La participación del Ejército alemán en los crímenes del nazismo es, sin duda, una de las cuestiones que más tinta han vertido con respecto a la Segunda Guerra Mundial. Si bien inicialmente la Wehrmacht quedó libre de toda culpa, y muchos de sus miembros acabarían formando parte de las fuerzas armadas de la nueva Bundeswehr, e incluso alcanzarían posiciones de mando en la OTAN, con el tiempo este punto de vista se ha ido matizando, hasta llegarse al convencimiento de que las fuerzas armadas alemanas tuvieron mucho que ver con los crímenes cometidos bajo la égida de Hitler, sobre todo en el este.

 

Russian men and women rescue their humble belongings from their burning homes, said to have been set on fire by the Russians, in a Leningrad suburb on Oct. 21, 1941. (AP Photo)

Incendios en Leningrado, fueron uno de los elementos fundamentales del terror hitleriano. Luego, con el invierno, vendría el frío.

La directiva a la que hoy nos referiremos es tan solo un ejemplo, un ladrillo más, si se quiere, de la intervención de algunos oficiales alemanes en crímenes de guerra. El 21 de septiembre de 1941, una vez cercada la ciudad de Leningrado por los alemanes, el Major Walter Warlimont, de la Wehrmacht, presentó un memorando titulado: “del bloqueo de Leningrado”. En él se presentaban diferentes soluciones al problema de cercar una ciudad tan grande, y se ofrecían diversas soluciones, con sus pros y sus contras.

Una de ellas indicaba: “Para empezar, bloquearemos Leningrado herméticamente y la destruiremos, si es posible por medio de la artillería y la aviación. Cuando el miedo y el hambre hayan hecho su labor, podremos abrir una única salida, y permitir a la gente desarmada que abandone la ciudad. El resto de la ‘guarnición de la fortaleza’ podrá permanecer en ella durante el invierno. En primavera invadiremos la ciudad –sin presentar objeciones en caso de que los finlandeses se nos adelanten–. Enviaremos a todos los supervivientes a las profundidades de Rusia, o los conservaremos como prisioneros. Arrasaremos Leningrado y entregaremos a Finlandia toda la región al norte del río Neva”. Una idea, sin duda, muy humana.

Hay que decir que el memorando de Warlimont proponía otras opciones aparte de esta: permitir que los americanos (que aún no habían entrado en guerra) suministraran a los habitantes de la ciudad por mar, o incluso que fueran evacuados al otro lado del Atlántico por barcos bajo la bandera de la Cruz Roja.

Leningrad 3

Walter Warlimont, testificando en Núremberg contra sus antiguos jefes. Como muchos otros, solo obedecía órdenes y jamás se metió en política.

Antes de llegar hasta Hitler este memorando había sido aprobado por el Jodl, jefe de operaciones en el OKW, quien era su superior directo, quien lo aprobó y lo consideró “moralmente justificado” alegando, primero, que los soviéticos habían minado la ciudad, y segundo, el riesgo de que una posible epidemia se propagara desde la ciudad a los soldados alemanes.

El 22 de septiembre el memorando de Warlimont fue incorporado a la directiva secreta 1601/41, titulada: “el futuro de la ciudad de Petersburgo”. Sus tres artículos rezaban así:

“1.º El Führer ha decidido borrar del mapa la ciudad de Petersburgo. Tras la derrota de la Rusia soviética, no habrá razón alguna para justificar la existencia de esta gran ciudad. Finlandia nos ha comunicado su absoluta falta de interés en la futura existencia de la misma, situada justo sobre su nueva frontera.”

“2.º Los diversos requerimientos de la Marina, efectuados en días anteriores, para que se conserven los muelles, el puerto y las instalaciones navales, han sido comunicadas al OKW. Sin embargo, no será posible tenerlos en cuenta, teniendo en cuenta las decisiones que se han tomado con respecto a la localidad de Petersburgo”.

“3.º Se propone efectuar un bloqueo hermético de la ciudad y arrasarla completamente por medio de la artillería, de todos los calibres, y de la fuerza aérea. Si estas medidas provocan alguna propuesta de capitulación de la ciudad, esta será rechazada”.

BTEBGR The Great Patriotic War. Blokade of Leningrad.

Mientras tanto, en la ciudad, la gente acabaría muriendo de frío y de inanición en las calles, sin que apenas algún que otro transeúnte les echara un vistazo.

Esta decisión, que será repetida en una nueva directriz en octubre, iba a marcar el trágico destino de Leningrado. Y con respecto a nuestros personajes, si bien Jodl acabaría por ser condenado a muerte en los juicios de Núremberg, Warlimont se libró no solo de la pena capital, sino incluso de la cadena perpetua a la que había sido condenado inicialmente. Fue liberado en 1957, 12 años después del fin de la guerra.

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