer que el General Navarro no se enteró por sí mismo de la situación, pues no otra cosa fué la que hizo, y porque se enteró de lo que el Comandante Alzugaray sabía, es por lo que aprovechó su ida a la Plaza, para encomendarle transmitir verbalmente a los coroneles las noticias, evitando así la demora que supondría el empleo de otro medio de comunicación, y utilizando, en último término, la facultad que, unos renglones después que el artículo sobre unidad de mando, citado por el Fiscal, concede el mismo Reglamento de campaña al superior de poder emplear a todos y a cada uno de sus subordinados en la forma que crea conveniente, precepto más aplicable al presente caso que el artículo 764, como no sea que gratuitamente, y sin el menor testimonio en que apoyarse, juzgue el Fiscal que lo que el General Navarro ordenó a los corone les que quedaban en la Plaza era someterse al parecer de Alzugaray. De letra del propio Simeoni hay en uno de los cuadernos de apuntes unidos a la causa una nota en lápiz, en la que el Jefe de Estado Mayor registra la orden de comunicar a Melilla las noticias recibidas.

Entrada a Monte Arruit después del desastre

Nada decimos respecto del regreso a Melilla del ayudante del General Silvestre, D. Tulio López, acompañando al hijo de aquél, porque, a pesar de emplear el Fiscal la frase de «los dejó marchar a Melilla», mencionándolos en unión del Comandante Alzugaray, es tamos seguros de que esto puede ser un defecto de expresión, no intencionada censura, pues era la única determinación que en aquellas circunstancias se debía adoptar.
Errónea es asimismo la afirmación del Fiscal relativa a que la primera resolución adoptada por el General Navarro, como sucesor en el mando, fué la de armar varios grupos de indígenas de las cabilas de retaguardia, que envió también a Dríus, resolución que, según dice textualmente se comenta por sí sola.

Confieso que esta afirmación del escrito acusatorio del Fiscal me ha obligado a una minuciosa investigación de todos los testimonios aportados a la causa por los testigos que con este hecho pudieran relacionarse en algo, pues aunque el señor Fiscal afirma rotundamente que es e1 General Navarro quien confiesa haber tomado esta determinación, entendía yo que siendo la declaración de éste tan clara y su consulta en cualquier momento labor tan sencilla, el error en que incurría la fiscalía debía ser en la referencia al testimonio que se invocaba, no en el hecho imputado, pues en escrito de tanta trascendencia y para fundamentar una grave acusación no imaginaba que se pudiese achacar a la propia declaración del procesado, no ya una cosa distinta, sino contraria a lo que en ella se consigna. Pero cuando consulté una por una las declaraciones de oficiales de Policía y jefes de posición, los diarios de operaciones y las carpetas de telegramas, sin encontrar el más leve indicio en que tal imputación pudiera apoyarse, me convencí, con trabajo -y, ¿por qué no decirlo?, con amargura-, de que para formular un cargo más se invocaba un testimonio, sin previa comprobación de la exactitud de la cita.

General Navarro

En efecto, en su declaración de 27 de febrero del pasado año, que figura al folio 2.700 vuelto, el General Navarro se ocupa en tres pasajes distintos de este asunto, y dice textualmente lo siguiente: «… re cordando también que a aquella hora estarían ya marchando entre Batel y Dar Dríus tres o cuatro núcleos de indígenas, que habían sido armados en el primero de los citados puntos, a fin de formar una harca amiga, último de los últimos recursos, todos ellos procedentes de cabilas de retaguardia, dejé seguir al Comandante Alzugaray…» Después de relatar lo que hizo en Arruit, un poco más adelante añade el General que continuó a Batel, «y allí se informó de que la harca amiga había sido efectivamente armada de fusil máuser y continuaba la marcha hacia Dar Dríus». Y renglones después manifiesta que trató de alcanzar la harca, «lo que consiguió a pocos kilómetros, haciéndola volver a Batel, para que se le recogiese el armamento máuser y se les devolviese el poco, malo y viejo que allí habían depositado, disponiéndolo así los oficiales que los guiaban».

Es decir, que la primera preocupación del General Navarro, aun antes de tomar realmente el mando, cosa que no hizo hasta que en Dríus confirmó la verdad de la desaparición del General Silvestre, fué preocuparse, no de «armar», sino de «desarmar» los grupos de cabileños que antes de evacuar Annual se había ordenado reunir al Capitán Agulla, y a quienes se acababa de entregar el máuser, impidiéndose así que al llegar a Dar Dríus fuesen un elemento más de perturbación. Para el Fiscal, el aumento de las fuerzas indígenas era en tan críticos momentos un nuevo peligro, y eso mismo entendió el General Navarro, que, aun sin quererlo, resulta elogiado en este cargo que contra él se formula.

FICHA DEL CUADERNO:

Tamaño: 17×24 cm.
Nº de páginas: 70
Edición ilustrada con  fotos y mapas.
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788412192360
Año edición: 2021
Precio: 10€

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