Las actividades y los beneficios del espionaje son conocidos desde antiguo, pero con el surgimiento de los Estados-Nación durante el siglo XVII y con la progresiva globalización y mejora de las comunicaciones, los servicios de inteligencia empezaron a tomar carta de naturaleza.

Oficial escribiendo una carga (Gerard Ter Borch 1655)

Los Estados ejercían una política exterior sustentada principalmente en dos pilares: un Ejército permanente desplegado en el territorio, y un Cuerpo Diplomático destacado en las cortes de los demás estados. Por tanto, se hacía imperioso tender y mantener redes de información y comunicación para que los centros de decisión pudieran establecer las directrices políticas y estratégicas adecuadas.

Los ambientes donde se podía obtener esta información eran múltiples: desde plazas, mercados, cuarteles, puertos y campos de batalla, a pasillos, dependencias y aposentos de la Corte. Atendiendo a la naturaleza de las informaciones obtenidas se  puede hablar de espionaje en dos ámbitos diferenciados:

Un primer escenario tiene como objetivo el conocimiento en su dimensión estratégica y queda a cargo del Cuerpo Diplomático. Eran los embajadores los encargados de tejer y sufragar las redes de información que les permitieran obtener los planes e intenciones de los otros Estados y de sus súbditos.

Wallenstein

En los Apuntamentos Generales se advertía al embajador como debía procurar por todos caminos tener avisos y inteligencias de todas partes, comunicándose  con las personas que save tienen gusto dello. Se dice que el embajador español en Viena tuvo un papel destacado en la decisión del Emperador Fernando respecto de las sospechas de traición de Wallenstein y en el desenlace de su muerte en 1634.

El trato con que deben ser correspondidos los agentes debe ser  siempre con estilo cortés y palabras amorosas [a] las cosas que fueren de su servicio, ofreciéndoseles en todo para que no sólo conozcan su buena intención y desseo de servirles pero que conozcan su prudencia e industria.

A nivel táctico, los altos mandos militares de la época juzgaban indispensable para el buen fin de una campaña contar, en su fase de planificación, con un conocimiento exhaustivo de todos los factores relevantes tanto propios como del enemigo.

Cardenal Richelieu

Según el tratadista Bartolomeo Pellicari, los spie fideli eran un medio importante de la planificación militar, procurando por todas las vías tener certeza de los hechos del enemigo, saber si el general es soldado práctico y astuto o por el contrario desconsiderado y de poca experiencia; si es de ánimo fuerte o pusilánime, diligente o negligente, de qué suerte de oficiales y consejo está provisto, si tiene gente veterana y practica o bisoña y de qué naciones.

La obtención de información en campaña se hacía, bien con soldados veteranos con ojo experto, encuadrados en unidades de caballería ligera; bien con espías infiltrados en territorio enemigo. A pesar de que la actividad de estos últimos era moralmente reprobable en el esquema de valores de la época, nadie dudaba del beneficio de sus servicios. El agente más comprometido y más despreciado por su condición de traidor era el espía doble. Si era desenmascarado, la ejecución inmediata era la práctica habitual.

Carta cifrada de Hernán Cortés

La seguridad de los espías era una cuestión de primer orden. Para evitar indiscreciones se tomaban precauciones diversas como evitar la coincidencia entre agentes, celebrar los encuentros de noche o procurar que los agentes no se conocieran entre sí.

El espía podía ser hombre o mujer y revestir cualquier condición en el estamento social, incluso renegados, tal es el caso documentado de cristianos obligados a convertirse al Islam para conservar vida y hacienda. El Cardenal Richelieu destinaba al sufragio de sus redes de espías la cantidad de 20.000 escudos mensuales, lo que le daba fama de ser el hombre mejor informado de Europa.

Bernardino de Mendoza

El creciente intercambio de información confidencial dio lugar a la creación de oficinas secretas encargadas de la interceptación y criptoanálisis de las comunicaciones. Tal es el caso del Cabinet Noir francés, dirigido por Leclerc du Tremblay bajo las órdenes directas de Richelieu. Para procurar cierto grado de seguridad en las comunicaciones, los documentos solían cifrarse. En la correspondencia diplomática que mantuvo Bernardino de Mendoza (1) con Felipe II, el primero usó abundantes técnicas de encriptación de las que mostramos algunos ejemplos:

– Utilización de signos de su propia invención con equivalencia en letras del alfabeto, o la transformación de unas letras en otras según una tabla de equivalencias.

– La identidad de grupos de letras y números de dos cifras (BL=23, BR=24), la conversión de palabras en símbolos jeroglíficos o la sustitución de nombres propios por nombres figurados (Felipe II=Fabio)

Carta del emperador Carlos I a su hijo el príncipe Felipe con un párrafo cifrado

(1) Esta correspondencia ha sido estudiada en detalle por De Lamar Jensen en su obra Bernardino de Mendoza and the French Catholic League. Fuente: http://www.aache.com/docs/bernardino.htm

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