El 26 de octubre ha de ser el día crucial. Ya sabemos que, a bordo del USS Hornet, todo un grupo de ataque aéreo se mantiene en cubierta, listo para atacar, desde el día anterior. Los japoneses han esperado un poco más, pero a las 4.00 horas de esa misma madrugada se ordena preparar los aviones para un ataque aeronaval. Sin duda soñolientos, técnicos y mecánicos se afanan en la oscuridad, apenas rota por unas linternas de luz roja.

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Nakajima B5N «Kate» Torpedero y explorador

Entretanto, lo importante vuelve a ser, como siempre, localizar al enemigo. Sin embargo, esta vez Nagumo espera que los norteamericanos se hagan visibles, cerca de Guadalcanal, pues la noche anterior su base ha sido objeto de un ataque brutal, a manos de los grandes cañones de la flota. ¿Qué mejor blanco? No deja de ser paradójico que, tras haber desarrollado una de las mejores flotas aeronavales del mundo, los nipones sigan anclados en las viejas tradiciones de la guerra naval a cañonazos. Sus almirantes consideran que los grandes buques que han bombardeado el aeródromo Henderson deberían de ser un cebo ideal.

Son las 4.10 horas y la Fuerza de Vanguardia de Abe aproa al viento. No hay portaaviones en esta flotilla, pero si hidroaviones de reconocimiento, montados sobre catapultas, a bordo de los buques de más calado, como los cruceros Tone y Chikuma. Poco después, siete de estos aparatos parten en busca del enemigo más allá de Guadalcanal y, unos minutos más tarde, la flotilla vuelve a virar al norte. Algo parecido hará a las 4.45 la 1.ª División de Portaaviones de Nagumo, solo que en este caso no hace falta tirar de catapulta. De las cubiertas de vuelo de los portaaviones japoneses despegan trece Nakajima A5N, “Kate” para los norteamericanos, que harán una amplia exploración en abanico en busca del enemigo. Cuatro proceden del Shokaku, otros tantos del Zuikaku y cinco del Zuhio. Su misión de búsqueda los llevará a una distancia de 480 km, en un barrido que cubrirá un arco entre los 50 y los 230º.

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Mitsubishi A6M «Zero»

Con los “ojos” en vuelo, los japoneses se afanan ahora en hacer despegar su “escudo”, veintidós cazas que formarán la patrulla aérea de combate, cuya misión será proteger la flota; y luego el “martillo” que tiene que aplastar a los norteamericanos, una primera misión de ataque compuesta por sesenta y cinco aviones:

Del Shokaku, 4 Mitsubishi A6M “Zero” y 20 Nakajima A5N “Kate” armados con torpedos.

Del Zuikaku, 8 Mitsubishi A6M “Zero” y 22 Aichi D3A “Val” armados con bombas, más un Kate desarmado cuya misión será actuar de enlace entre los aviones y la flota.

Del Zuiho, 9 Mitsubishi A6M “Zero”, más un segundo Kate desarmado, cuya misión será evaluar los daños efectuados al enemigo.

La misión estará bajo el mando del capitán de corbeta Murata Shigeharu.

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Aichi D3A «Val»

Casi en el mismo momento, en la flota estadounidense está sucediendo algo muy similar. Son las 4.50 horas cuando el USS Enterprise vira hacia el sudeste y lanza su propia patrulla aérea de combate, y a continuación ocho parejas de SBD-3 Dauntless, que ejecutarán una misión de reconocimiento en un arco entre los 235 y los 0º. Como podrá apreciar el lector, ambas escuadras parecen tener una idea bastante aproximada de dónde está el enemigo, o peor todavía: en el caso de la escuadra norteamericana, lo saben.

Son las 5.12 horas de aquella madrugada y el contralmirante Kinkaid está furioso. El portahidroaviones USS Curtiss acaba de reenviarle el informe de avistamiento emitido a las 3.10 por el teniente de navío Hoffman, al que ya nos referimos en la entrada anterior, con lo que acaba de enterarse de que los suyos ya tenían localizada a la flota enemiga. Desgraciadamente, en ese momento la información ya es obsoleta así que tendrá que fiarse de los aviones de exploración recién enviados, pero bien cierto es que, de haber tenido este dato, le habría bastado con mandar muchos menos exploradores y no los dieciséis aparatos que, ahora, ya no podrán integrarse en una eventual escuadrilla de ataque.

Ya son las 5.28 horas, la nubosidad es de entre el 50 y el 70%, con las nubes más bajas a unos 600 m. Sale el sol, muchos serán los que no lo verán ponerse.  

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