Aunque la fábrica de sueños nos haya contado muy “a lo Hollywood” que fue un comando norteamericano el que se hizo con las máquinas Enigma navales, lo cierto es que lo hicieron los británicos, y por las circunstancias en que se produjeron los hechos bien merece la pena que le hagamos nuestro pequeño homenaje a aquellos valientes.

Enigma de 4 rotores

Sin duda en la guerra que libraban las distintas inteligencias de los contendientes, los británicos de Bletchley Park estaban liderando el camino. Los aliados habían conseguido grandes avances rompiendo los códigos de la máquina de codificación alemana por excelencia, Enigma. Pero entonces, la flota de submarinos de Dönitz comenzó a utilizar un nuevo sistema de tráfico de radio indescifrable: SHARK.

El sistema SHARK también utilizaba máquinas enigma, de las que varias unidaes estaban ya en poder de los británicos en esos momentos. Sin embargo, la enigma que comenzó a operar en los submarinos albergaba un secreto: disponía de cuatro rotores, en vez de los tres de las máquinas estándar.

Esta “simple” rueda dentada adcional multiplicó las combinaciones posibles en progresión geométrica. Si como parecía ser el caso los decodificadores no lograban romper el código de SHARK con los equipos de que disponían, se hacía necesario obtener de un submarino una nueva enigma modificada para operar con el nuevo sistema, o en su caso, los documentos que permitieran adivinar como funcionaba éste El problema que se planteaba era como demonios iban a poner los aliados sus manos en una de estas máquinas en su carpeta de documentos.

U-559

La solución llegó inesperadamente de una forma conmovedora y a un alto coste. El 30 de octubre de 1942 un hidroavión Sunderland sobrevolaba el mar Mediterráneo en una patrulla rutinaria en las inmediaciones de Port Said. A unos setenta kilómetros al norte del delta del Nilo descubrió a un submarino alemán.

Alertados por radio, se dirigieron al lugar destructores británicos y tras 16 horas de caza y de lanzamiento masivo de cargas de profundidad obligaron finalmente al U-559 a salir a la superficie. Bajo el fuego directo del destructor HMS Petard la tripulación alemana abandonó el submarino, no sin antes abrir las válvulas de fondo para hundir la nave y evitar que cayera en manos enemigas. Los británicos no lo sabían, aunque bien pudieran sospecharlo.

Tony Fasson

Mientras los miembros de la tripulación del U-559 nadaban hacia una chalupa botada por el destructor británico, el teniente Tony Fasson y el marinero Colin Grazier se desnudaron y se tiraron al agua, nadando en dirección opuesta hacia el sumergible. Pretendían apoderarse de su equipo y documentos de cifrado.

Para cuando alcanzaron la nave alemana la torreta apenas sobresalía sobre las olas. Aun así, subieron al puente y se metieron por la escotilla, bajando al interior del submarino, donde encontraron rápidamente la sala de radio. Mientras estaban en el interior se les añadió un tercer marinero, pinche de cocina, llamado Tommy Brown, que sin órdenes se había arrojado también al mar a ayudar a Tony y Colin. (Luego se descubriría que Tommy solo tenía 16 años y había mentido sobre su edad para servir en la Royal Navy).

HMS Petard

En la sala de radio encontraron una mina de material de inteligencia: una de las nuevas máquinas Enigmas de cuatro rotores que operaban con el sistema SHARK y documentos que revelaban las cifras de los códigos. Cogiendo todos estos elementos rapidamente se los pasaron al joven Tommy, que se había colocado en la misma escotilla de salida de la torre, y que asiéndolo todo con ambos brazos lo depositó en otra chalupa que acababa de acodarse a lo que quedaba de submarino en la superficie. Volviendo seguidamente a meterse por la escotilla a por más.

Pero el submarino se estaba hundiendo y en el último momento logró salir al exterior por la misma, cosa que no consiguieron los dos bravos hombres que estaban todavía en el interior del U-559. Éstos marinos británicos se fueron al fondo en el interior de la nave de guerra alemana, que se convertiría en su tumba.

Colin Grazier

El material recogido fue fundamental para poder romper nuevamente los códigos alemanes. Por su parte Tony Fasson y Colin Grazier fueron condecorados postumamente con la Cruz Jorge, la más alta distinción británica al valor después de la Cruz Victoria. También recibió la condecoración Tommy Brown, que a su edad se convirtió en la persona más joven en recibirla de todos los tiempos.

Tommy fue licenciado de la Royal Navy y devuelto a casa a North Shields. Allí moriría dos años más tarde, cuando trataba de salvar a una hermana pequeña de un incendio provocado por un bombardeo alemán.

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