Pese al atractivo que despiertan los submarinos alemanes y las manadas de lobos de la Segunda Guerra Mundial, la vida dentro de un submarino durante una patrulla distaba de ser un crucero placentero.

Los alemanes consideraban a sus lobos de mar como héroes que llevaban vidas glamurosas, pero la realidad de la vida en un submarino alemán era lago completamente distinto. En los submarinos se vivía en un mundo angosto y fétido, y la vida era una mezcla de aburrimiento, incomodidad y terror. Las tripulaciones ocupaban aposentos atestados de maquinaria, instrumentos o torpedos, y dormían en planchas encima de éstos hasta que eran utilizados contra blancos, dejando sitio para literas y hamacas.

Los motores diesel elevaban la temperatura hasta casi los 50 grados. El aire se volvía sofocantemente rancio durante los largos periodos bajo el agua. El agua potable era escasa, no había duchas y nadie se bañaba durante los hasta tres meses que duraba una patrulla. El olor de los sudorosos cuerpos se añadía al olor de sentinas, letrinas, cocina ropas mohosas, gasoil y a la colonia al limón que utilizaban los hombres para eliminar la sal de sus rostros.

No había intimidad ni tranquilidad. De fondo había siempre luces encendidas, el chillido de las comunicaciones por radio, el siseo de las mojadas botas de goma, el zumbar de una bomba de sentina, el sorber de las válvulas de entrada de aire y el pulsar de los motores diesel.

El peligro estaba siempre presente. Con mal tempo, el océano saltaba por encima de la torreta en sólidos muros verdes, a veces arrastrando a los hombres por encima de la borda. En octubre de 1941, cuando el U-106 cruzó el golfo de Vizcaya en un tranquilo día azul, una nueva guardia salió al exterior para descubrir que los cuatro hombres del turno anterior a los que acudían a reemplazar habían desaparecido. Una tremenda ola de popa los había barrido.

Estos siniestros incidentes se añadían a la paranoia que los alemanes llamaban Blechkoller, o neurosis de la lata de conserva, una forma de tensión nerviosa que podía conducirles a una violenta histeria, particularmente bajo ataques con cargas de profundidad. Cuando los cazasubmarinos aliados abandonaban un ataque, el primer pensamiento del comandante era llevar su submarino a respirar a la superficie. El pánico entre la tripulación tenía que ser calmado inmediatamente a través del liderazgo, la experiencia y la frialdad del capitán. Con suerte, pronto hallarían una presa y la victoria aliviaría la tensión de sus tripulantes.

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  1. Gluntz says:

    Por no hablar, del peligro que suponía que las baterías del submarino entraran en contacto con el agua de mar (ante cualquier vía de agua producida por un impacto enemigo, por ejemplo), ya que se generaba gas cloro (Cl2), un compuesto letal que envenenaba la ya de por sí viciada atmósfera del submarino.

    Saludos

  2. dani says:

    La vida de los submarinistas era glamurosa cuando estaban en tierra, porque el Alto Mando los mimaba con las mejores instalaciones y la mejor comida y otras comodidades.
    Tengo entendido que los submarinos norteamericanos eran mucho más cómodos, por ejemplo contaban con aire acondicionado. A parte de ser más grandes y por tanto más cómodos. Por otra parte la amenaza antisubmarina japonesa no era tan alta como la aliada.

  3. Sinan says:

    En el libro de Osprey «Blue Division Soldier 1941–45» se dice «The fights in the bars of Konigsberg,
    between Spanish troops recovering from wounds and U-boat crews who were trained in the Baltic Sea, became famous». Alguien puede ampliar esto?.

    Gracias

  4. Damián says:

    Buen artículo. Me ha llamado la atención porque a principios de año publiqué junto al dibujante Javier Hernández un cómic ambientado en un submarino durante la Segunda Guerra Mundial titulado Blechkoller donde intentamos reflejar lo duro de la vida en un submarino. No desvelo más del argumento para no chafar a algún posible lector los giros de la historia. Aparecen también varios modelos de la Enigma.
    Os dejo un enlace:
    http://www.normacomics.com/ficha.asp?012034468/0/blechkoller

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