El capitán de corbeta Dudley «Mush» Morton, del arma de submarinos de la Marina norteamericana acabaría convirtiéndose en una figura legendaria de la Guerra del Pacífico, y el motivo tuvo su origen en la primera patrulla de guerra como capitán del submarino USS Wahoo (SS-238).

USS Wahoo

Su primera misión consistía en efectuar una mera tarea de reconocimiento de las instalaciones y navíos japoneses en Wewak, un fondeadero de la costa norte de Nueva Guinea. Para ello, zarpó del puerto de Brisbane, Australia, el 16 de enero de 1943. Como demostrarían los acontecimientos, el reconocimiento significaba una cosa para los planificadores de la Marina y otra muy distinta para este agresivo capitán del terruño de Kentucky.

Nada más comenzar la patrulla, a Morton se le cayó el alma al suelo al comprobar que Wewak no venía en las cartas náuticas oficiales de la Marina. ¿Qué era una mota en el mayor océano del mundo? Pero la causalidad acudió en su ayuda. Un mecánico de motores del Wahoo había comprado un atlas de la escuela secundaria durante el periodo que habían estado fondeados en Australia. Al oír la conversación en la sala de control lo abrió, buscó rápidamente un mapa de Nueva Guinea y, finalmente, encontró Wewak. Se lo mostró a uno de los oficiales, que se lo llevó de inmediato a Morton.

Con la ayuda de una cámara fotográfica Graflex, los submarinistas ampliaron la sección de mapas del atlas hasta hacerlo coincidir con la escala de las cartas náuticas y a continuación calcularon y fijaron el rumbo hacia el puerto japonés. Ahí empezó a desarrollarse el concepto de reconocimiento del puerto que tenía Morton, misión ya de por sí arriesgada por la ausencia de información de navegación elemental como profundidad del agua, posición de los arrecifes y detalles del estilo.

No pensaba quedarse fuera del puerto y observarlo a través del periscopio. Estaba convencido de que la única forma de reconocer de verdad un puerto era entrar en él y ver qué había en su interior. Y esa fue la razón por la que el 23 de enero, el submarino Wahoo navegaba sumergido en un canal entre dos islas a la entrada del puerto de Wewak, un curso de acción delicado que se efectuaba con la ayuda del sónar.

Morton a la derecha

Una vez en el interior del gallinero japonés, el submarino encontró inicialmente pocas gallinas. En el periscopio del Wahoo solo aparecían un remolcador y dos patrulleros. Ninguna de estas unidades valía delatar la presencia del submarino sumergido con un ataque de torpedos. La sequía de blancos causó consternación en el capitán y en la tripulación. Pero al adentrarse más en el puerto, se divisaron los mástiles de un buque de mayor porte detrás de una fila de palmeras.

«Mush» Morton descubrió que un arrecife separaba al buque del submarino, impidiendo una mayor aproximación. El Wahoo viró y navegó en paralelo al arrecife hasta su extremo, volvió a virar y navegó en busca de la presa. A 5500 metros Morton alzó el periscopio y, para su consternación, descubrió que se hallaba frente a su peor enemigo, un destructor.

Peor aún, a plena luz del día y con aguas cristalinas y poco profundas el submarino acabó siendo descubierto. El destructor japonés se había separado del amarradero y estaba ya maniobrando para dirigirse a aguas despejadas y después, tras esquivar cuatro torpedos lanzados por el Wahoo, directo hacia el propio submarino con la intención de embestirlo. La situación era grave. El Wahoo disparó rápidamente otro «pez» a 1500 metros de frente contra el destructor. El torpedo falló ante el escaso perfil que presentaba el destructor japonés.

Morton lanzó otro torpedo antes de ordenar una inmersión de emergencia. Los miembros de la tripulación se aferraron a lo que encontraron esperando en cualquier momento las temidas cargas de profundidad si el torpedo fallaba. En unas aguas tan poco profundas el Wahoo sería una presa fácil.

Se oyó una gran explosión, luego… nada. Pasado un tiempo, Morton ordenó subir a cota de periscopio a echar un vistazo. Lo que vio era la escena más gratificante para cualquier capitán de submarino. El destructor japonés había quedado partido por la mitad y la proa se hundía rápidamente.

Los japoneses que se hallaban en la sección de popa todavía encontraron tiempo para disparar contra el submarino, pero ésta no tardó en hundirse igualmente. Su misión de reconocimiento había finalizado. Así comenzó la leyenda que inspiraría a los submarinistas norteamericanos del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial: Primera patrulla de guerra, primer navío enemigo encontrado, primer navío enemigo hundido.

Dada la celebridad que adquirió Morton, a finales de 1943 recibió la misión de adentrarse en el mar interior de Japón a hundir barcos japoneses. Por fuentes niponas se sabe que llegó a hundir cuatro pero en el trayecto de vuelta fue descubierto y hundido en diciembre de 1943, pereciendo Morton y toda su tripulación. Era su séptima patrulla de combate.

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