Market-Garden, el gran asalto aerotransportado aliado sobre Holanda, es una operación sobre la que han corrido ríos de tinta desde que el periodista Cornelius Ryan la popularizó en su Un puente lejano. Toda narrativa necesita un villano, y dejando aparte a los alemanes, para la obra citada el personaje seleccionado fue el general británico Montgomery, promotor de la operación y, en consecuencia, responsable final de su fracaso y de la pérdida casi completa de la 1.ª División Aerotransportada británica. Sin duda hay algo de cierto en ello. Todo jefe debe hacerse cargo de los fallos de sus planes. Pero si estamos de acuerdo en esto. ¿Por qué detenernos en Montgomery? ¿Acaso no tuvo un oficial superior, el general Eisenhower, que autorizó la operación? ¿Y no tuvo este último sus propios jefes en las instancias políticas que dirigían los países aliados? Vamos a dejar estas preguntas aquí, porque también podríamos mirar hacia abajo: el general Frederick Browning, jefe del 1.er Ejército Aerotransportado; el también general Roy Urquhart, al mando de la división británica destruida; jefes de brigada, batallón… ¿Dónde tienen que detenerse las responsabilidades? Tal vez debiéramos fijarnos también en el enemigo, que es lo que vamos a hacer en estas entradas.

Soldados del cuartel general del 1.er batallón paracaidista, antes del despegue.

Cuando los británicos aterrizaron entre Heelsum y Wolfheze, al oeste de Arnhem, el 17 de septiembre, eran conscientes de que tenían que darse prisa para recorrer la quincena de kilómetros que los separaban del puente que debían conquistar. Para ello, habían dispuesto que la 1.ª Brigada paracaidista se lanzaría por tres rutas hacia la localidad, y el preciado objetivo. La ruta norte, llamada “Leopard” (por Wolfheze y siguiendo la vía del ferrocarril), iba a recorrerla el 1.er Batallón Paracaidista; el 2.º iría por la ruta sur “Lyon”, que pasaba por Heelsum y Heveadorp antes de llegar a la orilla norte del río (más o menos por la actual Van der Molenallee y Benedendorpsweg); y el 3.º iba a seguir la ruta central, “Tiger”, (por Heelsum y Oosterbeek, siguiendo la actual N-225). Solo el batallón del sur, dirigido por el comandante John Frost, llegaría al objetivo. ¿Qué sucedió con los otros dos?

Como decíamos anteriormente, en toda batalla el enemigo también cuenta, y a veces hace falta muy poco para desbaratar una gran operación. Aquel poco fue el Kampffgruppe SS Krafft, que, casi por casualidad, se colocó a caballo sobre las rutas que iban a seguir el 1.er y 3.er batallones de paracaidistas.

Preparando el paracaidas

La unidad, cuyo nombre real era SS-Panzergrenadier Ausbildungs und Ersatz Bataillon 16, estaba compuesta por 12 oficiales, 65 suboficiales y 229 hombres de tropa. Bajo el mando del SS Sturmbahnführer Sepp Krafft, se trataba de una unidad que acababa de llegar de la costa y que había sido integrada dentro del Kampffgruppe Von Tettau como reserva divisionaria de la 9.ª División Panzer SS. Estaba formada por dos compañías de infantería: 2.ª y 4.ª, y una de armas pesadas: 9.ª. En su arsenal disponía de morteros de trinchera, lanzallamas, piezas contracarro y de flak y morteros pesados. En lo que a los soldados se refiere, eran jóvenes de entre 17 y 19 años, y aunque estaban todavía en proceso de entrenamiento y se consideraba que un 40% de ellos no eran aptos para el combate, tenía un núcleo duro de hombres muy fogueados. Venía pues a ser un batallón muy reducido, pero potencialmente muy efectivo, cuya función era actuar como fuerza de reserva y entrenamiento de la 9.ª División Panzer de las SS.

Tropas de las SS en el sector de Arnhem.

Por qué esta unidad iba a ser tan importante. Vamos a enumera primero una serie de casualidades. Primera casualidad. Estaba acantonada en Halte Oosterbeek, al oeste de Arnhem. Segunda casualidad. Ese día había salido para cumplir toda una serie de misiones: reconocimiento, siguiendo la orilla del Waal hacia el oeste; combate, contra cualquier operación aerotransportada (la 9.ª Panzer SS era una unidad que había sido preparada específicamente para esta misión, en realidad el KG Krafft tenía que llevar a cabo un ejercicio de entrenamiento); defensa y eventualmente destrucción, de todos los puentes y transbordadores sobre el Rin. Tercera casualidad. Acababan de ponerse en movimiento cuando los paracaidistas británicos decidieron aterrizar sobre sus objetivos.

El próximo día seguiremos con el propio diario de operaciones del KG Krafft.

  1. Dani says:

    A veces va el diablo y se pone de tu parte. En este caso de parte de los alemanes.
    ¿Tanto como un 40% de soldados no aptos? ¿Por qué? ¿Heridos no recuperados? ¿Falta de convicción? ¿Insuficiente entrenamiento?

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