La batalla de los Campos Cataláunicos (también conocida como batalla de Châlons) en el verano del año 451 d.C. (probablemente en el mes de julio) acabó con la derrota de los hunos y su retirada de Europa occidental, lo que probablemente salvó la salvó.

Los hunos nómadas eran originarios de Asia y llegaron a Europa en sucesivas migraciones derrotando a los distintos pueblos que se tropezaron en su camino. Se sabe que cruzaron el río Don en el año 375 d.C., empujando hacia el oste a los alanos, a los godos y a otros pueblos. A principios del siglo V los hunos conquistaron todo el territorio situado al norte del río Danubio. También hicieron incursiones hacia el sur hasta Constantinopla. Después de perder un ejército en batalla contra ellos, el emperador del Imperio Romano de Oriente, Teodosio II, acordó pagar a los hunos un tributo anual en oro.

Rua, el primer gobernante reconocido entre los hunos murió en el año 433 d.C. y fue sucedido por sus dos sobrinos, Bleda y Atila. En el año 441 d.C., Atila llevó a cabo una gran incursión por Europa suroriental, donde saqueó campos y ciudades. Teodosio se vio obligado a incrementar su tributo anual a 2.100 libras de oro.

En el año 445 d.C., Atila asesinó a su hermano y asumió en liderazgo de los hunos en solitario. A continuación invadió la Galia y la península italiana. Europa occidental se encontraba desunida; lo que quedaba del Imperio Romano de Occidente, bajo el cetro de Valentiniano III se veía amenazado tanto por Genserico, rey de los vándalos en el norte de África, como de Teodorico, soberano de los visigodos, que controlaban el sur de la Galia.

Las relaciones de Genserico y Teorodico no pasaban por el mejor momento, ya que Genserico había repudiado su matrimonio con la hija de Teodorico. Los francos también estaban en discordia, con dos hijos del rey franco Clodio pugnando por el trono. Atila esperaba aprovecharse de esta coyuntura para acrecentar los enfrentamientos de estos grupos.

Empleando como excusa una apelación que le había hecho Honoria, hermana de Valentiniano, que le había pedido ayuda contra su hermano, Atila afirmó que ello había constituido una propuesta de matrimonio y que se le debía la mitad del Imperio Romano de Occidente como dote.

En la primavera del año 451 d.C., Atila, conocido en occidente como “el azote de Dios”, dirigió una fuerza de al menos 100.000 hunos y tropas aliadas de ostrogodos y de otros pueblos al otro lado del río Rin y se internó en la Galia. Los hunos cruzaron el río en un frente amplio en las cercanías de Estrasburgo, y continuaron hacia el oeste, devastando el campo y atacando y destruyendo cada ciudad que se encontraron. Luego giraron hacia el sur antes de llegar a París. De acuerdo con una creencia popular, la ciudad fue salvada por los rezos de una joven que motivó a la ciudadanía. La joven sería posteriormente canonizada por la iglesia como Santa Genoveva de París.

Atila dejó entonces atrás París y se dirigió a Orleáns, a la que puso sitio en mayo. Su gobernante, Sangiban, rey de los alanos, hizo saber a Atila que estaba dispuesto a rendir la ciudad. Al enterarse de ello, Aecio, comandante del ejército del Imperio Romano de Occidente, marchó con sus tropas hacia el norte. Para oponerse a Atila, Aecio contaba, quizá, con 50.000 mercenarios germanos. Trató también de forjar una alianza, aunque vaga, con los francos de Renania y con los visigodos de Aquitania.

Estas gentes no sentían un amor especial por los romanos, pero consideraban que su mayor peligro eran los hunos y estuvieron de acuerdo en unirse a Aecio en una coalición contra Atila. Sangiban, aunque a regañadientes, también se unió a la coalición contra los hunos.

Los hunos estaban a punto de tomar Orleáns cuando aparecieron las fuerzas coaligadas. Atila, cuyas fuerzas estaban muy dispersas, se retiró hacia el norte y envió órdenes a las distantes tropas de sus alas para que se reuniesen con el grueso del ejército. A continuación cruzó el Sena y dejó una fuerza para cubrir su retirada, pero Aecio destruyó a esta retaguardia en un ataque nocturno, infligiéndole supuestamente unas pérdidas de 15.000 bajas.

Sigue en La batalla de los Campos Cataláunicos (451 d.C.) – Aecio contra Atila (II)

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