Nos encontramos en Hungría, a finales de 1944, al norte del Danubio, y más en concreto al otro lado del río con respecto a la localidad de Esztergom. Los soviéticos habían cruzado el río Garam y era necesarioexpulsarlos al otro lado. Entonces tuvo lugar uno de esos contraataques «ligeramente» alcoholizados que a veces nos regala la historia. Vamos a recordarlo de manos del testimonio del Soldado de 1ª Ödön Bese.

Un Panzer IV, húngaro según la leyenda de la foto, aunque la cruz que lleva en el costado es la alemana y no la blanca que usaban estos.

                Durante la tarde, la compañía recibió la orden de formar. Nuestra fuerza en blindados ascendía a diez “panzercuatros” [Pz IV]. Era todo lo que tenía el batallón [I / 3 Regimiento de Carros de Combate / 2ª División Acorazada Húngara]. Mientras formábamos llegó un pelotón de comandos de las SS, vestidos de negro, con la insignia de la calavera en su ropa [Szamvéber indica que más que SS, no los había en el sector, estos hombres debían ser carristas de la 6. Panzerdivision], acompañados por 30 “leventes” [miembros de una asociación juvenil paramilitar húngara de la época, y dejémonos ya de apuntes al margen]. Nos presentamos, y tuve la ocasión de ver por primera vez el rifle de asalto Sturmgewehr 44 alemán. Este arma era más grande que un subfusil, pero menor que los rifles de infantería. Tenía un cargador ligeramente curvado y podía disparar tiro a tiro o a ráfagas. Su munición era más grande y poderosa que la del subfusil. Los alemanes nos dijeron que iban a luchar junto a nosotros, así como los “leventes”.

                Desde allí fuimos hasta la estación de ferrocarril de Párkány. Como estábamos en alerta de combate no podíamos siquiera entrar en las casas. Pero durante la espera encontramos el comedor que había en el sótano de la estación, y dos hectolitros de ron. También encontramos botellas de cinco litros, vacías, en las estanterías. ¡Era toda una oportunidad! Llenamos botellas para cada carro de combate – la estación no estaba en funcionamiento y no había nadie más allí aparte de nosotros.

                ¡Alarma a las 22:00! Nos dirigimos hacia Párkány. Debemos tratar de expulsar a los soviéticos de Nana aprovechando que no tienen tanques en este sector del frente. Esta era la orden, así que teníamos que tratar de ejecutarla.

Lo cierto es que los primeros carros de combate de fabricación húngara, como este Toldi I, ya estaban muy obsoletos en 1944.

                Partimos con diez carros de combate, un pelotón de soldados alemanes, treinta leventes y, por supuesto, diez veces cinco litros de ron. No estoy seguro pero supongo que los alemanes también cogieron su parte de licor. La temperatura bajó mucho; estaba por debajo de -20º. La luna llena daba casi tanta luz como si fuera de día. Durante la marcha dimos algunos tragos ocasionales de ron, de modo que no sentimos el frío demasiado. También es cierto que los motores daban algo de calor, pero sobre todo nos volvimos algo más valientes y aventureros. Cuando llegamos a Párkány disparamos ráfagas de ametralladora allá donde veíamos algún atisbo de movimiento, aunque solo fuera un perro o un gato. También barrimos las calles con los cañones. Como toda nuestra munición era trazadora, dibujó pálidos rayos de luz en el aire.

                No es extraño que la infantería soviética se retirara de donde estábamos; hicimos tanto ruido como si fuéramos una división, o por lo menos un regimiento al completo. Por supuesto que no sabíamos cuántos veníamos, y si éramos alemanes o húngaros. Los soviéticos tuvieron bastante con el estrépito que hicimos y se retiraron de Nana.

Los húngaros utilizaron también, en gran cantidad, el Jagdpanzer 38 (t), una buena máquina, con el perfil muy bajo. En esta ocasión si podemos ver la cruz blanca húngara.

                Encontramos un soldado de primera húngaro herido, tumbado en el suelo de la calle principal. Estaba totalmente borracho y, aunque sus heridas eran de poca consideración, era incapaz de hablar debido a la tajada que llevaba. Podría incluso no haber sido húngaro, porque en aquellos tiempos no era raro cambiar de uniforme [las unidades de reconocimiento soviéticas solían hacerlo].

Y así sucedieron las cosas. Leamos entre líneas, una noche fría, un litro de ron por carrista, disparos a mansalva… es muy posible que los soviéticos se vieran «superados».

Sigue en Una noche de juerga en Párkány

  1. Jose says:

    Que buen relato! Ya deberian de aprender los de los foros de historia, que se la pasan discutiendo y desmintiendo que si tal division estaba en tal batalla, que si no…

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