Con los muros derruidos por la artillería y expuestos a los ataques turcos, a los españoles no les quedan muchas alternativas. Se decide hacer otra encamisada en el campamento turco.

Ciudadela de Castelnuovo

Esta vez 600 españoles salen de los escombros de Castelnuovo y se adentran en el campamento turco, donde cunde el pánico, provocando una estampida de tal magnitud en las filas otomanas que derribaron entre otras muchas tiendas, la almiranta de Barbarroja. La guardia personal del Almirante, temiendo el desastre, lo trasladaron contra su voluntad y junto con los estandartes a la seguridad de los barcos de la flota situada en el fiordo.

Tras la «razzia», el asedio continuó. Ni siquiera cuando las estructuras defensivas se desmoronaron y los defensores quedaron reducidos a sólo 600 hombres, se rindieron los españoles. Sarmiento y todos sus capitanes perecieron en los últimos combates. En la última retirada hacia una torre de la ciudadela, le tiraron desde lo alto una soga a Sarmiento para que subiese, a lo que éste replicó “Nunca quiera Dios que yo me salve y mis capitanes mueran”.

Poco después, los 200 españoles, en su mayoría heridos, que aún quedaban en pie se rindieron. Algunos fueron ejecutados allí mismo, poco después de los últimos combates, y el resto fueron enviados como esclavos a Constantinopla, de donde unos 25 escaparon años después en una barcaza, llegando a costas de Sicilia. Los turcos habían perdido la escandalosa cifra de entre 20 y 24 mil hombres, entre ellos todos los jenízaros. Era 6 de agosto de 1539.

Uno de los ejecutados tras la batalla fue el capitán Machín de Munguía, que se había distinguido con su compañía de vizcaínos en la batalla de Preveza, defendiendo a uñas y dientes, con éxito, una galera veneciana averiada y acosada por varias naves turcas. Barbarroja le ofreció trabajar para él o la muerte, prefirió la muerte y fue decapitado allí mismo. Pérez Reverte le rinde homenaje en la entrega de “Corsarios de Levante” de Alatriste con el personaje llamado Machín de Gorostiola, también al frente de una compañía de Vizcaínos.

Este hecho de armas produjo gran admiración en Europa, comparando a estos españoles con héroes mitológicos, y provocó que se compusieran numerosos poemas y canciones. Estas estrofas son del poeta Gutierre de Cetina:

Que envuelta en vuestra sangre la llevastes;
Sino para probar que la memoria
De la dichosa muerte que alcanzastes,
Se debe envidiar más que la victoria

Viene de El Asedio de Castelnuovo (I)

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Aprovecho el hilo del artículo para adelantaros que en unos días estará disponible mi nuevo libro LOS TERCIOS EN AMÉRICA – LA JORNADA DEL BRASIL. SALVADOR DE BAHÍA 1624-1625

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  1. Fel7x Armando. says:

    Cuando vuelva e Esoaña comprare toda esta bibliografia…es lectura que me apasiona y mas aun que son hechos reales ..un saludo amigos.

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