El plan para la construcción del fuerte se detuvo cuando se firmó la tregua entre España y Holanda en 1609 y no se reanudó hasta el fin de esta, en el año 1621.

Ese mismo año, las embarcaciones holandesas regresaron a Punta de Araya y el gobernador de Cumaná, don Diego de Arroyo Daza, insistió al monarca en la construcción del fuerte. Las escaramuzas entre españoles y holandeses se reavivaron cuando, en la desembocadura del rio Bordones, estos últimos trataban de aprovisionarse de agua. Estos combates se desarrollaban como emboscadas perpetradas por los españoles, que acompañados de arqueros nativos, hostigaban a los hombres mientras estos cargaban el agua. Los informes señalan que al menos veinte neerlandeses murieron a causa de estos ataques, viéndose obligados a abandonar el rio Bordones, donde ya había empezado la construcción de elementos defensivos.

Un año después (1622), los ingenieros Cristóbal de Roda y Juan Bautista Antonelli visitaron la salina para encontrar la mejor zona donde construir el fuerte. Escogieron el cerro de Daniel, nombre que recibió después de que fueran ahorcados allí algunos holandeses y su capitán, Daniel de Moucheron, por el capitán español Luís de Fajardo tras su ataque en el año 1605.

La construcción del fuerte se vio reforzada por la llegada de una guarnición de cien hombres. La nueva estructura defensiva recibió el nombre de fuerte de Santiago del Arroyo de Araya, denominación que incluía el nombre del santo patrón de España, el nombre del gobernador de Cumaná y la localización de la fortificación.

El fuerte no tardó mucho tiempo en entrar en acción, el 27 de noviembre de 1622 una flota de cuarenta y tres cargueros de sal holandeses fondeó en Ancón de Refriegas, desde donde bombardeó las defensas españolas durante dos días, para acto seguido, desembarcar más de mil hombres que se lanzaron al asalto del fuerte Santiago del Arroyo de Araya. Los cien soldados allí apostados, y un contingente indeterminado de arqueros nativos liderados por el gobernador Arroyo, mataron al almirante holandés, al alférez y a cuatro capitanes entre otros, hecho que desalentó al resto de asaltantes que se batieron en retirada hacía sus naves.

Aprovechando la desbandada, Arroyo ordenó la persecución, diezmando aun más a los asaltantes. Mientras, las piezas de artillería del fuerte, siguieron disparando contra los barcos fondeados, pero la mala puntería de los artilleros y el hecho de que cuatro cañones explotaran, fueron las causas de que la flota holandesa solo perdiera tres cargueros de sal. La crónica de la batalla pone de relieve el papel de los arqueros nativos, que con su puntería ayudaron a repeler a los holandeses. El 30 de noviembre 1622, la batalla de Punta de Araya finalizó.

En enero de 1623 una nueva flota holandesa fondeó en Refriegas, disparó durante dos días sobre las defensas del fuerte, pero no logro la rendición de la guarnición. Poco después, el gobernador Arroyo diría: “No sé si ha habido nunca en el mundo una victoria más grande”. Una afirmación sin duda exagerada, pero lo que es seguro es que el fuerte permitió que Punta de Araya siguiese siendo española e hizo que los holandeses dejasen de amenazar esta zona del Caribe.

Viene de La batalla de Punta Araya, 1622 (I)

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  1. Dani says:

    Interesante y desconocida batalla. Pero me viene una pregunta. Si en esa zona no hay agua potable. ¿Como aguantaron el asedio holandés?

    • Jordi Arbós says:

      Los asedios que se comentan en el artículo duraron apenas unos días. Cabe destacar también que los dueños de esa zona del Caribe eran los españoles y por lo tanto tenían los recursos básicos más accesibles. Los holandeses en cambio se vieron obligados a realizar expediciones casi a diario para conseguir agua potable y como bien explico, los españoles los esperaban en las desembocaduras de los ríos para emboscarlos.
      Las condiciones de vida de estos buscadores de sal fue muy dura, trabajando bajo ataque, sin apenas recursos y muchas veces a temperaturas extremas, aun que si podían esperaban a la noche para evitar trabajar en la salina a pleno sol.

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