La Chanson de Roland, conocida en nuestro país como el Cantar de Roldán, es un relato épico de la Batalla de Roncesvalles, y los heroicos hechos de armas protagonizados por Roldán, un caballero franco al servicio de Carlomagno.

Caballería carolingia, (“Carolingian Cavalryman AD 768-987”, Osprey Publishing.)

El cantar se basa principalmente en un acontecimiento histórico: el pequeño combate en la retaguardia del ejército de  Carlomagno, que regresaba de guerrear durante años contra los moros de España.

Cuando el ejército franco está cruzando los Pirineos para regresar a Francia, el cantar nos narra que la retaguardia, comandada por Roldán y formada por 20.000 hombres, se ve sorprendida por un ejército de 400.000 sarracenos. Ante esta situación el valor y también el orgullo de Roldán son tales, que no se decide a tocar el olifante para solicitar el auxilio de Carlomagno, tal y como se lo sugiere su amigo Oliveros y se lanza a la batalla a pesar de la inferioridad numérica. Pese al valor y el arrojo demostrados, los francos se ven ampliamente superados y muy diezmados, lo que lleva a que Roldán pese a su anterior obstinación y la oposición de Oliveros, haga sonar el olifante pidiendo ayuda a Carlomagno.

Miniatura medieval que representa a Roldán tratando de romper su espada Durandarte, para evitar que caiga en manos del enemigo.

En el registro inferior se representa a Carlomagno recogiendo su cuerpo

A consecuencia de esto cuando el grueso del ejército comandado por Carlomagno regresa rápidamente a Roncesvalles encuentra a toda la retaguardia aniquilada, contando en ella a Roldán, Oliveros, el arzobispo Turpín y los Doce Pares. En venganza Carlomagno decide perseguir a los musulmanes, a quienes atrapa antes de que crucen el Ebro y acaba allí con los restos del ejército que eliminó a su retaguardia, sin embargo en esos momentos desembarca en España el emir Baligán, en ayuda del rey Marsil, acompañado de un gran ejército.

Ante esta situación tanto Carlomagno como Baligán despliegan en orden de batalla sus ejércitos y se enzarzan en una lucha campal, en la que vence Carlomagno tras una lucha muy reñida con el propio emir, con la ayuda del ángel San Gabriel. Tras su victoria Carlomagno toma Zaragoza y tras haber vengado a sus Pares caídos, Carlomagno regresa a Francia para juzgar al traidor Ganelón, cuya sentencia de muerte es dictaminada a través de un juicio de Dios.

A pesar de la imprecisión histórica del poema y de las grandes exageraciones que encontramos en él, propias del género de la épica, es indudable la presencia de la figura histórica de Carlomagno. Carlomagno era hijo del rey franco Pipino el Breve. Nació, probablemente, en Aquisgrán, el 2 abril del año 742. Cuando su padre murió, en el 768, el gobierno de sus reinos fue dividido entre sus dos hijos: Carlomagno y Carlomán. Tres años después, falleció Carlomán, por lo que Carlomagno se convirtió en el único rey de los francos.[1]

La muerte de Roldán reflejada en la misma obra de Osprey, alejada de la descripción dada por el Cantar se aprecia en la ilustración  que el enemigo no es musulmán.

Carlomagno pasó la mayor parte de su vida adulta combatiendo, y puso todo su gran poder y prestigio al servicio del cristianismo. Pero, durante su reinado, también se ocupó de la cultura, preocupándose por la enseñanza del latín y por la copia de libros. Consiguió así que se produjera un proceso de mezcla entre las culturas germánica y romana.

En el 772, Carlomagno invadió Italia. Durante los siguientes veinticuatro años, conquistó también las zonas que actualmente ocupan Hungría y Austria, y dominó a los bávaros. También luchó contra los musulmanes de la Península Ibérica en el 778. En el 794, decidió que la capital de su gran imperio, el Imperio Carolingio, fuera Aquisgrán. En su palacio reunió a sabios procedentes de toda Europa, y desde él gobernó todos sus territorios. Carlomagno falleció el 28 de enero del 814, en Aquisgrán. A su muerte el imperio se fragmentó como consecuencia del reparto entre sus hijos.

El reinado de Carlomagno fue una sucesión de luchas para ampliar y consolidar su reino, cuyas fronteras fueron siempre inestables. A fin de asegurarlas, cercadas como estaban por germanos, ávaros y árabes, creó una serie de marcas, zonas fortificadas que servían de barrera a aquellas amenazas y al frente de las cuales estaba un marqués. En la Navidad del año 800, Carlomagno fue coronado emperador en Roma por el papa León III, como medio de trasladar a Occidente la corona imperial y de este modo emancipar al papado como institución del marco del Imperio Romano de Oriente.[2] Con ello pretendía colocarse por encima de todos los monarcas de la cristiandad, a lo que, obviamente, se opusieron los bizantinos, que se tenían por depositarios únicos de la tradición imperial romana.

El Cantar de Roldán narra, deformando legendariamente, los hechos de la batalla de Roncesvalles, que históricamente no pasó de ser una escaramuza. Lo más factible es que se tratara de una emboscada sufrida por los carolingios el 15 de agosto del 778 en los desfiladeros de Valcarlos, en la vertiente norpirenaica, según datos extraídos de anales y crónicas del siglo IX.

Mapa del imperio levantado por Carlomagno.

En el 777, encontrándose Carlomagno dirigiendo la conquista de Sajonia, recibió la embajada del gobernador de Zaragoza, quien solicitaba su apoyo para rebelarse contra Abd al-Rahman, el emir de Córdoba. Carlomagno en el 778 organizó una expedición y entrando en la Península puso sitio a Zaragoza, que no se entregó. Ante el fracaso Carlomagno decidió regresar y en su camino de vuelta atacó y saqueó Pamplona, pero al atravesar su ejército los Pirineos, su retaguardia fue sorprendida por en una emboscada por los vascones en Roncesvalles, muriendo personajes como Roldán, jefe de la marca de Bretaña, el senescal Eggihardo y el conde palatino Anselmo. Tras el fracaso carolingio no hubo nuevas expediciones, aunque si se procedió a una lenta conquista del extremo noreste peninsular. En el 785 los francos controlaban Gerona, Urgel y la Cerdaña, esto propició la respuesta de Abd al-Rahman, que dirigió una ofensiva en el 793 contra el reino franco, atacando Gerona y llegando hasta Narbona.[3]

En resumen, el Cantar de Roldán narra desde una perspectiva épica cómo Carlomagno, aliado a ciertos caudillos musulmanes en sus luchas contra otros, atraviesa los Pirineos en la primavera del 778, toma la ciudad de Pamplona y sitia Zaragoza. Reclamado en su propio reino debido a un ataque de los sajones y a un amotinamiento en la región de Aquitania, levanta el asedio, saquea Pamplona y emprende el regreso. Es entonces, en venganza al saqueo de la ciudad de Pamplona cuando su retaguardia es atacada por montañeses vasco-navarros, tal y como nos lo narra Eghinardo en su Vita Karoli Magni:

“(…) Franqueó los Pirineos, recibió la sumisión de todas las fortalezas y castillos que encontró en su ruta y regresó sin que su ejército hubiese sufrido pérdida alguna, salvo que sobre la cima misma de los Pirineos, tuvo de regreso, ocasión de experimentar algo de la perfidia vasca; como su ejército marchaba disperso en largas filas, así lo exigía la estrechez del camino, los vascos emboscados descendieron desde lo alto de las montañas y arrojaron a la quebrada los convoyes que venían al final y las tropas que cubrían la marcha de la retaguardia; después, entablada la lucha, los masacraron hasta el último hombre, dieron cuenta de las vituallas y finalmente se dispersaron con una rapidez extrema con la noche que caía a su favor(…)”, en el Cantar convenientemente transformados en crueles musulmanes.

La guerra tuvo una gran importancia en el reinado de Carlomagno, puesto que este estuvo jalonado por una serie de campañas encaminadas a la expansión del reino. Estas expediciones militares se dirigieron a todas las fronteras, ya fuera hacia la Península Ibérica, Sajonia o Italia. Estas campañas se basaban en un considerable potencial militar, el ejército surgía del deber de los francos de ir a la guerra a la llamada del rey. Por otro lado es de gran importancia la existencia de comitivas armadas, formadas por amplios grupos de jinetes que acompañaban a su señor.

Sigue en Cantar de Roldán: Guerra y Religión (II)


[1] Isla Frez, Amancio: La Europa de los carolingios. Madrid, EDITORIAL SINTESIS, 1993, p.29.

[2] Portela, Ermelindo et.al.: Historia de la Edad Media. Barcelona, Ariel, 1992, p.76.

[3] Isla Frez, Amancio: ob. cit., p.34.

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