Hoy veremos la tragicómica situación que vivió el teniente Bauer, capitán del U-126, y la suerte que el destino le deparó a él, a su buque y al corsario alemán Atlantis en aguas del Atlántico Sur.

U-68 con la tripulación del Atlantis

Hacía muchas semanas que el U-126 había partido de la base de Lorient para su área de operaciones en las rutas comerciales del Atlántico Sur. Tras una larga patrulla se hacía necesario repostar combustible y provisiones. Se concertó la cita a 350 millas al norte de la Isla Ascensión. Su proveedor iba a ser nada más y nada menos que el célebre crucero auxiliar Atlantis, el corsario que al mando del capitán Rogge asolaba con gran éxito el comercio aliado.

Artillería oculta del Atlantis

Al alba de un frío 22 de noviembre de 1941 se avistaban las naves, paraban máquinas y se abarloaban. El capitán Rogge estaba preocupado. Ésta sería su última escala antes de emprender el regreso a Alemania y acababan de perder el hidroavión, que capotó por el mal estado del mar. Llevaban 603 días de navegación ininterrumpida (record abosoluto) y habían capturado 22 presas. Pero sus cavilaciones no fueron un obstáculo para dar la bienvenida a los oficiales del submarino con su habitual caballerosidad.

Capitán Rogge

Rogge le había insistido tanto a Bauer para que se diera un baño, que allí estaba él sentado en la bañera de esmalte blanco del capitán del Atlantis llena de agua caliente que le llegaba hasta el cuello. Cuando sumergía la cabeza podía oír los pulsos de las bombas de cobustible, que trasvasaban el preciado líquido hasta las tripas del escualo metálico. Quizá estaba tomando un baño demasiado largo, pero cuando volvería a tener una oportunidad como aquella.

Teniente Bauer, capitán del U-126

De repente empezaron a sonar los timbres de alarma. Carreras y pasos metálicos se podían oir por todos lados. ¡Maldición! El teniente Bauer salió de la bañera de un salto, dejando tras de él un reguero de agua, y comenzó a vestirse apresuradamente. Voló por la cubierta hasta llegar a la borda del corsario y entonces……. entonces solo pudo ver como su submarino se sumergía ante sus narices. Después de la sorpresa inicial, la ira se apoderó de Bauer, que maldijo a su segundo. Y no era para menos. La alarma se había producido porque habían divisado un crucero enemigo en el horizonte. Bauer había abandonado su puesto ante el enemigo y había perdido el control de su nave. Si salía bien de aquello se tendría que enfrentar a un Consejo de Guerra y lo menos que le podía pasar era que lo degradaran.

HMS Devonshire

Sin embargo, su segundo hizo bien al sumergir el submarino, ya que se había divisado muy cerca al hidroavión de reconocimiento del crucero aliado y si descubría al submarino ya no habría dudas de que el buque fuera un corsario alemán. Aún así, el capitán Rogge no se las prometía muy felices. Intentarían alargar al máximo las comunicaciones con el navío inglés para acortar distancias y ponerlo a tiro de sus cañones. Se trataba del HMS Devonshire de 10.000 toneladas y artillería principal de 203mm, que hizo fuego de advertencia, cayendo dos salvas, una por cada banda del Atlantis. Los alemanes pararon máquinas y comenzaron a radiar «RRR…..Polyphemus …..RRR….Polyphemus … Buque no identificado me ordena detenerme» . Si había suerte, podían desconcertar al navío inglés y que éste se acercara lo suficiente para que el U-126 lo torpedeara o para poner a prueba la artillería propia. Sin embargo, los ingleses no cayeron en la trampa: Las letras RRR habían sido radiadas en grupos de tres en vez de en grupos de cuatro. Además, los ingleses habían pedido confirmación a Freetown, y ésta llegó tras 30 angustiosos minutos. Desde una distancia de 18 km el Devonshire abrió fuego. A pesar de que Rogge intentó tender una cortina de humo, los proyectiles ingleses hirieron mortalmente al corsario y se dio la orden de abandonar el barco y activar las cargas de demolición.

El U-126 remolca los botes con la tripulación del Atlantis que no cabe en el submarino.

El crucero británico no se acercó a recoger a los naufragos y se alejó a toda máquina zigzagueando. El hidroavión siguió sobrevolando a los naufragos durante un rato, marchándose en pos del crucero inglés. Una vez despejado el cielo, emergió el U-126 y se acercó a los miembros supervivientes de la tripulación. ¡Bauer volvía a tomar el mando! Su segundo había confundido la primera salva del Devonshire con bombas de aviación, por lo que decidió esperar a 100 metros de profundidad. Tras una breve reunión de oficiales se decidió trasladar a la tripulación del Atlantis a Brasil. Durante 3 días con sus noches se navegó en aquella dirección, hasta que apareció el buque nodriza alemán Pyton.

Al fondo el “Python” a punto de abastecer al U-68

El buque alemán recogió a más de 300 naufragos y el capitán Rogge insistió en que se hizaran también los botes del Atlantis. Cinco días después, el Pyton recibió orden de aprovisionar a dos submarinos alemanes a 700 millas al sur de la Isla de Santa Elena. El 1 de diciembre de 1941, el Pyton se encontraba dando combustible a los submarinos U-68 y U-A, cuando fue sorprendido por el crucero británico HMS Dorsetshire, gemelo del HMS Devonshire. Los dos submarinos se sumergieron a toda velocidad. El U-A le disparó al crucero una salva de 5 torpedos a una distancia de 3000 metros que no dio en el blanco. Los naufragos del Pyton y del Atlantis fueron remolcados durante 6 días por los dos submarinos, que también iban abarrotados de naufragos, hasta que llegaron otros dos submarinos, el U-124 y el U-126 de Bauer. Entre los cuatro lobos grises se repartieron a las dos tripulaciones, llevando cada uno a 140 hombres (cuando la tripulación es de 40). A la altura de Cabo Verde se unieron cuatro submarinos italianos, repartiéndose la carga humana. Finalmente, las tripulaciones llegaron a Saint Nazaire a principios de 1942.

Bauer siguió comandando submarinos hasta 1945, recibiendo la Cruz de Caballero y convirtiéndose en un as con 26 hundimientos y 118.000 toneladas a sus espaldas. Más tarde formaría parte de la Bundesmarine, retirándose en 1972.

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  1. Carlos Javier masserini says:

    Excelente. Historias de barcos siempre me interesan y son bienvenidas. Esta va con 10 puntos.gracias por estar.

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