Habíamos dejado al general Cota en el reborde de Playa Omaha intentando hacer, según distintas versiones, que sus tropas siguieran avanzando hacia el interior.

Cota «convenció a un variopinto grupo de infantes para que se pusiera en marcha». Él mismo salió arrastrándose del reborde de la playa llegando a otro reborde que había unos cinco metros más allá. Se llevó consigo a un soldado con una BAR para que diera fuego de cobertura y otro voló la alambrada que tenían delante con torpedos bangalore.

El primer hombre que corrió por el corredor creado fue derribado por fuego de ametralladora. Se podía oir «¡sanitario!» y «¡mamá!». Cota sabía que aquellos gemidos paralizarían a los hombres que lo seguían. Tuvo que mostrarles que se podía hacer. Así que, se lenvantó de golpe,  y corrió por el sendero hasta el pasillo. Se volvió y les gritó que lo siguieran. Unos pocos los hicieron, y cuando vieron que no eran alcanzados, docenas más se convencieron de que había que intentarlo.

En poco tiempo Cota dispuso de una desaliñada columna que avanzaba más allá de la playa, del sendero y de la alambrada. Pasaron a través de campos minados, perdiendo varios hombres por el camino; llegaron a la cima, enontraron resistencia por parte alemana y pusieron a los soldados germanos en fuga.

Llegaron a la villa francesa de Vierville y la capturaron. Mientras tanto, por detrás, una gran cantidad de hombres estaba saliendo de la playa. Un grupo se encontró a Cota en la calle principal de la villa, girando la pistola con su dedo como si fuera un vaquero del oeste. El general miró a los que llegaban: ¿dónde diablos habéis estado muchachos?

Sin haber acabado todavía sus bravatas, Cota regresó al área de desembarco para acelerar la marcha de los hombres y los vehículos, incluidos los carros de combate. La escarpadura de Vierville, una depresión natural que llevaba a la playa, estaba todavía en manos alemanas. Cota, con seis hombres, la tomó desde la retaguardia. De regreso en la playa, se puso a organizar y a poner en orden la caótica situación que había allí todavía.

Informó que la escarpadura estaba despejada para que pudiera ser utilizada por las tropas y los trenes de aprovisionamiento. Ordenó a un soldado que cogiera un bulldozzer cargado con el necesitado TNT y que avanzara.

De esta manera, con la perspectiva de las décadas, los testimonios del papel exacto de Cota difieren sustancialmente, pero todos coinciden en el hecho esencial de que fue una figura clave a la hora de movilizar a las desmoralizadas tropas desde sus posiciones del reborde en un momento crucial de los hechos de Playa Omaha.

Y no paró ahí la osada actuación de Cota en el Día D. El 7 de junio, Balkoski escribe en su libro: Cota volvió a ser un ejército de un hombre. Empujando a sus tropas, esta vez hacia la población de St. Laurent, se encontró a un capitán de infantería y a algunos hombres fijados al suelo frente a una casa ocupada por alemanes. Cuando preguntó por qué no estaban tratando de eliminar al enemigo y tomar la casa, el inexperto capitán dijo: los alemanes están ahí dentro y nos disparan.

Estaba claro que eso no cuadraba nada con el temple de Cota: Bueno, te diré una cosa, le dijo al joven capitán. Tú y tus hombres disparadles. Yo cogeré una escuadra. Mientras, estad vigilantes. Yo te enseñaré como tomar una casa con alemanes dentro. El general había quitado las anillas de dos granadas de mano mientras hablaba, y luego se llevó a sus hombres a cubierto. Luego corrieron hacia la casa gritando como salvajes, y lanzaron las granadas por las ventanas.

Cota y otro soldado le dieron una patada a la puerta delantera, echaron unas pocas granadas más en el interior, esperaron a las explosiones y luego desaparecieron dentro de la casa. Los alemanes supervivientes corrieron por la puerta trasera y las ventanas. Luego, el general Cota volvió para informar al estupefacto capitán de que la casa había sido despejada. ¿Sabe ya el capitán como tomar una casa?, Sí señor. Bien, porque ya no estaré por aquí para volver a hacerlo por tí. No puedo ir haciéndoselo a todo el mundo.

No obstante, Cota continuó ayudando a todo el mundo por doquier todo lo que pudo siempre en mitad del fregado a medida que los norteamericanos fueron adentrándose gradualmente en el Bocage con sus temibles setos, hasta que la 29ª División participó en la toma de St. Lo a mediados de julio.

Como era habitual, entró en la castigada ciudad francesa a continuación de la columna de cabeza. Charlando con un colega de la división poco después, el general Cota resultó herido de un trozo de metralla en su brazo. Su compañero vio sangre corriendo por su manga abajo, y goteándole por sus dedos. Él siguió allí, charlando; no le molestó ni lo más mínimo.

Cota se curó el brazo y lo tuvo el resto del día en cabestrillo. Esa noche, fue evacuado con una convalecencia de una semana en un hospital de retaguardia. Pero, como cabía esperar, no estuvo allí mucho tiempo. A finales de mes le concedieron el mando de una división, la 28ª División de Infantería. El 29 de agosto, Cota desfiló con su unidad por los Campos Elíseos de París. Había sido un largo camino desde aquel sangriento reborde de playa Omaha.

Viene de El general “Dutch” Cota en Playa Omaha (I) – Si sois Rangers levantaos y liderad el camino

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