La primera batalla de Mantinea es probablemente la primera batalla entre dos ejércitos de hoplitas de la que tengamos un testimonio detallado.

tuvo lugar durante la Guerra del Peloponeso, en la que las treguas y las alianzas se hacían y se rompían constantemente. En el año 421 aC se firmó la Paz de Nicias. Entre las cláusulas los atenienses y sus aliados por un lado, y los espartanos y sus aliados por el otro, se comprometieron a que estaría en vigor durante cincuenta años sin violarla ni infligir daños por tierra o por mar. Dos años más tade Argos invadió Epidauro, que era aliada de Esparta. El ejército espartano con su rey Agis II a la cabeza marchó contra Argos en su defensa. En el último momento los jefes de Argos solicitaron una tregua y Agis accedió, para disgusto de ambos ejércitos, que ya se veían vencedores.

Poco después los espartanos recibieron una petición urgente de ayuda de los tegeates, que estaban siendo hostigados por los mantinenses. Los tegeates amenazaron con que si no se les enviaba ayuda pronto se harían aliados de Argos. Esto compelió a los espartanos a enviar a su ejército a Tegea e invadir del territorio de Mantinea. Los argivos (de Argos), que apoyaban a Mantinea tomaron posiciones casi inexpugnables en las colinas. Este movimiento provocó que Agis desistiera de las hotilidades conra los mantinenses y volviera su atención de nuevo contra los argivos, que habían sido el enemigo principal de Esparta desde antiguo.

Sin embargo no podía enfrentarse a ellos donde estaban. Mediante una astuta estratagema comenzó a desviar los cursos de agua desde Tegea sobre el territorio mantinense, inundándolo y esperando que esto obligara al enemigo a bajar a la llanura. Los argivos bajaron y se desplegaron en formación de batalla sin que hubiera enemigo a la vista. Al mismo tiempo los espartanos regresaban de sus operaciones acuáticas cuando de repente, y para su gran asombro, se encontraron frente a un gran ejército dispuesto para la batalla.

La primera batalla de Mantinea fue la primera batalla campal entre dos ejércitos hoplitas de la que haya quedado registrado el detalle de las operaciones. La única fuente es Tucídides, que admite que no le es posible dar un número preciso de efectivos para ambos ejércitos. En el caso de los espartanos nos dice que la línea frontal estaba compuesta por 448 hombres y que de media formaban en ocho en profundidad, pero incluso excluyendo de estas cifras a los 600 esquiritas aliados, el total de efectivos parece que es demasiado bajo, especialmente al referir después dicho autor que «el ejécito espartano parecía el más grande».

En el lado de los argivos y sus aliados cita 1.000 atenienses y su propio contingente de 300 jinetes y 1.000 argivos «escogidos». Se trataba de hombres que habían sido entrenados a expensas del estado y seguramente el cuerpo de argivos era mucho mayor. Cuando se incluyen los mantinenses y demás aliados es generalmente aceptado que ese total debió de ascender hasta los 10.000 hombres.

Cuando los dos ejércitos estuvieron frente a frente, los argivos y sus aliados estaban ya dispuestos en formación de batalla; los espartanos, en cambio, fueron sorprendidos totalmente desprevenidos. Podría pensarse que bajo estas condiciones los aliados, avanzando lo más rápido posible, podrían aprovechado el desorden de los espartanos y haberles infligido una seria derrota. El que esto no suciediera refleja el alto grado de entrenamiento y organización de los espartanos. Como dice Tucídides: «solo tuvieron el tiempo mínimo para prepararse», pero cada hombre sabía cual era su lugar y las formaciones surgieron de inmediato.

A medida que los dos ejércitos se fueron aproximando el uno al otro experimentaron el habitual desvío a la derecha al buscar cada hombre la protección de su lado derecho desnudo del cuerpo con el escudo del hombre que tenía al lado. En consecuencia, los mantinenses del ala derecha aliada se extendieron a una distancia considerable más allá de los esquiritas, mientras que los espartanos y tegeates sobresalían de los atenienses por un margen aún mayor.

Sin embargo Agis pensó que los mantinenses se extendían demasiado más allá de su ala izquierda para su gusto y que había un riesgo considerable de que su ala fuera cercada. Para contrarrestar la amenaza ordenó que toda su ala izquierda (a los esquiritas y al contingente que tenían al lado) que se desplazaran más a la izquierda e igualaran las líneas. Esta maniobra dejó un hueco en la línea espartana entre el ala izquierda y el centro.

Agis ordenó entonces que dos polemarcas del ala derecha que llevaran a sus hombres a tapar el hueco. Aun con esta maniobra, Agis pensaba que seguiría manteniendo la superioridad numérica en su derecha. Pero los ejércitos ya estaban en marcha y los polemarcas se negaron a obedecer una orden que venía tan precipitada.

Su decisión hubiera sido probablemente correcta si hubieran formado parte de una milicia de ciudadanos probremente entrenada. Pero se trataba de un ejército espartano, uno de los más profesionales y entrenados de Grecia y en la que los comandantes eran plenamente capaces de asumir riesgos y tomar decisiones. Estos polemarcas serían acusados de desobediencia y más tarde sentenciados por cobardía a abandonar Esparta.

Agis reaccionó a la negativa de los polemarcas ordenando a su ala izquierda que se volviera a su posición original y enlazara con el centro para cerrar el hueco. Sin embargo el enemigo llegó primero. Los mantinenses cargaron contra los esquiritas que tenían enfrente y los rompieron mientras éstos estaban en plena maniobra cumpliendo las órdenes de Agis. El resto del ala derecha aliada, los arcadios y los argivos escogidos se abalanaron entonces por la brecha y comenzaron a envolver el ala enemiga. Muchos de sus integrantes cayeron abatidos y el resto fue obligado a retroceder hasta los mismos carros del bagaje.

Tras la batalla

Las cosas no parecían ir bien para los espartanos hasta que Agis cambió las tornas con un brillante contragolpe. Cargó contra el cuerpo principal de los argivos y los puso en fuga, y luego se revolvió hacia los atenienses, que estaban en el ala izquierda enemiga. Entonces los tegeates flanquearon el ala enemiga y entre éstos y los espartanos comenzaron a rodearlos. Los atenienses hubieran resultado totalmente destruidos si a Agis no se le hubiera ocurrido en ese momento volverse para ir en socorro de su acosada ala izquierda.

Los mantinenses y sus aliados habían estado ocupados acosando a los esquiritas y expulsándolos del campo de batalla cuando, viendo como cargaba Agis contra ellos, detuvieron la persecución y se dieron a la fuga. Entonces comenzaron a ser atacados por los espartanos en su flanco derecho desprotegido, resultando muertos gran cantidad de mantinenses. Esta pausa había quitado presión de los atenienses, que tuvieron tiempo de escapar.

Las pérdidas de los argivos y del bando aliado ascendieron a unos 1.100 hombres en total; para los espartanos y sus aliados parece ser que fueron de unos 300 hombres, aunque Tucídides no da certeza sobre la misma.

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  1. Alberto Devilor says:

    Buenas tardes Estimado Hugo A. Cañete, este post sobre la batalla de Mantinea me ha resultado muy didáctico y a la par entretenido, hace poco que visito esta página y he de felicitarles gratamente pues disfruto y espero con fruición cada nuevo post que publican. Siento especial predilección por aquellos que versan sobre la Segunda Guerra Mundial, aunque cuando publican alguno como éste, sobre batallas de la antigüedad no puedo más que leerlos y deleitarme con los detalles estratégicos que narran.

    Le mando mi mas sincera enhorabuena y espero seguir leyendo sus artículos periódicamente.

    Espero no le resulte molesto si me permito enlazar sus historias en la página web Menéame, no lo he hecho más que con dos o tres, pues podrían pensar que es spam, pero de verdad las enlazo con gusto para que otras personas puedan disfrutar tanto como yo de su lectura.

    Un saludo afectuoso desde Lima;

    Alberto.

  2. Hugo A Cañete says:

    Estimado Alberto, muchas gracias por tus palabras y encantados de que compartas enlaces de contenidos de este grupo de estudios, cuyo objetivo último es la difusión del conocimiento. ¡Bienvenido a bordo!

    Un saludo.

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