Karl Dönitz empezó a desarrollar los principios que tendrían que guiar tanto la guerra submarina como el entrenamiento de las tripulaciones a partir del momento en que fue nombrado Führer der U-Boote (comandante en jefe de la flota submarina). Resulta llamativo que, dado que en aquellos años no se preveía aún una guerra naval contra Gran Bretaña, los principios que desarrolló nada tendrían que ver con la realidad posterior y otros oficiales descartaron la idea de atacar el tráfico comercial enemigo para centrarse en sus buques de guerra y en sus transportes de tropas, sobre todo en el Mediterráneo.

El U-37, del tipo IX, abandonando la base de Lorient, en Francia.

Este escenario, sumado a la idea, que si prosperaría, de que era mejor que los submarinos atacaran en masa, llevó a Dönitz a recomendar la construcción de naves de largo alcance de 750 toneladas de desplazamiento. Sin oponerse a este planteamiento, otros mandos superiores recomendaron, por su parte, que también sería bueno construir submarinos más grandes y poderosos para poder operar con ellos en el Mediterráneo oriental… o en el Atlántico. Tras muchos debates, en octubre de 1936 el almirante Raeder acordó que se seguirían ambas vías, y ordenó la construcción de siete submarinos del tipo VII (los favorecidos por Dönitz), y cuatro, más grandes, del tipo IX.

Mientras la construcción de submarinos sufría debates y complicaciones, y se sometía a las condiciones económicas del Reich más que a una planificación militar coherente, la construcción de buques de superficie sufrió un espectacular empujón a raíz del fracaso de la conferencia naval internacional celebrada en Londres entre el 9 de diciembre de 1935 y el 21 de marzo de 1936. A raíz de ello, el gobierno británico informó a Ribbentrop de que planeaba iniciar la construcción de cinco nuevos acorazados durante el año 1937, lo que, siguiendo la regla del 35%, aumentó automáticamente las posibilidades alemanas.

El viejo acorazado Schleswig-Holstein, antes de la guerra.

Si es cierto que “a río revuelto, ganancia de pescadores”, lo cierto es que en ese momento el río revuelto parecía estar en Alemania. Al conocer los planes navales británicos, Raeder ordenó que se prepararan las especificaciones para la construcción de dos acorazados nuevos, mucho más pesados y mejor armados de lo que permitían los acuerdos con Gran Bretaña. Es más, a lo largo de 1937 los alemanes parecieron perder todas sus inhibiciones en lo que a la construcción de su flota se refiere, pues llegaron a preparar un plan que preveía la construcción de seis acorazados y dos portaaviones más (además de los dos que ya estaban en construcción). Fue una locura cuyo resultado preveía que para 1944 la flota alemana iba a tener 365 buques de guerra. Sin embargo, en todo el año no se otorgó un solo contrato. Es decir, a parte de soñar, no se hizo absolutamente nada.

El crucero ligero Nürnberg, botado en diciembre de 1935, entró en servicio en noviembre del años siguiente.

Antes de terminar esta entrada, sería interesante conocer el estado de la flota alemana. En 1933 estaba constituida por el acorazado de bolsillo Deutschland; los acorazados Schlesien, Schleswig-Holstein y Hannover (todos anteriores a 1914); cinco cruceros ligeros construidos a finales de los años 20: Emdem, Königsberg, Karlsruhe, Köln y Leipzig; 12 torpederas y unas cuantas naves menores. En resumen, nada que violara los acuerdos de Versalles. ¿Y cómo era la flota de 1937? Sin duda más moderna, pero tan solo consistía en 3 acorazados de bolsillo (hay que recordar que estos eran asimilables a los cruceros pesados, el Deutschland, el Admiral Speer y el Admiral Graf Spee), 6 cruceros ligeros (los citados anteriormente más el Nürnberg), siete destructores y una docena de torpederas.

El Admiral Graf Spee, botado en 1934 y puesto en servicio el 6 de enero de 1936, era sin duda el buque más moderno de la Kriegsmarine.

Así, la brecha entre lo que se pretendía hacer y lo que se tenía era aún muy grande. Hay que decir que la construcción de una flota es, necesariamente, un proyecto lento que exige una planificación muy sistemática, y hasta entonces la actuación tanto del gobierno nazi como de las altas jerarquías había sido errática y oportunista, mucho querer y, a causa de la crisis económica y de recursos que sacudió Alemania en 1937, poco poder; y además, la guerra con Inglaterra empezaba a convertirse en una posibilidad, de la que hablaremos en otra ocasión.

  1. dani says:

    Como se suele decir, el papel lo aguanta todo. Los planes para 1944 era grandiosos, pero eran eso planes. Por muy lanzada que estuviera Alemania a la carrera armamentística optenian lo que pagaban.

  2. Ángel Palos says:

    Buenas y enhorabuena por la página. Una pregunta, saben algo sobre la construcción de submarinos por parte de Alemania encargados a ingenieros holandeses en los años previos a la II Guerra Mundial?

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