Después fue discutida la cuestión de las fuerzas de combate y de los problemas logísticos. A conscuencia de las grandes pérdidas de vehículos sufridas durante la estación del barro, y al intenso frío, no eran suficientes los transportes disponibles para el aprovisionamiento de las tropas.

Guderian detrás a la derecha de Hitler

Y como no se había enviado material para reemplazar el tonelaje perdido, las tropas tenían que valerse incluso de los medios del país: trineos, de los que solo un pequeño número tenía suficiente capacidad de carga. Muchos de estos vehúculos se emplearban para sustituir a los camiones. Requerían un elevado número de hombres para su utilización. Hitler formuló entonces su pretensión de que eran excesivas las unidades empleadas en las tareas logísticas y debían reducrise, así como los bagajes de las tropas, con el objeto de liberar soldados para combatir en el frente. Como se comprenderá, esto ya se había hecho en la medida de lo posible, sin comprrometer los aprovisionamientos. Solo se dejó un excedente para la mejora de los otros medios de suministro, en especial el ferroviario. Resultaba dificil hacer comprender a Hitler esta sencilla realidad.

Después giró la conversación al asunto de los acuartelamientos. Pocas semanas antes se había hecho una exhibición en Berlín de las medidas de protección que había concebido el OKH para el invierno. El mariscal von Brauchtisch no acompañó a Hitler en dicha presentación. La instalación era maravillosa y también apareció en el Noticiario. Pero desgradiamamente la tropa nunca poseyó ninguna de esas preciosas instalaciones.

Nuestros alojamientos eran abominables. También esto lo desconcía Hitler. En esta parte de la conferencia estuvo presente el Ministro de Armamento, el Dr. Todt, un hombre compresnsivo, con sanos y humanos sentimientos. Profundamente impresioando por mi descripción de la situación en el frente, me regaló dos estufas de trinchera para tiradores, que tenía el propósito de presentar a Hitler y que podían servir como modelo de pruebas para las tropas, e incluso ser contruidas con los medios que ofreciera el terreno. Así por lo menos, obtuve algo positivo de la larga conferencia.

Durante la cena me senté al lado de Hitler y aproveché la ocasión para describir detalladamente la vida en el frente. Pero el efecto de esta descripción no fue el que yo hubiera esperado. Tanto Hitler como su séquito sostenían abiertamente que recargaba las tintas.

Después de la cena, cuando se reanudó la conferencia, propuse trasladar al OKW y al OKH a los oficiales del Estado Mayor General que tuviesen experiencia de esta guerra en el frente. Y así dije: «Por la reacción de los señores del OKW me ha dado la impersión de que nuestros avisos e informes no estaban siendo comprendidos, y en consecuencia, tampoco estaban siendo expuestos correctamente. Por ello, mantuve como necesario el traslado de oficiales del frente a los puestos del Estado Mayor General en el OKH y OKW. Hagan ustedes un relevo de la guardia. En ambos Estados Mayores los oficiales están ahí desde el comienzo de la guerra, sin haber visto del frente. Esta guerra es tan diferente de la Primera Guerra Mundial, que los conociminetos adquiridos en aquella no son aplicables a la actual».

Al decir esto agité el avispero. Hitler exlcamó irritado: «Ahora no puedo separarme de mi equipo».

Yo: «Usted no necesita seprarse de sus ayudantes personales: no se trata de esto. Es importante por el contrario una renovación de los actuales puestos del Estado Mayor General con oficiales que posean experiencia reciente en el fente, y especialmente en la guerra en invierno».

También este ruego fue rechazado con aspereza. Mi discurso terminó en gran descalabro. Cuando abandoné el lugar de la conferencia, decía Hitler a Keitel: «¡No me fío de este hombre!» Con esta frase se había consumado una ruptura que nunca más podría ser ya remediada.

A la mañana siguiente, antes de despegar para el vuelo de regreso, llame una vez más al general Jodl, jefe del Estado Mayor de la Wehrmacht, para repetirle que los actuales métodos habrían de conducir a insostenibles sacrificios humnanos sin justificación alguna. Serían necesarias resrevas inmediatas para reafirmar la situación en una posición de retagaurdia, separada del adversario. Esta advertencia tampoco surtió efecto.

El 21 de diciembre, después de la conversación telefónica con Jodl, me trasladé en avión a Orel. Por orden de Hitler, el límite izquierdo de mi ejército fue trasladado a la desmbocadura del Shisdra en el Oka. Con este cambio aumentó la resposnabiloidad de mi Panzergruppe. El resto del día lo empleé en la preparación y distribución de la orden, que debía contener de los puntos de vista de Hitler.

Guderían y von Kluge

Tras la insostenibilidad de las posiciones del 2 Panzergruppe, el 25 de diciembre se ordenó la retirada a la línea Susha-Oka. Por la tarde volvió el agrio enfrentamiento con el recién llegado mariscal von Kluge, que reprendió a Guderian por haberle presentado un informe de combate en el que obivaba la retirada. Al colgar el auricular le dijo a Guderian: <Informaré de usted al Führer>. Guderian se puso inmediatamente en contacto con el Jefe del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos y le comunicó que no estaba dipsuesto a seguir aguantando ese trato y que solicitaba que lo relevaran del mando del ejército.

Pero von Kluge se había anticipado, informando al OKH y pidiendo su relevo, que recibió Guderian el 26 de diciembre, siendo trasladado a la reserva del alto mando, eso que se daba en llamar la «reserva del Führer».

Viene de 20 de diciembre de 1941 – Guderian se enfrenta por primera vez a Hitler (I)

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