En la primavera de 1941 la progresión de las fuerzas alemanas por territorio yugoslavo había sido fugaz. Tras forzar el paso de Gavat y llegar al lago Kastoria estaban a punto de llegar a Grecia. Un regimiento de infantería defendía el paso de Kleisura para cubrir la retirada del III Cuerpo griego. Meyer solo disponía de elementos de su batallón de reconocimento blindado. Así lo narra en sus memorias.

El fuego de las ametralladoras enemigas se derramaba carretera abajo impactando contra las rocas que había a nuestro alrededor. No cabía hacer otra cosa que avanzar. Nos apresuramos hasta la primera curva a salto de rana y nos pusimos a cubierto unos pocos metros más allá detrás de una pared de roca. En la siguiente curva estaríamos directamente debajo de la posición enemiga, que se encontraba a 100 metros sobre la carretera. Caí exhausto detrás de un bloque de piedra y jadeé buscando resuello. Nuestro avance se vio frenado por tener que ir saltando de un lugar cubierto al siguiente para no ofrecer un objetivo limpio a los francotiradores enemigos.

Sobre nosotros escuchamos los gritos y el estruendo del combate. Los elementos de la 2ª Compañía del 1 Batallón de Reconocimiento de las SS habían llegado a las posiciones enemigas de la primera cresta. Nos apresuramos. En la gran curva final nos encontramos algunos hombres que habían quedado separados de su compañía por una grieta. Entre ellos estaba el Untersturmführer Wawrzinek, que me dio un breve informe de la operación en la cima.

Vista aérea del paso de Kleisura

Según los testimonios de los prisioneros, nos enfrentábamos a un regimiento de infantería reforzado en el ala izquierda de las defensas griegas. Tenía la misión de mantener el Paso de Kleisura durante la retirada del III Cuerpo griego del Frente de Albania.

Estaban retirándose para evitar ser capturados por las fuerzas blindadas alemanas y poder continuar la lucha en el sur de Grecia junto con las fuerzas británicas. No podíamos permitir que el plan griego tuviera éxito. No solamente debía evitarse la retirada, sino que ésta debía convertirse también en una catástrofe. Teníamos que cruzar las montañas y bloquear el valle más allá de Kastoria.

Avanzamos por la carretera. De repente el terreno que había frente a nosotros se empinó hacia arriba. No podía creer lo que veía. Donde había estado la carretera había ahora un gran cráter. La carretera se había desmoronado sobre el barranco. El sudor dibujó gruesos trazos en nuestras caras. Estábamos aterrorizados. ¿Íbamos a salir volando en los próximos segundos? Cien metros más adelante la montaña se sacudió de nuevo, y después de que se hubiera asentado el polvo vimos otro agujero en la carretera.

Nos escondimos detrás de unas rocas sin atrevernos a movernos. Casi me atraganto de la náusea. Grité a Emil Wawrzinek para que continuara el ataque. Pero el bueno de Emil me miró como si dudara de que estuviera en mis cabales. El fuego de ametralladora comenzó a impactar en las rocas que había delante; nuestro elemento de vanguardia estaba formado únicamente por unos diez hombres. ¡Maldición! Ciertamente no podíamos permanecer allí mientras se volaban cráteres en la carretera y el fuego de ametralladora nos tenía fijados en los escombros.

GRANADEROS – Memorias de Kurt «Panzer» Meyer – Ediciones Salamina

Pero yo también estaba en cuclillas, totalmente a cubierto y temiendo por mi vida. ¿Cómo iba a ordenar a Wawrzinek que se pusiera en marcha primero? En mi angustia sentí con la mano el suave borde redondeado de una granada de huevo. Grité al grupo. Todos me miraron atónitos cuando les mostré la granada, tiré de la anilla y la dejé rodar detrás del último granadero.

En la vida presencié semejante salto al unísono hacia delante. Como si nos hubiera picado una tarántula corrimos por entre las rocas adentrándonos en el cráter. La parálisis se había interrumpido; había sido la granada. Nos sonreímos unos a otros y nos precipitamos hacia delante en busca de un nuevo lugar donde ponernos a cubierto.

Estábamos justo debajo de la cima. El sudor me producía quemazón en los ojos. Podía observar la lucha a través de un velo de polvo y tierra. Corrimos hacia la cresta como hombres poseídos. Los griegos salieron de sus posiciones con las manos alzadas, la defensa había cesado.

Ediciones Salamina regala esta copia de mapa original del Heer de 1941 (42x59cm)

comprando Granaderos en su tienda online

Si te gustó, te puede interesar Panzer Meyer en el contraataque de Kharkov

  1. Dani says:

    Lo de la granada para hacer correr a los propios hombres ya lo había leído y tambíen era en la campaña de Grecia, pero no recuerdo donde lo leí.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.