Desde antes incluso de su ascenso al poder, Hitler había imaginado un mundo dividido entre los británicos y los alemanes, en el que mientras los primeros dominarían un extenso imperio colonial, los segundos se alzarían con la hegemonía en Europa continental. Más adelante llegó incluso a plantearse la posibilidad de una alianza entre ambos países para enfrentarse a los Estados Unidos, pues en su imaginario geoestratégico, lo más probable era que la potencia americana acabara tratando de dominar el mundo en detrimento de sus hermanos anglosajones, demasiado débiles para resistirse sin la ayuda de Alemania.

El crucero ligero Leipzig, que había entrado en servicio en 1931, fue uno de los pocos buques de guerra construido durante la era de Weimar.

El Reino Unido, por otro lado, siempre había basado su política Europea en la necesidad de que ninguna potencia destacara sobre las demás, lo que iba radicalmente en contra de las intenciones hegemónicas alemanas, que si por entonces no eran conocidas con claridad, si se sospechaban; y por supuesto, las ilusiones diplomáticas hitlerianas no tenían receptores –o al menos no con peso político– al otro lado del Canal de la Mancha. Poco a poco Hitler empezó a darse cuenta de ello, y el tabú de una guerra naval contra Gran Bretaña empezó a disiparse, hasta el punto que en verano de 1937 los mandos superiores de la Kriegsmarine y de la Luftwaffe empezaron a reunirse para tratar la cuestión. Estas reuniones dieron un nuevo objetivo al programa de desarrollo naval alemán: ya no se trataría de la paridad con Francia, sino de poder luchar contra la Royal Navy.

El problema fue que, como ya hemos adelantado, a partir de 1937 Alemania se vio inmersa en una grave crisis, tanto económica como de mano de obra cualificada y de materias primas, y todos los proyectos empezaron a retrasarse. En marzo de 1937 el almirante Raeder entregó una lista en la que se veía que la construcción de grandes buques tenían un retraso medio de ocho meses, el portaaviones “A” un año, y los buques menores tenían un arco de demoras que iba de los 3 a los 22 meses, con una media superior al año. En agosto elaboraría una lista similar y no más halagüeña, mientras trataba de insistir a nivel político para que se asignaran más recursos a la construcción naval, cosa que finalmente consiguió en la conferencia del 5 de noviembre, donde Hitler decidió aumentar los suministros máximos de materias primas –sobre todo acero y cobre– de las 45 000 toneladas asignadas por entonces a la Kriegsmarine, a 74 000.

El poortaviones «A», en construcción. Aquí se pude ver la intensa actividad que reinaba en los astilleros.

Sin embargo, en lo que a la marina se refiere, la conferencia del 5 de noviembre tuvo una consecuencia mucho más importante: se llegó a la conclusión de que, a pesar de los muchos esfuerzos que se estaban haciendo en favor de la autarquía, Alemania siempre iba a depender de las importaciones ultramarinas, y dado que la marina británica estaba en posición de interrumpir el tráfico en caso de guerra, prepararse para combatirla pasaba a convertirse en una necesidad estratégica. En consecuencia, Raeder elaboró un nuevo programa de construcciones navales, mucho más ambicioso, que presentó el 21 de diciembre.

Otra imagen del poortaviones «A», el futuro Graf Zeppelin, antes de su botadura.

Llegados a este punto, es necesario volver a insistir en lo errático que estaba resultando el proceso de creación de la Kriegsmarine. No solo por la creación de tantos planes distintos con tantos objetivos diferentes a lo largo de los años, sino también por lo absurda que resultaba la asignación de recursos. Por ejemplo, las empresas de armamento (y de construcción naval) competían a menudo por los trabajadores cualificados, hasta el punto que el gobierno alemán acabó estableciendo salarios tope, para evitar que se los robaran unas a otras; sin embargo, fue incapaz de evitar que las diferentes instancias militares hicieran otro tanto con los recursos materiales. Volviendo a las 74 000 toneladas de materias primas mensuales conseguidas por Raeder, no deja de ser llamativo constatar que era más de lo que la marina podía emplear. En abril y mayo de 1938 solo consumirían 53 000, y en junio 71 000.

Hitler visitando el Bismarck, uno de los buques más poderosos de la Kriegsmarine. Pero en el punto en que está nuestra historia, aún quedaban años para esto.

Sin embargo, lo más llamativo de todo es que pasarían seis meses desde la reunión de noviembre antes de que el almirante Raeder se decidiera a hablar de la posible guerra con el Reino Unido planteada durante la misma. Como si combatir a la Royal Navy fuera una cosa sencilla que no necesitara la mayor cantidad de tiempo posible para su preparación. Hablaremos de ello en una próxima entrada.

  1. dani says:

    Los alemanes tienen fama de meticulosos, concienzudos y planificadores, pero a veces no les queda otro remedio que improvisar. Los planes eran irrealizables pero es que además la idea era la guerra como pronto en 1942 no en 1939. Pero con la economía en ese estado se necesitaban víctimas a las que saquear.

  2. Javier Veramendi B says:

    La tienen, mi estimado Dani, pero eso no significa que siempre lo sean. La Segunda Guerra Mundial nos da decenas de ejemplos en los que planificaron de forma poco meticulosa y concienzuda, partiendo de postulados completamente erróneos.

    Por otro lado, es importante puntualizar que uno de las razones por las que en torno a 1936-37 la economía alemana se hundió, fue que estaban intentando crear un sistema autárquico y completamente orientado hacia la guerra. Es decir, renunciar a las importaciones y exportaciones ultramarinas y tratar de establecer tratados comerciales con países cercanos, fundamentalmente en el sureste europeo; y orientar toda su economía a la producción bélica. Esto supuso, entre otras cosas, que acabaron quedándose sin divisas, tuvieron que tratar de intercambiar productos terminados por materias primas, pero habían dejado de producir muchos de ellos, y otros eran clasificados de uso militar, así que era difícil comerciar con ellos. En fin, es complejo, pero la economía del Reich se autofagocitó.

    Lo que si es cierto es que su única solución fue buscar víctimas que saquear. Pero eso era parte del plan desde el principio. La doctrina del «espacio vital» no se basaba tan solo en mandar colonos a establecerse en el este, era algo mucho más complejo.

    Opino.

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