Las campañas militares de Amílcar Barca – De la I Guerra Púnica a Isphanya

Acaba de publicar Ediciones Salamina un estudio sobre el líder militar cartaginés Amílcar Barca, padre de Aníbal. Su autor, Luis de la Luna, analiza a lo largo de sus páginas las tácticas militares y las operaciones del periodo a medida que narra grandes conflictos de la época, como la Primera Guerra Púnica, y otros menos conocidos aunque igualemente interesantes, como la Guerra Inexpiable y la campaña en la Península Ibérica (Isphanya).

Las campañas militares de Amílcar Barca – De la I Guerra Púnica a Iphanya. Luis de la Luna

Cuando se aborda la tarea de escribir sobre Cartago o los fenicios, bien sea para divulgar su civilización, su religión o su sociedad y, sobre todo, cuando se lee acerca de su historia y cultura es imprescindible eliminar de nuestra mente todos los prejuicios antipúnicos que han resultado de la feroz y negativa propaganda que, a lo largo de los siglos, tanto los autores griegos como los romanos, enemigos acérrimos y rivales comerciales de los cartagineses, fueron vertiendo contra aquellos y los fenicios a manera de «leyenda negra».

Tampoco nuestra objetividad queda al margen de la adversa influencia de la Biblia y sus libros del Antiguo Testamento dado que se ha visto vulnerada e influida por sus textos y comentarios; es decir, la divulgación acérrimamente contraria que también realizaron anteriormente los judíos contra los cananeos que, según el Antiguo Testamento, eran un cúmulo infinito de vicios, pecados, defectos, maldad idólatra… Si conseguimos abstraernos de «esa leyenda negra» la objetividad histórica nos permitirá apreciar, en toda su verdadera dimensión, la grandeza de la civilización púnica; siempre, eso sí, con sus luces y sus sombras.

Rescatar Cartago del olvido secular también es rememorar el imponente legado que esta cultura, mezcla moderada del helenismo y de lo cananeo, ha legado en la Historia de la humanidad. Y, en consecuencia, es recordar que Cartago fue una ciudad donde se elevaron los primeros rascacielos de Occidente porque se construyeron casas de hasta seis pisos por la escasez de suelo edificable y, todo hay que decirlo, por la especulación inmobiliaria.

Fue la urbe donde funcionó de manera estable y continuada una primera bolsa de comercio, muy rudimentaria eso sí, pero bolsa de cotizaciones a fin de cuentas dado que manejaba las actividades y evaluaciones de las sociedades mercantiles que se constituían para llevar a cabo lucrativas expediciones comerciales, a las que asistían primitivos bancos con afán de lucro; todo ello dentro de una cierta modernidad, para la época, y similitud con el funcionamiento de nuestro actual sistema financiero como las cartas de pago.

Tampoco hemos de olvidar que los navegantes cartagineses viajaron habitualmente hasta las Islas Británicas y las costas de Senegal, y sus comerciantes recorrieron, en caravanas, el Sahara hasta el Sudán y el centro mismo de África.

A todo lo anterior, los cartagineses en la cuenca mediterránea fueron los mejores agricultores y quienes explotaron de una manera intensiva, pero no exenta de calidad, los recursos agrícolas tales como los cereales, los viñedos, los frutales, los olivares… Y que sus tratados de agricultura, como el escrito por Magón, serían luego estudiados, copiados y adaptados por el mundo grecolatino.

Para los españoles que hemos cumplido unos años, además, la lectura y el estudio de los hechos notables de Cartago así como de los fenicios nos tiene que aportar el recuerdo de los años de pupitre escolar y lo que se estudió entonces, habida cuenta de que actualiza la memoria de la antigüedad española, de las ciudades que fundaron fenicios y cartagineses, entre ellas: Cádiz, Cartagena, Sevilla, Córdoba, Málaga…, y también aquellas que destruyeron tal como fue la inmortal Sagunto que «resucitó» con Roma. Su estudio hace, asimismo, rememorar la historia y la vida de los pueblos celtas, iberos y celtíberos que poblaban y habitaban la Península Ibérica, los cuales fueron sacados de su aislamiento cultural y geográfico por esta potencia norteafricana, además de por otras del ámbito mediterráneo.

Todo ello sin olvidar que el término España deriva del latino Hispania, que a su vez proviene, posiblemente porque no está demostrado pero hay autores que se inclinan por esta vía, del vocablo fenicio-cartaginés I–Sphan-ya, denominación que daban a España fenicios y cartagineses. Según algunos autores ese término significaba —tanto en hebreo como en fenicio—: «La costa o tierra del norte» que tiene lógica si nuestra vista se sitúa desde África, pues era la perspectiva geográfica que se vislumbraba desde la costa sur o africana de Túnez, Argelia y Marruecos, tierras en las que los cartagineses vivían y desde donde partían sus viajes. Otros autores opinan que era «La tierra de los conejos» (span es conejo) . En cualquier caso, los romanos transformaron la Isphanya de los púnicos en Hispania.

Todas las civilizaciones son o han sido el producto de una suma de factores culturales, medioambientales, históricos, geográficos, etc. Cartago como es natural también lo fue pero su conocimiento más notorio fue a través de los enfrentamientos bélicos que mantuvo con Roma, dado que fue el más enconado rival de los romanos en la época en la que despegaron éstos como potencia mediterránea. Dicho enfrentamiento bélico, que en realidad enmascaraba una guerra comercial y económica y de expansión influyente, posibilitó que Roma, tras su victoria, pudiera creer en sí misma como potencia internacional llamada a dominar el mundo mediterráneo, lo que provocó su transformación en un estado imperialista y global, su perpetuación temporal y su grandeza a lo largo de los siglos.

Roma, que territorialmente tan sólo era una modesta república militarista que apenas dominaba la mitad central de la Península Itálica, desde una ciudad-estado austera y sencilla, sin apenas influencia en el ámbito mediterráneo, aprendió de los cartagineses a navegar, a construir los mejores barcos y a comerciar a gran escala. También descubrió el Mediterráneo y la riqueza de Hispania, se adueñó del rico y fértil norte de África, de Sicilia, Córcega y Cerdeña, entró en contacto con la cultura de las naciones y pueblos del Mediterráneo oriental y Grecia, que influyó en su cultura y su desarrollo tanto como Cartago. En consecuencia, Roma se expansionó, creció y cambió de una manera impensable unos años atrás.

Estos beneficios tan notables no impidieron que Roma tuviera tanto miedo a Cartago y sufriera tan enormemente por culpa de Aníbal Barca, que su orgullo jamás perdonó tamaño terror y dolor. Por ello, durante las guerras púnicas, que enfrentaron a ambas potencias, Roma fue creando una leyenda negra que exageró enormemente los defectos de los cartagineses. De esta manera, incidió sobre su avaricia, su desmedido afán de lucro, su astucia y traición, sus sacrificios humanos de niños, sobre el fatalismo púnico… Y ridiculizó a estos en obras de teatro de Plauto —como en Poenulus— y de otros autores teatrales romanos.

Con todo lo bueno y lo malo que hizo y que tuvo, Cartago figura en un puesto destacado de honor entre las grandes civilizaciones del pasado, y el presente libro sobre las campañas militares de Amílcar, así como los que lo continuarán en las campañas de su hijo Aníbal, quieren ser un homenaje a estos intrépidos marinos y comerciantes que contribuyeron decisivamente en el cambio de la mentalidad del mundo mediterráneo ya que la transformó en atlántica también.

ÍNDICE:

Capítulo 1. Cartago. Kart Hadasht

Capítulo 2. El ejército cartaginés

Capítulo 3. Sicilia. El origen de un conflicto

Capítulo 4. Amílcar Barca en Kart Hadasht

Capítulo 5. Amílcar Barca en Sicilia

Capítulo 6. Amílcar Barca de nuevo en Kart Hadasht

Capítulo 7. Amílcar Barca en Isphanya

Las campañas militares de Amílcar Barca – De la I Guerra Púnica a Isphanya

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