Desde que los hermanos Montgolfier hicieron volar los primeros globos aerostáticos tripulados, allá por 1783, y como sucede siempre con todo invento que, aunque remotamente, pueda prestarse a ello, casi de inmediato se empezó a pensar en dar un uso bélico a dichos aparatos, naciendo la aerostación militar.

El globo de los hermanos Montgolfier, que no se usó para la guerra, sino que fue una curiosa diversión.

En buena lógica, la primera idea, la que se ejecutó durante todo el siglo XIX, fue emplearlos como instrumento de observación. Sin embargo tanto su escasez como las dificultades que entrañaba su manejo convirtieron, durante la mayor parte del siglo, a los globos aerostáticos en una curiosidad con tantos detractores como admiradores.

El primer ejército que pensó en ellos seriamente fue el francés, que en 1874, con ocasión de su reorganización tras la derrota de 1870, creó una subcomisión de <<comunicaciones>> encargada de la aerostación, con base en Chalais-Meudon. Posteriormente seguirían otros países, en concreto, solo para el año 1884, Rusia, Alemania, Italia y España. Más adelante se incorporarían también los Estados Unidos, creando la sección de globos del <<Signal Corps>> que tuvo para nosotros un nefasto resultado, pues fue un globo aerostático el que certificó la presencia de la flota española en el puerto de Santiago de Cuba, el que localizó los caminos de acceso a la Loma de San Juan y el que dirigió el fuego de la artillería estadounidense durante la batalla.

Globo aerostático de observación durante la guerra civil americana.

Tras la observación, primera manifestación de la guerra aérea que tuviera lugar en la historia, se empezó a pensar en la ofensiva. La posibilidad de arrojar bombas y sustancias químicas desde los globos aerostáticos se puso en práctica sobre todo en guerras coloniales, contra los indígenas, a los que dichos aparatos sorprendían y aterraban a partes iguales. Así, un oficial británico destacado en Egipto, escribió en 1886: <<Cuando estos fanáticos se dieran cuenta de que sus campamentos y sus ciudades podían, gracias a medios químicos, ser incendiados por un enemigo inalcanzable en pleno día, e invisible durante la noche oscura, se mostrarían dispuestos a creer que nos asistían poderes sobrenaturales, y que el mismo Alá era, con toda seguridad, nuestro aliado.>>

Los trabajos destinados a convertir el globo en un arma ofensiva fueron avanzando, hasta el punto que en la conferencia de la Haya de 1899 sobre limitación de armamentos (auspiciada por el Zar, entre otras cosas porque acababan de endiñarle a precio de oro una remesa de cañones que de inmediato quedaron obsoletos gracias a los adelantos técnicos logrados en Alemania y en Austria), se decidió tratar el tema directamente, y prohibir este tipo de arma. Así, el punto tercero de la Circular Moravieff, indicaba claramente la pretensión de <<prohibir el lanzamiento de todo tipo de proyectiles o explosivos por medio de globos u otros medios similares.>>

Globo aerostático británico durante la guerra de los boers. La posibilidad de que se utilizaran aparatos de este tipo para bombardear Pretoria fue uno de los peores miedos de los defensores de la ciudad.

La discusión de este punto tuvo cierto interés gracias a la intervención del delegado estadounidense, Capitán William Crozier, que propuso que la prohibición que acabamos de citar fuera tan solo temporal. Teniendo en cuenta que su país había sido el último en emplear un globo en combate (en Cuba, en 1898), su argumento no carecía de picardía. Según él, el globo, al no ser dirigible y no transportar más que una carga escasa, era capaz de lanzar pequeños explosivos sobre un área dispersa, aumentando el riesgo de que estos cayeran tanto sobre los combatientes como sobre los no combatientes. En estas condiciones recomendaba la prohibición del uso del globo como arma de ataque, pero de modo temporal. Propuso que esta situación durara cinco años, y que luego se volvieran a reunir las partes para evaluar si la técnica y las posibilidades habían cambiado o no. La idea se aprobó (Como se puede ver, las conferencias de desarme apenas han cambiado en más de cien años).

Lo que no podían saber los presentes en la conferencia es que apenas unos años después empezaría a volar un arma mucho más peligrosa que el globo aerostático, que daría luz a teorías militares y plantearía problemas mucho más complejos, y que se desarrollaría hasta convertirse en el arma por excelencia del siglo XXI. Por supuesto, estamos hablando del avión. Pero esa es otra historia…

Avión <Demoiselle> del brasileño Alberto Santos Dumond.

 

  1. dani says:

    Los franceses ya en las guerras de la revolución francesa usaron globos para observación. Y por cierto la fecha del primer vuelo tripulado es 1783 no 1793

  2. Javier Veramendi B says:

    Ha sido un caso de torpededitosis aguda. Ya está arreglado.
    Con respecto a las guerras revolucionarias, efectivamente, y también Napoleón los empleó, pero luego el arma cayó en desuso, principalmente por lo dificiles que eran de utilizar.

  3. dani says:

    Yo tengo entendido que Napoleón los dejó de usar porque uno globo con sus iniciales se escapó y acabó perdido, y le dio mal fario, así que decidió dejarse de esos inventos. Después de todo en esos momentos la caballería ligera francesa era capaz de informar sobradamente de los movimientos enemigos. Pero en 1813 en Alemania igual le hubieran venido bien ante la falta de caballería.

  4. Javier Veramendi B says:

    No conozco la anécdota, pero conociendo a Napoleón, todo puede ser.

    Por otro lado también hay que decir que el globo tuvo, durante casi todo el s. XIX, importantes desventajas con respecto a la caballería.
    – En primer lugar, que dependía del tiempo atmosférico, y cuando este era malo o bien no podía despegar o bien estaba ciego.
    – En segundo lugar, que en una guerra de operaciones móviles su alcance era limitado, unos 25 km en tiempo claro, más allá estaba ciego, mientras que la caballería siempre podía extenderse sobre el terreno para buscar al otro lado de la colina
    – En tercer lugar era dificil de desplegar. Hábía que trasladarlo en un carromato, o varios, con todo su personal, encontrar un sitio idóneo para hincharlo, hacerlo subir… Napoleón era capaz de ganar una batalla antes de que el globo estuviera listo.
    – Y en cuarto lugar, no era fácil comunicar lo que el aeronauta observaba a los que estaban en tierra. Era necesario observar constantemente la cesta para ver si se arrojaba un mensaje desde ella, ver donde caía el mensaje, encontrarlo y transmitirlo. Por su parte el aeronauta nunca sabía si su comunicado -normalmente escrito telegráficamente y a toda prisa- había llegado o no. No hablemos ya de pedir precisiones. Al final lo más rentable era hacer bajar el globo, con la consiguiente pérdida de tiempo.

    Todo esto mejoró durante la 1ª Guerra Mundial. Para entonces la técnica de fabricación era mucho más fiable, y los globos, más robustos, podían ascender incluso cuando el tiempo no era muy bueno. En segundo lugar, al ser fijos los frentes, no había que desplazarlos. La cuestión del alcance no se resolvió, pero la caballería tampoco pudo ya penetrar las líneas enemigas. Y las comunicaciones se facilitaron mucho gracias a la invención del teléfono.

    Un saludo.

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