Esta célebre batalla, que se libró en la península griega durante la Tercera Guerra Macedonia (171-167 a.C), terminó con la amenaza macedonia a Grecia y consolidó el control romano en Oriente Medio.

Roma intervino por primera vez en Grecia en el año 215 a.C durante la Segunda Guerra Púnica. El gran general cartaginés Aníbal Barca, esperando desviar algunas fuerzas romanas, concluyó una alianza con el rey Filipo V de Macedonia, dando lugar a la Primera Guerra Macedonia (215-205 a.C). Roma envió tropas a Grecia y operando en conjunción con las fuerzas de varias ciudades estado griegas, contribuyó en el transcurso de la década siguiente a evitar que los macedonios volviesen a tener el control de la península.

A pesar de su fracaso en esta prolongada guerra, los reyes macedonios se mostraron resueltos a recuperar el control macedonio de Grecia. En el año 200 a.C, Filipo V concluyó una alianza con el rey Antioco III del Imperio Seléucida, uno de los reinos sucesores del imperio de Alejandro Magno, al que Roma le declaró la guerra. La Segunda Guerra Macedonia (200-196 a.C) finalizó con la derrota de Filipo V a manos de las legiones romanas en la batalla de Cinoscéfalos (197 a.C).

Filipo V falleció en 179 a.C y lo sucedió en el trono su hijo Perseo, que recuperó la vieja idea de conquistar Grecia. Roma se alió entonces con Pergamo contra Perseo en lo que se dio en llamar la Tercera Guerra Macedonia (171-167 a.C). En un principio no les fue muy bien a los romanos. Las tropas enviadas a Grecia desembarcaron en la costa este iliria y marcharon sobre Macedonia, pero fueron derrotadas en tres campañas sucesivas en los años 171 y 170 a.C.

Pero en 168 a.C, Roma envió por fin a un comandante militar hábil, Lucio Emilio Paulo, que desembarcó con refuerzos y se puso al mando del ejército romano en junio de ese mismo año. Paulo concibió una estrategia de yunque y martillo. Él mismo fijaría a Perseo en su campamento con algunas tropas mientras el grueso del contingente romano flanqueaba a los macedonios desde el noroeste y atacaba su retaguardia. Pero Perseo fue informado de la maniobra y logró sacar a su ejército de la trampa, dirigiéndose posteriormente al norte.

Paulo reunió rápidamente sus fuerzas en Dium y se lanzó a la persecución. Los romanos alcanzaron a los macedonios en el río Leuco, al sur de Pidna. Paulo erigió su campamento al oeste de los macedonios en las laderas del Monte Olocro. En la madrugada del 21 al 22 de junio hubo un eclipse lunar. Un oficial romano había predicho el fenómeno celestial, así que los romanos lo vendieron como presagio de buen agüero. Los macedonios, por su parte, no se lo esperaban y sus tropas creyeron todo lo contrario. Con todo, resulta difícil saber el efecto causado en la moral de las tropas de ambos ejércitos de cara a la batalla.

En la tarde del 22 de junio de 168 a.C ambas formaciones se habían dado una tregua para sacar agua del río Leuco cuando un mal entendido hizo que los hombres corriesen a por sus armas. Perseo organizó a sus fuerzas primero y cruzó el Leuco, probablemente con dos falanges en el centro, mercenarios en su flanco izquierdo y caballería en el derecho. Contaba con 4.000 jinetes y unos 40.000 infantes. Paulo disponía de dos legiones en el centro, con caballería en su flanco izquierdo, enfrentada a la macedonia, e infantería ligera aliada de la península itálica y unos pocos elefantes de guerra en su derecha (en total unos 38.000 hombres).

En un principio las cosas fueron bien para Perseo, al chocar sus falanges contra las legiones romanas, todavía en formación. Los mercenarios en su izquierda habían rechazado también un contraataque romano de la infantería ligera. Sin embargo, la falange solo podía maximizar su potencia en terreno llano y a medida que avanzaba se fue rompiendo hasta llegar al campamento romano situado en las laderas del Oloacro.

Paulo aprovechó la oportunidad que se le ofrecía de penetrar por los huecos que presentaban las filas de las falanges con sus tropas y elefantes de guerra. La carnicería fue terrible. Se dice que produjeron la muerte a 20.000 hombres y que hicieron a otros 11.000 prisioneros. Los vencedores sufrieron unas pérdidas de 100 muertos y 400 heridos. Perseo huyó del campo de batalla con su caballería.

La batalla de Pidna puso fin a la Tercera Guerra Macedonia. También eliminó la amenaza macedonia que se cernía sobre Grecia. Los romanos desarmaron a los macedonios y persiguieron y ejecutaron o enviaron a Roma a aquellos que habían ayudado a Perseo. Además, Macedonia fue dividida en cuatro repúblicas que debían pagar un tributo. Perseo murió en la península italiana en cautividad. A cambio, Roma se quedó con Iliria y arrebató la flota a Rodas por haber ayudado a Perseo.

El triunfo de Emilio Paulo, Carle Vernet, 1789.

Viene de La batalla de Valmy (1792) – el comienzo del fin de los ejércitos dinásticos.

Sigue en La batalla de Naseby (1645) – El nacimiento del Ejército Nuevo Modelo

  1. Dani says:

    Es curioso que muchas de las guerras emprendidas por Roma tras la Segunda Guerra Púnica empezaran mal, como si hubiera escasez de buenos generales y que solo cuando las cosas se complicaban decidieran enviar a gente competente.

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