En gran medida, los modos de hacer la guerra después de 1630 se vieron influenciados por Gustavo Adolfo de Suecia durante la Guerra de los Treinta Años.

 

Gustavo Adolfo en la batalla de Breitenfeld, 1631

Aunque el mismo Gustavo Adolfo se había inspirado cláramente en Mauricio de Nassau (y éste con anterioridad en los españoles), su ejército introdujo o popularizó una serie de innovadoras reformas que acabarían siendo adoptadas, algunas de manera bastante rápida, por otros ejércitos europeos.

Como Mauricio de Nassau, Gustavo Adolfo apostó por la utilización de formaciones pequeñas. Había varias razones por las que formaciones de menor tamaño pudieran ser más exitosas. Podían desplegarse con más facilidad en formación de combate, especialmente en terreno accidentado. Desde un punto de vista táctico, estas unidades se adaptaban mejor a las maniobras en el campo de batalla, y además estaban en mejor disposición de prestarse apoyo mutuo, aunque eran más débiles en caso de tener que enfrentarse a un choque de picas con el masivo escuadrón de un tercio.

Suponiendo que dos ejércitos enfrentados tuvieran igual número de efectivos, el ejército que utilizara formaciones más pequeñas ocuparía un frente más ancho que su oponente (aunque menos profundo), siendo así capaz de atacar más prontamente su flanco o de aprovechar mejor una potencia de fuego instantánea de sus mangas. Más aun, cuando una pequeña unidad era derrotada y puesta en fuga, el impacto general era menos serio que cuando le pasaba lo mismo a un tipo más grande de unidad, por ejemplo a un escuadrón, que fue la causa que motivó a Mauricio de Nassau a concebir el batallón holandés.

Mauricio de Nassau

Debido a la creciente efectividad de las tácticas de su infantería y de su caballería, Gustavo Adolfo podía desplegar a sus hombres en formaciones menos pesadas. La infantería sueca comenzaba ahora a desplegarse en 6 filas en vez de las 10 habituales en los ejércitos de Nassau; mientras que la caballería se desplegó primero en cuatro, y luego solo en tres filas. Para 1631, la infantería formaría ocasionalmente en tres filas mientras efectuaba sus descargas, con la intención de maximizar la potencia de fuego de la salva.

A principios del siglo XVII, la manera en que tanto la infantería como la caballería luchaban en el campo de batalla estaba empezando a cambiar. Los enfrentamientos de picas como medio para decidir la batalla eran cada vez menos frecuentes. A comienzos de la Guerra de los Treinta Años, la creciente efectividad de los mosquetes hacía que los enfrentemientos se resolvieran de manera cada vez más frecuente antes de que las tropas llegaran a estar lo suficientemente cerca como para que se ensarzaran las formaciones de picas.

Una “carga” del escuadrón, que en otros tiempos hubiera significado un choque de infantería para luchar a brazo partido con el oponente, se dilucidaba ahora mediante un combate con armas de fuego a corta distancia que duraba hasta que un bando abandonaba el terreno, más que con una verdadera colisión. Adicionalmente, la caballería, especialmente la sueca, que atacaba en coordinaión con su infantería, comenzaba también a tener mayor éxito contra los piqueros enemigos (fundamentalmente porque la mejora de la artillería, en especial el cañón regimental de su invención que podía acompañar las cargas, obligaba a las formaciones de piqueros a no ser tan compactas).

Los piqueros llevaban originalmente una pica de unos 5 metros de longitud. Sin embargo, esta longitud se había hecho menos necesaria una vez que desaparecen las lanzas medievales de la caballería pesada de los hombres de armas (en España se erradican con las ordenanzas de 1632-33) y al hacerse los enfrentamientos de picas menos frecuentes. Como resultado, algunos piqueros comenzaron a utilizar una pica más corta de unos 3,5 metros, circunstancia que queda muy alejada de la pretensión de cierta historiografía anglosajona de pretender que el rey sueco abandonó el empleo de la pica (hecho muy necesario si el objetivo es hacerlo precursor de la guerra en línea del siglo siguiente).

Batalla de Fleurus 1622, se aprecia que la lucha es entre mosqueteros con armas de fuego. Las picas quedan atrás

Gustavo tomó medidas para hacer más efectivos a los mosqueteros. Desde los tiempos de Alejandro Farnesio, Duque de Parma, allá por el último tercio del siglo XVI, se había convetido en una práctica común la utilización de un arma de fuego pesada, que disparaba pelotas que pesaban hasta 57 gramos. Este arma recibía el nombre de mosquete y era bastante pesada como para echársela al hombro para disparar, así que se utilizaba una horquilla. Generalmente se empleaba en la defensa cercana del escuadrón, debido a su menor movilidad y su mayor potencia de fuego. Para la guerra ofenisva se utilizaban armas más ligeras como el arcabuz.

Gustavo Adolfo instituyó una serie de reformas que incrementaron en gran medida la efectividad de las armas de fuego portátiles. Aligeró el peso del mosquete y simplificó su proceso de carga. Además, sus mosqueteros experimentaron con la ejecución sucesiva de “descargas de fuego” realizadas por trozos de una formación, mientras el resto se preparaba para la realizar la siguiente. Se trata de la famosa contramarcha, y aunque en la historiografía extranjera se atribuye el mérito de su creación al de Nassau, lo cierto es que los españoles llevaban décadas prácticándola, que se sepa al menos desde la Batalla de Bicoca en 1522, y si hacemos uso del sentido común, hasta en Ceriñola.

El mosquete pesado español, que precisaba una horquilla de madera había sido popular en muchos ejércitos al comienzo de la Guerra de los Treinta Años. Era ideal para presentar una primera línea “artillada” de fuego pesado para proteger al escuadrón (mientras que para las operaciones ofensivas y de escaramuceo, los españoles preferían el más liviano arcabuz). Sin embargo, el uso de la horquilla hacía de la carga del mosquete un proceso largo y engorroso. El mosquetero, con solo dos manos tenía que sostener la horquilla con el codo o dejarla en el suelo mientras utilizaba la varilla de madera para cargar el mosquete. Los suecos trataron de resolver este problema aligerando el peso del mosquete, pero no consiguieron evitar el uso de la horquilla, como suele ponerse de manifiesto.

Esta nueva arma disparaba pelotas de unos 36 gramos (menos pesada que la estándar del mosquete español, de unos 55 gramos, pero más pesada que la del arcabuz, de entre 10 y 15 gramos), y sus dimensiones se redujeron hasta casi las mismas de las armas de retrocarga que aparecerían en el siglo XIX. Esta innovación fue rápidamente copiada por otros ejércitos y para el año 1650 su empleo era prácticamente universal. Originalmente, Gustavo Adolfo desplegó a sus formaciones en seis filas de profundidad, en vez de en las diez filas propias de las formaciones de Mauricio de Nassau. No era del gusto de formaciones más profundas, argumentando, entre otras cosas, que los hombres de atrás de estas formaciones tan pesadas no podían siquiera oir las órdenes.

Gustavo Adolfo experimentó primero con  dos filas disparando sus mosquetes al mismo tempo, introduciendo el concepto de “descarga”. Al tiempo de la batalla de Breitenfeld (17 de Septiembre de 1631), los suecos utilizaban una serie de diferentes sistemas de fuego: disparando dos, tres y hasta seis  filas al mismo tiempo. Ocasionalmente, se disparaba también por fracciones del frente de la formación esto es, por un pelotón o trozo.

Descarga sueca, donde se presentan a los mosqueteros disparando supuestamente sin horquilla

Aunque en esa época ya existían los cartuchos de papel (precursores de la bala actual y que no son invención de Gustavo Adolfo) y éstos simplificaban en gran medida el sistema de carga, no fueron empleados (como suele decirse) por su precio prohibitivo. Según la historiografía ya mencionada, el supuesto empleo de estos cartuchos habría hecho que los mosqueteros disparasen tres o cuatro veces más rápido que sus enemigos imperiales.

Los mostqueteros continuaron empleando una “bandolera” para llevar una serie de cápsulas que contenían pólvora suficiente para una recarga, recipientes que eran conocidos en la época como “los doce apóstoles”. La pelota, al igual que épocas precedentes iba  por separado, normalmente guardada en un zurrón atado a la cintura o introducida en la boca del mosquetero.

Descarga de tres filas

Para proporcionar algún tipo de protección contra la caballería, sus mosqueteros se equiparon en algunas ocasiones con las llamadas “Plumas Suecas” (que tampoco son una invención de Gustavo Adolfo), unas estacas con punta de hierro que se instalaban delante de la infantería y donde se podían apoyar los mosquetes a modo de horquilla además de servir como defensa contra la caballería (las estacas son utilizadas por el Gran Capitán en la batalla de Ceriñola en 1503). Sin embargo, las plumas suecas caen en desuso en campañas posteriores. Para una exposición más extensa sobre el tema consultar el Histocast 120 – Tercios, la revolución militar de Gustavo Adolfo – mitos y realidades

Sigue en Las Innovaciones de Gustavo Adolfo (II) – La Caballería y La Artillería

Aprovecho el hilo del artículo para adelantaros que en unos días estará disponible mi nuevo libro LOS TERCIOS EN AMÉRICA – LA JORNADA DEL BRASIL. SALVADOR DE BAHÍA 1624-1625

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  1. APV says:

    La táctica de la infantería sueca también se basaba en su experiencia contra la caballería polaca, donde su rapidez solo permitía una salva, por lo que debía ser masiva para romper la carga.

    Los españoles para contrarrestarlos se agachaban o tiraban al suelo con lo que la salva fallaba, y entoncés devolvían el fuego a quemarropa.

  2. Hugo A Cañete says:

    Según explico en la segunda parte, la caballería polaca es una caballería pesada de hombres de armas con lanzas y fuertemente acorazados, a la vieja usanza, que seguramente no podría cabalgar más allá del trote.

    Por otro lado, los españoles contrarrestaron la contramarcha en Nordlingen agachándose y fue una improvisación genial, pero se trataba de una artimaña teóricamente no sostenible en el campo de batalla. Suerte que los suecos quedaron fuera de combate por un tiempo tras la aplastante derrota de 1634.

    saludos

  3. [Kuke] says:

    Difiero en eso de que la caballería polaca no podia cargar al galope, por lo que tengo visto juraria que si, ademas no podrian ser tan arrolladores solo trotando no?. No se sacadme de dudas

  4. APV says:

    Tampoco estoy de acuerdo con que no podían galopar, precisamente los polacos tenían caballos entrenados para ser muy veloces, y aunque con armadura no llevaban tanta carga.

    Hay que señalar que el ejército sueco en Alemania de la década de 1640 ya era más alemán que sueco con lo que su nivel sería más equivalente a los otros ejércitos que operaban en la zona.

  5. Hugo A Cañete says:

    Hola a ambos, la caballería polaca de la década de los años 20 del siglo XVII estaba compuesta por varios tipos de jinete. Me refiero concretamente a la caballería pesada polaca, que iba acorazada al modo medieval de cabeza a pies y con grandes lanzas, montando enormes caballos frisones, que también iban acorazados.

    Solo el jinete y su armadura aportaban más de 100 kilos al conjunto, sin hablar de la coraza del caballo y de la fuerza que enjerciera la lanza en el equilibrio general con el momentum de una carga prolongada.

    La táctica de esta caballería era comenzar la carga al paso con una separación grande entre sus componentes para ir cogiendo velocidad mientras convergían sobre el objtivo, juntándose e imprimiendo la máxima velocidad posible en el momento del choque.El hecho de que entrenaran a los pesados caballos frisones para que fueran lo más veloces posible no implica, en mi opinión, que estas formaciones alcanzaran el galope en sus cargas.

    Poesteriormente se irían recibiendo más influencias occidentales y la caballería polaca evolucionaría a otro tipo de caballería pesada armada con pistolas, como los Rajtars y Karacyr que sí podía sacar mucha más velocidad de sus caballos purasangre.

    saludos

  6. APV says:

    No recuerdo muchas ilustraciones sobre polacos con caballos acorazados, pienso que no lo estaban a diferencia de los caballeros medievales, que si podían cargar con coraza y todo.
    Los husares llevaban coraza o media coraza en casos, con caballos criados al efecto sería soportable.

    Respecto a la táctica, coincido, pero pienso que llegaban a cargar al galope, precisamente en la velocidad destacaban, cambiando el punto de ataque y barriendo las formaciones enemigas, y las victorias desde fines del S XVI lo atestiguan.

    Por ello la táctica sueca tiene sentido, pues ante una carga tan rápida una salva masiva de 3 o 6 filas a quemarropa respaldada por los piqueros es efectivo.

    Si bien también a la larga supuso la fosilización de la táctica sueca: mantuvieron hasta tarde las picas y su planteamiento de ataque. Ante el que los rusos a la larga opusieron el fuego en caballería e infantería y los obstáculos.

  7. Diego says:

    Gustavo Adolfo, un gran comandante y un asiduo lector (y critico) en lo que se referiere a la guerra, fue muy estudioso y observador, y lo demostro su ejercito en el tiempo que el estuvo al mando, aparte tambien de toda la experiencia que obtuvo en su carrera, la guerra era algo habitual en la epoca.

    Innovo y mejoro los sistemas de la epoca, y en Breintenfeld lo demostro (creo que nadie puede poner en duda la capacidad de Tilly y su ejercito), y en Lutzen hubiera ganado, si no hubiera muerto, contra un sistema actualizado (bueno, fue superado estrategicamente, merito de Wallenstein).

    Nordlingen, ya era distinto, los suecos estaban muy germanizados ya y el sistema fue variando a medida que las bajas aumentaron, y a esa altura los españoles no eran ignorantes y conocian perfectamente a su rival y habian actualizado sus formaciones (que aparte eran realmente aguerridos)

    Interesante debate sobre la caballeria polaca, que incluso a comienzos de la 2da guerra seguian confiando en ella los polacos.

    Otro lindo post, los felicito.

  8. David Crespo says:

    Estupendo artículo. Se innovó pero no por los motivos que siempre nos han contado. Recomiendo el libro de la Guerra de Frisia, muy emocionante.

  9. Francisco says:

    Es curioso que mientras en esta época se abandonaba la armadura por la mayor eficacia de las armas de fuego, luego fueran reintroducidas durante las Guerras Napoleónicas en la caballería pesada.
    Una duda. Leí, que los contendientes de esta época, se diferenciaban en batalla (por la falta casi total de uniformidad en las tropas) atándose una pieza de tela del color del bando al que pertenecían.
    Tengo entendido que los españoles usaban el color rojo, los franceses el blanco, los holandeses el naranja. ¿Qué color usaban los suecos? ¿Y los ingleses?

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