El 6 de diciembre de 1941, después de una de las campañas más duras y espectaculares de la historia militar de todos los tiempos, la Wehrmacht se hallaba a las puertas de Moscú. Iniciada en junio, la lucha había sido muy dura; las fuerzas armadas alemanas habían sufrido bajas muy importantes, y el material de sus divisiones motorizadas y blindadas había sufrido un desgaste tan elevado que estas apenas tenían ya vehículos con los que marchar al combate.

En diciembre el frío se convirtió en el enemigo más tenaz de los soldados.

A cambio, el ejército rojo se había retirado miles de kilómetros, y había perdido millones de combatientes y decenas de miles de vehículos; mientras que el estado soviético había perdido importantísimas cuencas mineras y fabriles y enormes extensiones de territorio cultivable, así como toda la población que explotaba estos recursos. La situación era catastrófica.

El clima hubiera debido dar un respiro a ambos bandos, pues aquel invierno estaba siendo uno de los más fríos de la historia: <<muchos hombres murieron a causa de la congelación del ano cuando satisfacían sus necesidades fisiológicas>> escribirá el mismísimo Fritz Bayerlein; pero sin embargo, aquel mismo 6 de diciembre, justo el día antes del ataque japonés a Pearl Harbor, el ejército rojo desencadenó frente a Moscú la más increíble de las contraofensivas: 1.100.000 hombres, 1.700 carros de combate, 1.500 aviones… todos ellos provenientes del lejano oriente. ¿Cómo es posible que un paranoico como Stalin desguarneciera su frontera oriental antes del ataque japonés a Pearl Harbor y se arriesgara a desproteger su retaguardia ante los nipones? Una de las razones esgrimidas fue la información suministrada por Richard Sorge, el espía soviético en Tokio, según la cual Japón no iba a atacarla Unión Soviética. Sin embargo, cuando este había avisado de que los alemanes iban a invadir la Unión Soviética, nadie le había creído. ¿Es posible que su credibilidad hubiera subido tantos enteros? Estudios recientes indican que no y que en realidad la frontera oriental soviética nunca fue desguarnecida; ni un solo soldado salió de allí.

No es esta la única duda que ha sido planteada recientemente, pues también la extraordinaria resistencia de los soldados siberianos ha sido puesta en duda: <<he observado como las tropas siberianas de A.P.Belovodorov cruzaban un torrente helado, bajo unas temperaturas extremas y bajo el fuego enemigo. Para ello han sido utilizados todos los medios imaginables: pontones, puertas de madera, balsas de paja, lanchas neumáticas, en una palabra, cualquier cosa que pudiera flotar>> escribió Konstantin Rokossovsky. Son situaciones bastante increíbles ya que, por muy acostumbrados al frío que pudieran estar los soldados siberianos; biológicamente, lo que mata a unos por congelación durante la satisfacción de una breve necesidad fisiológica, necesariamente ha de afectar a los otros. Salvo que su biología sea distinta.

Un lanzacohetes Katyusha.

Esta es una de las claves desveladas recientemente por el General Volya Yidyot, del Servicio Histórico del Ejército Rojo, quien viene a indicar en un artículo publicado en el último número del Journal of Slavic Studies que en realidad estas tropas siberianas no eran tales, y que su origen no estaba precisamente en las fronteras orientales del país. <<Fueron descritos oficialmente como hombres de piel arrugada, ojos rasgados, bajos de estatura, con las piernas arqueadas y las bocas grandes, rasgos típicos orientales, pero lo que los documentos desclasificados no indican, y lo que jamás se dijo al público, es que eran de tez grisácea, cabezas protuberantes y, cuando los abrían del todo, ojos grandes. Otra cuestión singular es que nunca, ni tan siquiera sus oficiales, se quitaban los guantes; en cambio hay muchos testimonios de que su forma de hablar ruso era rara, con un fuerte acento>> escribe el General Yidyot.

¿Es posible entonces que entraran en juego fuerzas distintas a las soviéticas? ¿Qué una potencia hasta ahora no desvelada se decidiera a actuar de forma directa para derrotar al dictador alemán en su momento de gloria y evitar que se hiciera con el dominio del mundo? Esta cuestión tiene otros aspectos llamativos. Por ejemplo, las memorias de los soldados suelen describir los Órganos de Stalin -baterías múltiples de lanzacohetes conocidas también como Katyusha- indicando que se oía un sonido ascendente y luego un chirrido descendente, justo antes del impacto. Esto es lógico. Sin embargo las descripciones de este arma relacionadas con los combates de diciembre de 1941 en torno a Moscú mencionan sobre todo el chirrido descendente y la explosión, no el ascendente, lo que nos lleva a pensar que o bien los soviéticos habían obtenido un modo de despegue silencioso para sus cohetes, que luego por alguna razón descartaron, o bien aquellas salvas de cohetes fueron disparadas, por ejemplo, desde inmensas plataformas aéreas.

El General Guderian, cuyas memorias dejan muchas dudas en el aire.

Llegados a este punto y con tantas posibilidades abiertas, tal vez citar a alguien más conocido del gran público pueda servir para calmar un poco los ánimos. O tal vez no. La siguiente cita, que apenas ha sido analizada, ha sido extraída de <<Recuerdos de un Soldado>> de Heinz Guderian (Inédita, página 286), y reza textualmente: <<Ayer me visitó el Mariscal del Aire, Richthofen; tuvimos una larga conversación, sin testigos; teníamos el mismo parecer respecto a la situación de conjunto. Finalmente hablé con el General Schmidt, que conducía el ejército vecino de mi derecha. También coincidió conmigo en todo. Al menos no estaba solo con mis opiniones, aunque esto carecía de importancia, puesto que nadie las preguntaba…>> ¿De qué hablaron sin testigos Guderian y Richthofen? ¿En qué coincidían con Schmidt? ¿Es posible –incluso en la atmósfera viciada del Alto Mando Alemán- que nadie preguntara la opinión de un experto como Guderian? ¿Es posible que los tres supieran que se enfrentaban a un enemigo distinto y muy superior?

Esperemos que, para bien o para mal, estas incógnitas puedan ser resueltas dentro de poco.

  1. Gluntz says:

    Añadiría al «estupendo» artículo, que el tema del que hablaron Guderian y Ritchofen sin testigos, trataba sobre la base secreta alemana en la Antártida, que Hitler había construido un par de meses antes.

    Feliz día de los Inocentes!!! 🙂

    Saludos

  2. st john says:

    Muy buena, las plataformas elevadas cn katyushi es de nota, tened cuidado que en segun que sitios a esto le dan credibilidad rapido! Hehehehe, ah y los aliens cruzando los rios en esa epoca del año no tiene mucho merito, que pasaban hasta los camiones, sois unos grandes, un saludo!

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