Poco después, en torno a las 1830, un Blenheim de reconocimiento estratégico del 55º escuadrón informó de que había un centenar de carros de combate y transportes motorizados en Msus.

Bristol Blenheim

A estos avistamientos siguieron una serie de órdenes y contraórdenes del Cuartel General de las fuerzas de Cirenaica, dirigido por el General Neame, que desorganizaron por completo tanto los planes como los despliegues británicos haciendo cundir una incertidumbre cercana al pánico y provocando que muchas unidades variaran sus rutas de marcha para evitar ser copadas por las fuerzas italo-germanas.

La polémica, por supuesto, surgió a raíz del informe “Sobre la acción de la 2ª División Acorazada durante la retirada de Cirenaica, Marzo-Abril de 1941”, emitido poco después por el Comandante en Jefe de Oriente Medio, en cuyo apéndice B se enunciaba entre las causas del desastre “los falsos reportes del 3 de abril indicando que el enemigo estaba en Msus”.

Enviado al Ministerio de Guerra, en Londres, sin haber sido visto primero por el Comandante en Jefe de las Fuerzas Aéreas de Oriente Medio, el escándalo estalló cuando el Jefe de Estado Mayor del Aire pidió explicaciones a su subordinado en Egipto.

El General Neame

La respuesta de las fuerzas aéreas en el escenario fue contundente. El Brigadier Harding y el Comodoro del Aire Brown contestaron airadamente defendiendo la veracidad de los informes. Por su parte el General Wavel tuvo que enviar un telegrama al Ministerio de Guerra aclarando que se lamentaba de no haber sometido su informe al Comandante en Jefe de la RAF antes de enviarlo, y que a pesar de que se habían hecho deducciones erróneas de los informes de la RAF, no se había pretendido calificarlos de falsos.

Lo cierto es que independientemente de la veracidad de los hechos reportados, es decir, de si había enemigos o no en Msus, es pertinente indicar que los pilotos de reconocimiento eran meros observadores, en ocasiones en circunstancias muy difíciles, y era sobre los Oficiales de Inteligencia y los Cuarteles Generales a nivel de Ejército, todos ellos del arma terrestre, donde recaía la responsabilidad de interpretar, en función de fuentes de información diversas, los informes de los pilotos. Es decir, si eran o no enemigos era el ejército quien debía determinarlo y cualquier indicación al respecto de los pilotos debía ser descartada o como mucho tenida como una mera orientación.

Finalmente la polémica terminó con la difusión del informe de Harding y Brown y del telegrama de Wavel junto con el informe, en calidad de aclaraciones. Y al final fue el Primer Ministro Winston Churchill quien sacó las conclusiones más evidentes y prácticas sobre todo el asunto: el sistema no funcionaba y había que mejorarlo.

Soldados australianos en Tobruk, donde Rommel se detuvo.

 

Viene de  Rommel conquista Cirenaica gracias a un reporte falso de la RAF (I)

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