Aparentemente, la red TO tenía informadores en Estados Unidos a los que se pagaba por su información. No se mencionan nombres en los documentos, solo cargos:

«La información en los reportes de TO ha sido atribuida a las siguientes fuentes», señalan los documentos, «un alto cargo en la oficina del jefe de la rama aérea: un oficial de Estados Unidos que regresó recientemente de Australia; un hombre del ejército en el cuartel general de la Fuerza Aérea; cierto oficial en el Mando de la Defensa Aérea; un instructor en la Escuela de la Marina Mercante de New London; el director de una fábrica de municiones de Scranton y un supervisor de muelles flotantes de Nueva York».

Aunque Estados Unidos nunca trató de desmantelar la red por temor a revelar su conocimiento de los códigos, Japón sospechó en varias ocasiones de que sus códigos se hubieran visto comprometidos. Cada vez que surgía la sospecha se confirmaba en los mensajes cifrados la posibilidad de que estos hubieran sido rotos.

El 26 de mayo de 1943, el encargado de negocios japonés en Madrid envió un cable al Ministro de Asuntos Exteriores Shigemitsu a Tokio: «Es extraño lo rápido que obtiene Estados Unidos conocimiento de todos los asuntos. Me pregunto si los códigos japoneses son seguros». Shigemitsu respondió: «He estudiado el asunto desde una serie de perspectivas y no creo que ello se deba a que han descifrado nuestros códigos».

Más tarde ese mismo año, los italianos comunicaron que los espías norteamericanos habían robado los libros de códigos japoneses de la embajada de Japón en Lisboa. Shigemitsu pidió a su encargado en Madrid que investigase y éste respondió infiltrando a uno de sus hombres de confianza entre el personal de la embajada en Portugal. El embajador japonés en Portugal descubrió al infiltrado y amenazó con hacerse el Sepuku. Su personal amenazó con dimitir, negando que hubiera habido ningún robo. El asunto se olvidó.

Aparte de miembros del cuerpo diplomático español, la red TO incluía al menos a tres corresponsales de prensa españoles, de los que dos estaban en Washington y en apariencia tenían libertad para viajar por Estados Unidos. Los documentos muestran una información abundante de cómo estos corresponsales ocultaron en código información secreta en el interior de los despachos que enviaban a España.

Los pagos a la red TO se hacían en divisa norteamericana enviada a Estados Unidos a través de la valija diplomática española. El embajador español en Estados Unidos llevaba dinero con él para pagar a los miembros de TO cada vez que regresaba de España. Cada vez que un nuevo agente entraba en el país, traía dinero para pagar a sus colegas.

En los documentos se recoge un fascinante, aunque todavía no resuelto, sistema de financiación a la red TO bajo el título «Perlas de Mikimoto». Dos bolsas de perlas fueron enviadas por los japoneses a Buenos Aires para pagar a los miembros de TO en Estados Unidos. Estaba previsto que las llevase un agente de Buenos Aires a Nueva Orleáns, y desde allí le fueran entregadas al embajador español en Washington, que debía encargarse de su venta. Las perlas nunca fueron vendidas, al parecer porque nunca llegaron a Washington.

Los japoneses se mostraron reacios en culpar a los españoles por la desaparición de las perlas aunque de sus cables se desprende claramente que sus sospechas apuntaban a ellos. Sin embargo, en un viaje realizado por el embajador español a Madrid, éste culpó a los argentinos, que actuaron como posibles intermediarios en la supuesta transacción.

El encargado de negocios japonés en Madrid cableó a Tokio: «Cuando hablé con él [con el embajador español en Washington» sobre las perlas, frunció el seño y dijo pensativo con una voz suave y con tono de interrogación: «Investigue con tacto las razones por las que Argentina no ha enviado un telegrama de felicitación al emperador por su cumpleaños».

Viene de La Red de Espionaje TO – Agentes españoles al servicio de Japón en la Segunda Guerra Mundial (I)

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